martes, 6 de octubre de 2026

#317 / 4 de octubre de 2026/ Tesis: LOS QUE ESTAMOS EN CRISTO NO PODEMOS FOMENTAR LA QUEJA CRIOLLA QUE CONDUCE AL PESIMISMO COLECTIVO EN PUERTO RICO / Autoría: Juan Calo de Yom Teruah Ministries®, Puerto Rico



4 de octubre de 2026
#317

Tesis: LOS QUE ESTAMOS EN CRISTO NO PODEMOS FOMENTAR LA QUEJA CRIOLLA QUE CONDUCE AL PESIMISMO COLECTIVO EN PUERTO RICO

* Compartido en mi pagina de grupo en Facebook: Esto No Te Lo Enseñaron Los Evangélicos ⬅ (las letras en azul o grises lo van a dirigir directamente a la pagina)

La queja criolla tiene su origen en los más de 500 años de estatus colonial que ha atravesado la isla de Puerto Rico.

Para comprender su alcance, es necesario examinar primero la fusión entre el sistema religioso institucionalizado del cristianismo niceno y el poder político del Estado. Esta alianza comenzó con el Edicto de Tesalónica el 27 de febrero del 380, promulgado por los emperadores romanos Teodosio I, Graciano y Valentiniano II.

Los académicos cristianos trinitarios mienten al afirmar que dicho edicto buscaba prohibir la práctica del paganismo en el Imperio romano. La realidad es que su verdadero propósito fue prohibir todo culto cristiano —como el arrianismo— que no estuviera alineado con la doctrina católica de la Trinidad de Dios, la cual constituye una reinterpretación gentil de la naturaleza divina influenciada por el neoplatonismo griego.

Lo que ignora la mayoría de la cristiandad trinitaria, sin importar la denominación, es que la imposición del dogma trinitario niceno dio paso a la ruptura entre la Iglesia católica y el origen hebreo del cristianismo primitivo. De este modo, mientras Jesús dijo:

Mateo 26:51-52 (RVR1960)
Pero uno de los que estaban con Jesús, extendiendo la mano, sacó su espada, e hiriendo a un siervo del sumo sacerdote, le quitó la oreja. Entonces Jesús le dijo: Vuelve tu espada a su lugar; porque todos los que tomen espada, a espada perecerán.

El Edicto de Tesalónica (380) proclamó:
«Es evidente que esta es también la religión que profesa el pontífice Dámaso, y Pedro, obispo de Alejandría, hombre de apostólica santidad; esto es, que de acuerdo con la disciplina apostólica y la doctrina evangélica, debemos creer en la divinidad una del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo con igual majestad y bajo la noción de la Santa Trinidad.

Ordenamos que aquellas personas que siguen esta norma tomen el nombre de cristianos católicos. Sin embargo, el resto, a quienes consideramos dementes e insensatos, asumirán la infamia de los dogmas heréticos, sus lugares de reunión no obtendrán el nombre de iglesias y serán castigados primeramente por la venganza divina y, después, también por el justo castigo de nuestra propia iniciativa, en consonancia con el juicio divino».

Este edicto «pagano» decretó que todo aquel que profesara la doctrina de la Santa Trinidad debía autodenominarse cristiano católico.

A partir de ese momento, el cristianismo trinitario respaldado por el Estado asumió la potestad de ejecutar el «justo castigo» por iniciativa propia, además del juicio divino, en contra de todos aquellos que no estuvieran de acuerdo con dicho decreto.

Mientras Jesús advirtió:
Mateo 10:22 (RVR1960)
Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre; mas el que persevere hasta el fin, este será salvo.

Por el contrario, el sistema eclesiástico institucionalizado estableció por mandato que todo aquel que no confesara el dogma católico de la Trinidad —basado en la creencia de un Dios que existe en tres personas coiguales y coeternas, pero con distintos roles— sería considerado herético. Como consecuencia, quien negara la Trinidad se convertía en objeto de persecución y acusación.

Puerto Rico fue colonizado primeramente por el régimen español católico hasta finales del siglo XIX y, posteriormente, por el régimen estadounidense protestante evangélico hasta el día de hoy.

Siglos de dominio bajo regímenes autoritarios que han sometido a la población puertorriqueña han provocado una frustración colectiva, derivada del hecho de que las decisiones políticas y económicas cruciales se toman fuera del país.

A la par con los constantes ciclos de crisis y la profunda desconfianza hacia los partidos políticos tradicionales, los puertorriqueños han desarrollado un escudo cultural. Este consiste en presagiar lo peor que pueda suceder en la isla como mecanismo para evitar ser defraudados por el gobierno de turno, el cual responde primordialmente a los intereses de sus inversionistas electorales.

Este escudo cultural se manifiesta claramente en el desahogo criollo cotidiano. Es el tipo de conversación colectiva que surge, por ejemplo, mientras las personas esperan por las mañanas a que abran los supermercados o las oficinas de servicio, donde se resaltan las problemáticas del país bajo la firme convicción de que la situación habrá de empeorar.

Aprovechándose de esta queja criolla y del pesimismo colectivo, ciertos líderes sectarios que se identifican como evangélicos pentecostales han inculcado en el pensamiento supersticioso de la sociedad puertorriqueña una noción heredada del Edicto de Tesalónica: la idea de que la isla enfrentará un juicio divino debido a que la población se ha mostrado renuente a someterse a los diversos regímenes religiosos del país.

Ciertamente, el apóstol Pablo establece el mensaje del reino de los cielos fundamentándolo en la manifestación de la ira de Dios:

Romanos 1:18 (RVR1960)
Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad;

Este versículo establece la culpabilidad de cada ser humano ante un Dios santo que exige de su creación una obediencia perfecta.

Sin embargo, este tipo de pensamiento pesimista —basado en la expectativa de una hecatombe en la isla de Puerto Rico y adoptado por parte de la cristiandad local— se alinea perfectamente con el pesimismo cultural que permea a la sociedad puertorriqueña.
Así pues, el pensamiento pesimista de muchos cristianos nominales en la isla —quienes dan crédito a los montajes de falsos y falsas atalayas— no es más que un desahogo religioso. Esta actitud nace de la frustración y de un celo amargo ante la imposibilidad de imponer sus dogmas al resto de la sociedad.

En consecuencia, ven la idea de un desastre o hecatombe no como una tragedia, sino como un galardón divino para su comunidad, creyéndose justos por el solo hecho de defender su causa.

Por esta razón, la comunidad cristiana de la isla debe despojarse de toda frustración colectiva y cultural. El cristianismo genuino no consiste en defender un celo denominacional basado en los paradigmas que imponen los académicos religiosos, sino que es un asunto de vida o muerte: la necesidad imperiosa de justificación ante un Dios santo a quien hemos ofendido con nuestra incredulidad innata.

El problema del pecado del ser humano es, en esencia, un asunto de incredulidad. Quien muere desconfiando de que Cristo nos garantizó la vida eterna —sin que medie mérito alguno en la religión—, muere sin ser justificado.

Cada vez que cedemos al pecado, lo hacemos en abierta rebelión contra las disposiciones de la Palabra de Dios. Por lo tanto, tenemos la necesidad de arrepentirnos sinceramente, reconociendo: «No debí haber hecho tal cosa». A esto debe seguir, si es necesario, la enmienda de la falta si se cometió contra el prójimo, buscando en lo íntimo la gracia de Dios, quien en su infinita misericordia no se acuerda más de nuestras rebeliones.

La conciencia del cristiano debe estar plenamente al tanto de su propia inclinación pecaminosa, esa naturaleza que nos condena a la separación eterna. Debe comprender que la autojustificación religiosa y denominacional es la ruina del creyente, llevándolo a reconocer que nos resulta imposible agradar a Dios por méritos propios y que, por esta razón, solo podemos hallar pronto socorro mediante la fe en Cristo.

¡Cuántos cristianos en Puerto Rico se encuentran, sin saberlo, al borde de la sartén! Viven en una peligrosa indeterminación a causa de las ideas que les inculcan líderes religiosos, motivados por un celo denominacional que los empuja a desear que Dios castigue a la sociedad puertorriqueña con una hecatombe, solo porque se consideran justos a sí mismos, sentándose así en la silla de los escarnecedores.

En la silla de los escarnecedores se sientan quienes, en su soberbia, presumen ser los más aptos para agradar a Dios. Se consideran los «buenos de la película» y se atribuyen la autoridad de torcer la Palabra divina para decidir a quién ama Dios y quién merece sufrir un juicio catastrófico.

No somos merecedores, sino deudores de una salvación tan grande. Mientras líderes que se afirman pastores pierden el tiempo alineándose con políticos conservadores para imponer a la sociedad leyes punitivas —guiados por un celo religioso de tinte opresivo, al estilo del Edicto de Tesalónica del 380, que inevitablemente margina a las minorías en una democracia—, apartan al pueblo cristiano de la Gran Comisión, la cual ordena:

Marcos 16:15-18 (RVR1960)

Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado. Y estas señales seguirán a los que creen:
En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán.

¿Está la Iglesia cumpliendo con la Gran Comisión de, primero, conocer el evangelio fiel —basado en la salvación únicamente por la gracia de Dios, sin que medie el celo denominacional— para luego darlo a conocer a toda criatura?

En cambio, el sistema eclesiástico ha actuado en obediencia ciega a la lógica del Edicto de Tesalónica del 380, sometiendo al pueblo con la amenaza del castigo divino e imponiendo el criterio de una estructura que excomulga y declara apartados de la presencia de Dios a todos aquellos que no se amoldan a las reglas que impone el «dios concilio».

Debido a la manifestación de la gran apostasía —que no es más que una agenda en la cual el sistema religioso institucionalizado se rebela contra las disposiciones del evangelio del Reino de los Cielos para erigir sus propias basílicas evangélicas—, me afirmo en la doctrina del pacto de los testigos fieles en Cristo.

Esta sostiene que, cuando el sistema eclesiástico sea cortado, el SEÑOR utilizará otros medios para la evangelización de los pueblos (conforme a Apocalipsis 7, 11 y 14:6) y volverá su atención a las naciones de Israel y Judá.

Así cumplirá el juramento hecho a Abraham, Isaac y Jacob: reunir a todas las tribus y establecerlas en su tierra en paz durante el reinado milenial de Cristo.

Leamos, Jeremías 30:1-3 (RVR1960)
Palabra de Jehová que vino a Jeremías, diciendo: Así habló Jehová Dios de Israel, diciendo: Escríbete en un libro todas las palabras que te he hablado. Porque he aquí que vienen días, dice Jehová, en que haré volver a los cautivos de mi pueblo Israel y Judá, ha dicho Jehová, y los traeré a la tierra que di a sus padres, y la disfrutarán.

Ante todo esto, la pregunta inevitable es: ¿estás esperando la manifestación de una hecatombe como juicio divino para tu nación, impulsado por una mala fe religiosa que no proviene de Dios, sino del enemigo de nuestras almas?

O, por el contrario, motivado por el amor de Cristo, ¿estás proclamando la esperanza que tenemos en Él a todos los que anhelan la redención de nuestra tierra (conforme a Lucas 2:38), aun cuando no la veamos cumplirse en nuestro tiempo?

Lo cierto es que muchos grupos sectarios en la isla se aprovechan del pesimismo cultural de los puertorriqueños para ofrecer, como supuestas alternativas, estructuras de pensamiento basadas en una falsa autojustificación ante Dios. Estas se fundamentan en:

✔ Falsas profecías sobre catástrofes y juicios divinos contra Puerto Rico, acompañadas del engaño de que tales desgracias producirán un avivamiento colectivo.

✔ La ilusión de que la Iglesia traerá justicia social mediante la inserción activa de los cristianos en determinado partido político.

✔ La teología del dominio, la cual sostiene erróneamente que la Iglesia conquistará el sistema secular para establecer el Reino antes de la segunda venida de Cristo.

No faltan liderazgos inmaduros con espíritu jezabeliano que promuevan estas agendas anticristianas, ni faltan hombres al estilo de Acab que, con una marcada falta de liderazgo en sus hogares, permiten que sus familias se involucren en las diversas sectas que están devorando a Puerto Rico.

Y es que la apostasía no proviene del mundo, sino del propio sistema eclesiástico que se rebela contra las disposiciones del Reino de los Cielos.

Frente a esto, la verdadera esperanza del cristiano bíblico es que JESÚS, mediante su Santo Espíritu, nos conceda las fuerzas, la valentía y la paciencia necesarias para perseverar hasta llegar a su presencia, habiendo conducido a muchos a la fe y al conocimiento del Reino.

Un Reino donde la muerte y resurrección de Jesucristo nos capacita para participar de su naturaleza divina y disfrutar de la vida eterna como sacerdotes del santuario celestial.

Al examinar las raíces de nuestro devenir histórico, queda al descubierto que la «queja criolla» ha sido alimentada por una cultura de sometimiento que el sistema religioso ha sabido capitalizar.

El pesimismo colectivo que permea a la sociedad puertorriqueña no es un fenómeno fortuito, sino el resultado de siglos bajo regímenes autoritarios que acostumbraron al pueblo a ver su destino decidido desde afuera. Sin embargo, el mayor peligro actual no radica únicamente en la frustración política, sino en cómo el sistema eclesiástico institucionalizado ha instrumentalizado esa vulnerabilidad cultural.

Al sustituir la gracia del evangelio por el miedo a un juicio inminente y por un celo denominacional punitivo —heredado del Edicto de Tesalónica—, ciertos líderes han transformado la fe en una plataforma de dominio, manipulación y beneficio propio.
Frente a esta distorsión, el pueblo cristiano en Puerto Rico debe despojarse de la tentación de sentarse en la silla de los escarnecedores a desear la ruina de su propia tierra bajo una falsa premisa de justicia propia.

La respuesta bíblica no es el atrincheramiento en la hecatombe ni la politización de la fe, sino el retorno humilde a la Gran Comisión: proclamar la salvación por gracia, vivir en arrepentimiento sincero y perseverar como testigos fieles de Cristo.

Solo cuando la Iglesia abandone el celo sectario y abrace la esperanza verdadera, podrá ofrecer a nuestra nación una luz que no condene ni oprima, sino que transforme y redima.

Gracia y paz.

Autoría:
Apóstol Juan Calo
Yom Teruah Ministries®
La Caverna del Profeta®
Carolina, Puerto Rico
yomteruahministries@gmail.com
Ministerio De Educación Cristiana Y Apologética, (sin fines de lucro)
"Levantando el testimonio de JESUCRISTO"

lunes, 28 de septiembre de 2026

27/septiembre/2026 Autoría: Juan Calo de Yom Teruah Ministries, Puerto Rico ® #316 🖊️ ¿CUÁL ES EL CONCEPTO CORRECTO RELACIONADO CON EL TEMA DE LA LLENURA DEL ESPÍRITU SANTO?

 


27/septiembre/2026 Autoría: Juan Calo de Yom Teruah Ministries, Puerto Rico ®

#316

🖊️ ¿CUÁL ES EL CONCEPTO CORRECTO RELACIONADO CON EL TEMA DE LA LLENURA DEL ESPÍRITU SANTO?


Existe mucha especulación sobre el tema conocido como «el bautismo del Espíritu Santo». Tengo 52 años de edad y he estado relacionado con el movimiento de santidad wesleyano y el pentecostalismo criollo desde que tengo uso de razón. He escuchado tantas cosas sobre cómo opera el Espíritu de Dios en nuestras vidas que no hay un consenso definido sobre el tema.

En Puerto Rico, el sistema de salvación evangélico pentecostal ha practicado el semipelagianismo católico. Este consiste en la creencia de que el pecador escucha la predicación, ve la manifestación de milagros o pasa por un proceso de liberación por parte de un ministro que alega tener un «ministerio de liberación» (el cual no es bíblico) y el pecador alegadamente se convierte.

Pero ¿en qué se convierte? Se convierte motivado por alguna de las circunstancias antes mencionadas, haciendo alegadamente, un buen “uso” de su libre albedrío, dando a entender el hecho de que, no necesitó de la gracia de Dios para tomar la decisión de aceptar a Cristo.

Sin embargo, para este sistema de salvación, la persona a pesar de haber aceptado a Cristo, lo que se trata de un dogma sin sustento bíblico, aún no es salva hasta que se compromete a participar del bautismo por inmersión en las aguas, donde presuntamente viene a ser una nueva criatura por el hecho de que con el agua, se le “van” los demonios.

Pero aún no está a salvo, porque tiene que recibir el Espíritu Santo para hablar en lenguas y danzar en el Espíritu.

Pero con todo y eso aún no es salvo, porque tiene que mantener la salvación mediante el cumplimiento de los dogmas iglesieros, orando y ayunando.

Por lo tanto, el sistema evangélico pentecostal y carismático en la isla no es más que un purgatorio católico medieval, del cual los ministros competentes en un nuevo pacto, tienen el compromiso de liberar la conciencia del pueblo cristiano evangélico de semejante campo de concentración espiritual.

Antes de entrar de lleno en el tema, les tengo que recordar que, para entender el nuevo pacto, hay que conocer el antiguo pacto; solo así se puede interpretar de manera correcta el nuevo pacto.

El antiguo pacto no se trata de literatura cristiana, así como tampoco Jesús fue cristiano y mucho menos el fundador del cristianismo trinitario. Esta es una realidad histórica que solo puede ser comprendida a través del desarrollo de un pensamiento crítico.
Para hablar sobre el tema del Espíritu Santo, tenemos primero que entender, desde la perspectiva del antiguo pacto, ¿quién es Dios?

Juan 4:24 (RVR1960)
Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.

Hermanos, mientras que los seres humanos somos parte de la materia —por el hecho de que tenemos masa y ocupamos un lugar en el espacio—, Dios es de una naturaleza distinta.

Dios es Espíritu, como el viento, de manera que no forma parte de la materia que compone el universo. Por tal razón, Juan 1:18 nos dice que nadie jamás ha visto a Dios, sino que se dio a conocer habiéndose hecho semejante a los hombres en Emanuel, según Mateo 1:23.

A pesar de que Jesús de Nazaret fue criado en el estricto cumplimiento de la ley mosaica dentro de la religión de los judíos, nos enseñó la necesidad de tener un pensamiento crítico cuando juzgó la estructura religiosa de los fariseos al decir:

Marcos 7:13 (RVR1960)
invalidando la palabra de Dios con vuestra tradición que habéis transmitido. Y muchas cosas hacéis semejantes a estas.

Este pasaje se relaciona íntimamente con lo expuesto por Jesús en Mateo 23:1-36, donde denunció la religión de los fariseos desde adentro. Jesús señaló que los escribas y fariseos se sentaban en la cátedra de Moisés para dar sus propias interpretaciones de los pasajes de la Torá, exponiendo así la hipocresía de estos líderes que imponían cargas pesadas al pueblo, haciéndole imposible la entrada al reino de los cielos.

Permítanme explicarles que tanto la oración como el ayuno no son las mejores armas en contra de Satanás y sus demonios, según la tradición pentecostal criolla ha impuesto bajo la influencia de la herejía conocida como el Movimiento de la Lluvia Tardía de finales de los años 40.

Acudimos a la oración y al ayuno como ejercicios relacionados con actos de fe, con el fin de vaciarnos de nosotros mismos y hacernos nada delante de un Dios Santo por causa de nuestro ego —el cual se niega a morir—, para permitir que Jesús de Nazaret pueda llevar a cabo su obra apostólica por medio de nosotros.

El conocimiento pleno que tenía Jesús de Nazaret de los rudimentos de la religión de los judíos basados en la ley de Moisés y la tradicion de los ancianos, le permitió desarrollar un pensamiento crítico. Este lo facultó para denunciar a las autoridades del templo, quienes habían convertido la casa de Dios —el lugar a donde el pueblo de todas las naciones acudía a humillarse delante del único Dios verdadero— en una cueva de ladrones (Marcos 11:17).

De manera que un cristiano que desarrolla un pensamiento crítico suficiente como para discernir entre una doctrina bíblica y una mentira sustentada en tradiciones iglesieras, se convierte en un peligro para el reino de las tinieblas. Este reino opera por medio del engaño, el mismo que utilizan diversas denominaciones para ejercer dominio sobre la cristiandad cuando imponen: «Esto es en lo que vas a creer porque es bíblico», anulando toda posibilidad de cuestionamiento.

Y es que la manera más sutil con la que las instituciones religiosas esclavizan a sus miembros es negándoles el acceso al conocimiento fiel sobre las doctrinas relacionadas con la revelación del reino de los cielos, el cual fue el mensaje principal de Jesús en su ministerio terrenal.

Mientras que solo mencionó en dos ocasiones la palabra «iglesia» —proveniente del término griego ekklēsía—, la cual no se refiere a una estructura religiosa o edificio, sino a una asamblea o reunión de personas convocadas con un propósito específico.

Tenemos que comprender que los miembros, motivados por el amor ágape de Cristo, siempre van a sentir el anhelo de permanecer unidos al cuerpo de Cristo con el propósito de escudriñar la enseñanza bíblica, orar los unos por los otros y partir el pan en la mesa del Señor.

Los prosélitos afiliados a instituciones religiosas suelen decir que «la iglesia tiene que salir de las cuatro paredes», cuando en realidad la iglesia eres tú, que sales a la calle todos los días con la responsabilidad de despojarte de todo celo denominacional para permitir que el amor de Cristo se exprese a través de ti mediante un buen testimonio en tus relaciones interpersonales.

Por lo tanto, el propósito de cada cristiano no es convencer a las personas para que visiten la institución religiosa donde se congregan, sino anunciar la llegada del reino de los cielos. Se trata de explicar a los inconversos que Dios ha provisto la vida eterna para los hombres, quienes hoy estamos y mañana ya no.

Recibimos la vida eterna por medio de la fe en que Jesús murió como si hubiera sido el más grande pecador —a pesar de que jamás cometió pecado—, para que nosotros, siendo pecadores reos de culpa, pudiéramos ser justificados como si fuéramos los más santos.
Así, una vez que somos crucificados juntamente con Cristo para que nuestro ego sea exterminado, podemos recibir el aliento de vida de parte de Dios. Me refiero al Espíritu Santo resucitándonos de entre los muertos para experimentar una vida sacerdotal, la cual trasciende la experiencia terrenal.

Por lo tanto, damos gracias a Dios, quien es bueno, porque ya no tenemos la necesidad de continuar pagando la deuda de nuestro pecado mediante penitencias dentro del sistema iglesiero. Ya no necesitamos estar sometidos a una estructura religiosa engañados con la ilusión de que podemos agradar a Dios por nuestro propio desempeño en la religión.

Esta es una trampa fruto de la reflexión de los académicos evangélicos que promueven el semipelagianismo, afirmando que, después de ser salvo, hay que mantener la salvación mediante el esfuerzo en la religión.

Si no que, el evangelio del reino de los cielos lo que en realidad nos demanda es que nos esforcemos en el desempeño de operar mediante una vida sacerdotal.

¿Sabías que tanto los judíos como muchos cristianos no creen realmente que Dios mismo vino a salvarlos?

La nación de Israel esperaba —según su celo nacionalista y basándose en la idea de que eran el pueblo escogido por Dios de entre todas las naciones— a un ungido que naciera de la unión ordinaria de sus padres, siguiendo la descendencia del rey David.
Los judíos no esperaban que Dios mismo se despojara de su gloria para morar entre ellos como un varón sin mancha.

En su lugar, esperaban a un líder político que culminara con la diáspora de las tribus dispersas de Israel, quien reunificara el reino y le diera fin a la ocupación de los gentiles, estableciendo así el dominio de Israel por sobre todas las naciones.

Jesús fue entregado al gobierno de los gentiles por la simple razón de haber afirmado ser el Hijo de Dios, a pesar de que no existe ninguna disposición en la ley mosaica que prohíba a un judío hacer tal manifestación.

Sin embargo, para quienes habían sido elegidos por Dios desde antes de la fundación del mundo para salvación, Jesús se reveló a sí mismo como el único Dios del pueblo de Israel.

Juan 14:8-10 (RVR1960)
Felipe le dijo: «Señor, muéstranos el Padre, y nos basta». Jesús le dijo: «¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: "Muéstranos el Padre"? ¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras».

Por lo tanto, Jesús era un hombre de carne y hueso que se encontraba sujeto a las mismas debilidades de los hombres; sin embargo, se mantenía santo, unido a su estado de gloria al que llamaba Padre.

Juan 1:14 (RVR1960)
«Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad».

Nosotros, como cristianos, habitamos en un cuerpo de carne y hueso sujeto a pasiones. Sin embargo, Dios nos ha dado su aliento de vida, por lo cual venimos a ser conformados a la imagen de Jesucristo, quien nos devolvió al origen de todas las cosas.

Ya no vivimos guiados por nuestra propia voluntad —la cual se rebela en contra de Dios constantemente—, sino que vivimos sujetos en todo momento a buscar su gloria, así como Jesús se mantuvo sujeto a la gloria del Padre. Dios mismo nos enseñó a adorarle en espíritu y en verdad; y dado que Jesús perdonó pecados (según Mateo 9 y Lucas 7), reconocemos que solo Dios tiene la potestad de perdonar nuestros pecados.

Sin embargo, por causa de un académico considerado católico e influenciado por el paganismo, conocido como Tertuliano (160–220 d. C.), la mayoría de la cristiandad no cree que Jesús es quien se encuentra sentado en el trono de Dios.

En su lugar, han abrazado un concepto moldeado por la filosofía griega, el cual sostiene que Dios envió a su Hijo primogénito como la «segunda persona» de una triada —concepto conocido hoy como la Trinidad— a morir por los pecadores.

Tertuliano fue el primero en utilizar el término en latín trinitas para dar forma a esta doctrina. Él definió la naturaleza del Dios de Israel como un solo ser que existe en tres personas, sosteniendo que Jesús y el Espíritu Santo no eran de la misma sustancia del Padre, sino que estaban subordinados a Él. Al hacerlo, dejó a un lado la literatura judía (la Torá) y obvió el estricto concepto unicitario de la naturaleza de Dios, tal y como el propio Jesús —siendo judío— lo reafirmó:

Marcos 12:29 (RVR1960)
Jesús le respondió: «El primer mandamiento de todos es: Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es».

No podemos hablar del concepto del Espíritu Santo sin definir primero la naturaleza del Dios de Israel desde la perspectiva de la literatura judía.

Sabemos que el santo nombre de Dios se conoce como el tetragrámaton, compuesto por las cuatro letras hebreas YHWH, el cual se considera un nombre impronunciable.

Sin embargo, «Yahweh» es una pronunciación académica moderna en la que al tetragrámaton se le añadieron las vocales del hebreo original para hacer pronunciable el santo nombre de Dios.

Entonces, la definición del nombre «Yahweh» es "El que existe por sí mismo", aquel que no depende de nada ni de nadie para existir.

Por esta razón, resulta imposible sostener la Trinidad católica desde la perspectiva de la literatura judía, ya que Dios es infinito, no forma parte de la materia, no se encuentra confinado a un trono físico, no tiene necesidad de subordinados para ejecutar su voluntad, no está sujeto al tiempo y está presente en todas partes.

Así que es válido preguntar: si la Biblia enseña que «Dios es Espíritu» (Juan 4:24), pero los cristianos trinitarios afirman que el Espíritu Santo es la "tercera persona" de la Trinidad, entonces, ¿por cuántos espíritus está compuesto Dios?

Está claro que los cristianos gentiles de los primeros siglos rompieron con la influencia de los judíos mesiánicos dentro del cristianismo.

Una vez que el reino de las tinieblas centró su persecución en contra de los apóstoles y profetas, la iglesia primitiva cayó bajo el dominio de los obispos. Estos pasaron a ser conocidos en la tradición como los «padres de la iglesia»: académicos gentiles fuertemente influenciados por la filosofía griega.

Dichos líderes comenzaron a diseñar una religión alejada de la influencia del judaísmo. Para ello, iniciaron un proceso de reflexión teológica que duró más de 300 años, en el cual interpretaron la naturaleza del Dios de Israel a partir de declaraciones de Jesús como «Yo y el Padre uno somos» (Juan 10:30). Sin embargo, recurrieron a categorías de la filosofía griega para definir la relación entre el Padre y el Hijo, ignorando la estricta unicidad con la que se define la naturaleza de Dios en el Antiguo Testamento:

Isaías 45:5 (RVR1960)

«Yo soy Jehová, y ninguno más hay; no hay Dios fuera de mí. Yo te ceñiré, aunque tú no me conociste».

Fíjese en que el Espíritu Santo no es descrito en el Antiguo Testamento como una persona que forma parte de una Trinidad, consustancial y coeterna con el Padre —quien a menudo es ilustrado en la imaginería religiosa como un anciano sentado en un trono, semejante al dios Zeus de la mitología griega, junto a un Cristo y un Espíritu Santo en forma de paloma—. Al contrario, en el antiguo pacto, el Espíritu Santo era conocido como el Rúaj HaKodesh, término que significa «el Aliento de Dios».

Así, este aliento divino se ha mantenido activo desde la creación, cuando se movía sobre la faz de las aguas, y fue con este mismo aliento que Dios le dio vida a Adán.

Sin embargo, no debemos confundir el Aliento de Dios con las teofanías, las cuales eran manifestaciones visibles de la presencia misma de Dios, como en los siguientes casos:

✔️ La Shekina es un término rabínico utilizado para describir la manifestación visible de la gloria de Dios en el tabernáculo: una nube luminosa que indicaba que Yahweh moraba en medio de su pueblo.

✔️La zarza ardiente: La manifestación de la presencia de Dios cuando envió a Moisés a Egipto con un propósito especial y le reveló su santo nombre: «Yo Soy el que Soy».

✔️ La columna de nube y la columna de fuego: Manifestaciones que guiaban al pueblo hebreo en medio del desierto.

✔️La teofanía en forma de varón: Cuando Dios tomó forma humana y, acompañado de dos ángeles, visitó a Abraham.

✔️ Melquisedec, rey de Salem: Quien representa una prefiguración de Jesucristo, a quien Abraham dio el diezmo del botín de guerra siguiendo la costumbre de la región.

✔️ El monte Sinaí: Donde Yahweh descendió en medio de fuego, humo, fuertes truenos, relámpagos, el resonar del shofar y la comunicación directa con Moisés.

✔️ El ángel de Yahweh: Un enviado investido con la presencia misma de Dios y facultado para transmitir su voz directa.

✔️ Por otro lado, el Rúaj Ha Kodesh o Aliento de Dios es la manifestación activa del poder divino y de su influencia.

En el Antiguo Testamento, se posaba temporalmente sobre aquellos a quienes Dios había consagrado con un propósito específico —como los jueces de Israel y algunos reyes—, capacitándolos con fuerza, valentía y sabiduría para liderar al pueblo.

De igual manera operaba en los profetas, en quienes se manifestaba el Aliento de Dios para comunicar su voluntad, contener el pecado del pueblo y guiar al pueblo de vuelta a la adoración del Dios verdadero.

Por lo tanto, el Espíritu Santo no es una «tercera persona» de la Trinidad católica que posee a ciertos individuos de forma selectiva para convertirlos en una clase privilegiada de «ungidos», tal como ocurría bajo el antiguo pacto. Hoy opera de manera distinta en todo creyente:
Efesios 2:1 (RVR1960)
«Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados».

En el contexto del nuevo pacto, el pasaje de Efesios 2:1 nos recuerda que antes de la cruz estábamos muertos —no heridos— en nuestros delitos y pecados.

Al considerar la primera parte del verso, «Y él os dio vida a vosotros», comprendemos que la llamada llenura o bautismo del Espíritu Santo consiste, en realidad, en que Dios nos ha impartido su Aliento de Vida, tal como lo hizo con Adán. De esta forma, tras la obra de la cruz, somos resucitados como una nueva creación en Cristo.

Por lo tanto, recibir el Aliento de Dios va mucho más allá de hablar en lenguas, de mujeres saltando y agitando el cabello, o de manifestaciones como supuestas liberaciones y sanidades atribuidas a la imposición de manos de los «ungidos».

El profeta Joel anunció que, en un tiempo futuro, Dios derramaría su aliento de vida sobre toda carne (Joel 2:28). Dicha promesa se cumplió el día de Pentecostés entre los judíos (Hechos 2), y posteriormente se extendió cuando Pedro fue enviado a la casa del centurión romano Cornelio.

Por medio de la predicación de Pedro, tanto Cornelio como los gentiles que se encontraban allí recibieron el aliento de vida y el don del Espíritu Santo (Hechos 10:44-48). Esto marcó el inicio de la operación de la iglesia apostólica de Cristo, fundada sobre la proclamación del mensaje del reino de los cielos para todas las naciones, cumpliendo así la promesa hecha por Dios a Abraham en Génesis 12:3.

Hechos 10:44-48 (RVR1960)
«Mientras aún hablaba Pedro estas palabras, el Espíritu Santo cayó sobre todos los que oían el discurso. Y los fieles de la circuncisión que habían venido con Pedro se quedaron atónitos de que también sobre los gentiles se derramase el don del Espíritu Santo. Porque los oían que hablaban en lenguas, y que magnificaban a Dios. Entonces respondió Pedro: ¿Puede acaso alguno impedir el agua, para que no sean bautizados estos que han recibido el Espíritu Santo también como nosotros? Y mandó bautizarles en el nombre del Señor Jesús. Entonces le rogaron que se quedase por algunos días».

La razón por la cual en Puerto Rico se encuentra retenida la manifestación de los diversos dones dados a la comunidad de creyentes en Cristo es la influencia de pastores caídos, quienes se impusieron durante décadas sobre un pueblo que carecía de capacitación teológica.

Estos líderes, mediante la práctica de la doctrina de los nicolaítas —el control despótico sobre el pueblo, el cual el Señor aborrece según Apocalipsis 2:6 y 2:15—, impusieron un modelo sacerdotal propio del antiguo pacto. Con ello alegaron que el Espíritu Santo solo se manifiesta en los supuestos «ungidos» de Dios, a quienes las teolocas y la cultura pentecostal, beatifican llamándolos simplemente «siervos».

Los pastorados caídos han privado a la comunidad evangélica pentecostal —donde muchos creyentes se ven forzados a fingir en los cultos, para que la congregación estime que tienen al Espíritu Santo — no sólo les han privado de una verdadera capacitación teológica, sino también de recibir el aliento de vida de Dios.

La capacitación teológica la cual es impartida en un discipulado, es indispensable para que la comunidad de creyentes sean instruidos en los fundamentos del evangelio fiel, de modo que puedan proclamar la necesidad que tiene el pecador de ser justificado ante Aquel que está sentado en el trono.

De manera que, el evangelio del reino de los cielos, no se trata de convencer a las personas con una predicación persuasiva, sino que estén conscientes de la necesidad de ser justificados por Dios por medio del arrepentimiento de obras muertas en el caso de los religiosos y de haber rechazado el mensaje del evangelio fiel en el caso de los inconversos.

Así, el creyente es facultado para manifestar el reino de los cielos en la tierra y ejercer una función sacerdotal dondequiera que se encuentre, estableciendo la verdadera adoración a Jesucristo: en espíritu y en verdad.

Tengo la fe de que, algún día, el pueblo cristiano en Puerto Rico recibirá ese aliento de vida de parte de Dios, para salir del letargo y cautiverio espiritual en el que lo han sumido pastorados caídos, afanados con la única idea de gobernar sobre sus propias basílicas.
Confío en que ocurra lo mismo que en los tiempos de aquellos ministros que impulsaron los avivamientos históricos al margen del sistema institucional que olvidó al pueblo secular: hombres de la talla de George Whitefield, John Wesley, Jonathan Edwards y David Brainerd.

No le he pedido al Señor fama, riquezas, ni un templo ostentoso donde se reúna una multitud bulliciosa para alardear de una supuesta capacidad apostólica en la multiplicación de miembros, lo cual no es más que una vanidad propia de gente descarriada.

En cambio, le pido —tal como el Señor le prometió al anciano Simeón, quien esperaba la redención de Israel— que no me deje morir sin antes ver en Puerto Rico, a un pueblo cristiano espiritualmente maduro; un pueblo que rechace el culto voluntario que realizan los domingos, para luego salir de lculto para ir a los restaurantes a jartarse, sin mirar la necesidad ajena.

Para que el pueblo venga a dejar de expresarse enfocados en lo que pueden lograr en lo temporal, para que vengan a ser trasladados a expresarse en términos eternos, manifestando la naturaleza de Jesucristo mediante el fruto del Espíritu Santo.

Deseo ver a los cristianos como buenos ciudadanos quienes, dejen la mala fe de señalar, de insultar, de difamar, fomentando una cadena de odio en contra del prójimo detrás de una computadora, a fin de agradar a un o una lideres sectaria quien padece de falta de atención, para que con su testimonio basado en la manifestación del aliento con el cual Jesús nos dio vida, motiven a otros, para que puedan encontrar el buen camino que Cristo Jesus abrió para que pudiéramos alcanzar la vida eterna.

Hebreos 10:20 (NTV)
«Por su muerte, Jesús abrió un nuevo camino —un camino que da vida— a través de la cortina al Lugar Santísimo».

Por lo tanto, la esencia de recibir el Espíritu Santo radica en la necesidad del pecador —quien es un ser meramente animado por el alma, quien carente de espíritu— de llegar al arrepentimiento tras haber vivido ignorando los mandamientos de Jesucristo.

Así, al ser crucificado y sepultado juntamente con Cristo, el pecador viene resucitar al recibir el aliento de vida de parte de De Jesús el dador de la vida, de manera que, esta nueva creación queda sellada para siempre, haciéndose participante de un pacto de gracia perpetuo. Amén.

Gracia y paz.

Autoría:
Apóstol Juan Calo
Yom Teruah Ministries®
Carolina, Puerto Rico
📨 yomteruahministries@gmail.com
Ministerio De Educación Cristiana Y Apologética, (sin fines de lucro)
"Levantando el testimonio de JESUCRISTO"

#315 22/septiembre/2026 Tema: Cómo la cristiandad ha cambiado el gozo de la salvación por un sentido de seguridad religiosa y la autosuperación, según el consejo de los hombres /Autoría: Juan Calo de Yom Teruah Ministries, Puerto Rico)


 

22 de septiembre de 2026
#315


Cómo la cristiandad ha cambiado el gozo de la salvación por un sentido de seguridad religiosa y la autosuperación, según el consejo de los hombres 

➡ Publicado en Facebook la pagina de grupo: Esto No Te Lo Enseñaron Los Evangélicos (las letras en azul o grises te llevarán a la pagina)

No cabe duda de que la humanidad se encuentra viviendo en tiempos decisivos, y no me refiero exclusivamente al fracaso político que está afrontando el actual gobierno de los Estados Unidos.

Además de los desastres naturales que están ocurriendo a nivel mundial, destacan las guerras absurdas iniciadas por líderes políticos para saciar sus ansias de poder, la trata humana y la desigualdad social en la que a muchos les fascina vivir, con tal de sentirse por encima de los demás.

Sin embargo, la peor tragedia que afronta esta última generación es el amor por la mentira y por toda la desinformación que se propaga en las redes sociales como los tentáculos de un pulpo. 

En este entorno, las personas que carecen de capacidad para desarrollar un pensamiento crítico escogen las falsedades en las que deciden creer, para terminar refugiándose en el negacionismo, un verdadero acto de irresponsabilidad social.

He tenido la experiencia de encontrar la mentira aun en los hábitos del cristianismo pseudoespiritual, un culto que aparenta ser el más espiritual. Esto me ha llevado a reflexionar sobre la serpiente antigua, a la cual la cristiandad por costumbre asemeja con un reptil, cuando en realidad debió ser un ser de luz, según lo describe 2 Corintios 11:14.

Recuerdo que hace muchos años nos invitaron a un culto de oración en una pequeña cabaña con suelo de tierra. Allí asistían los miembros más devotos de esa congregación, la mayoría de personas de avanzada edad. Aun sin conocernos, nos ungieron para el ministerio al cual el SEÑOR nos envió.

Pero noté el hecho de que, en el lugar donde estaba ubicada la pequeña cabaña, había dos casas de madera pertenecientes a los hijos del pastor, quienes ni siquiera forman parte de la congregación. Luego de que culminó la reunión de oración, escuché al pastor decirle a uno de los caballeros que tenían que mantener limpio el patio de todo ese lugar —incluyendo los de las casas de sus hijos—, alegando que se trataba de un lugar santo.

Mira, cuando comenzamos con el ministerio, nos encontrábamos en la misma situación que el pueblo de Israel en el tiempo del libro de los Jueces: teníamos buenas intenciones al hacer las cosas, pero las hacíamos sin conocimiento teológico.
De manera que el SEÑOR nos envió a visitar congregaciones que aparentaban ser las más espirituales. No fuimos en calidad de profetas, sino como simples visitantes, ya que en aquel momento no contábamos con el conocimiento teológico que tenemos hoy en día.

De una forma u otra, fuimos edificados en estas congregaciones a nivel emocional durante la transición de renunciar a nuestro trabajo en la Policía de Puerto Rico. Por esa razón, queríamos convencernos de que lo que se manifestaba allí era verdad, ya que al ser humano le gusta refugiarse en este tipo de culto carismático. Es precisamente por este motivo que existen las mega iglesias carismáticas.

Sin embargo, el Espíritu Santo le revelaba la mentira a mi esposa, la profetisa María Izabel Mestre, quien fue consagrada como profeta para denunciar a pastores caídos. Ella actuó valientemente, sin importar las represalias que la mafia de estos líderes tomaran en su contra.

Incluso lo siguen haciendo de forma encubierta en las redes sociales. Allí, personas que dicen ser cristianas, pero están descarriadas, buscan profetas que les ministren como si fuera un horóscopo. Se dejan influenciar por quienes alegan ser los más espirituales, pero que con sus actos de maldad y egoísmo demuestran que no tienen el fruto del Espíritu Santo.

Debemos que los académicos cristianos concluyeron y se pusieron de acuerdo en establecer que la rebelión del arcángel Lucero consistió en conspirar para usurpar el trono de Dios. Sin embargo, lo que Lucero en realidad codició fue ser semejante a Dios, tal como Dios tenía planeado crear al hombre: a su imagen y semejanza, un atributo con el que no cuentan los ángeles del cielo.

Por tal razón entendemos que Dios no está centrado en el hombre —como hacen pensar los evangélicos al decir que JESÚS lloró en la cruz para que la humanidad lo “aceptara” —, sino que Dios está centrado en su propia gloria. 

Por eso permitió una disputa cósmica con el reino de las tinieblas y de las mentiras, para que toda la creación fuera testigo de la victoria del Cordero inmolado desde antes de la fundación del mundo, quien está sentado en el trono, por medio del mensaje de la cruz.

La Biblia nos enseña en:

Hebreos 4:12 (RVR1960)
Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.

Hermanos, tenemos que entender que mientras tengamos el compendio de libros judeocristianos que conocemos como la Biblia en nuestros hogares como si fuera un talismán protector, o como un libro que el culto al que asistimos nos exige tener por puro legalismo, la Biblia pasa a ser tratada simplemente como cualquier otra colección de libros seculares escritos sin inspiración divina.

Sin embargo, el poder de la palabra de Dios —que el autor del libro de Hebreos describe como una espada corta de dos filos utilizada por los soldados romanos en el combate cuerpo a cuerpo para causar la muerte de sus oponentes— se manifiesta únicamente cuando se predica y se enseña el mensaje de la cruz del Calvario. 

Solo a través de este mensaje el pecador, e incluso los cristianos descarriados, pueden ser justificados ante Aquel que está sentado en el trono de Dios.

Les cuento que, hace años, cuando me congregaba por costumbre en una institución religiosa local del movimiento wesleyano de la santidad, vi cómo comenzaron a cambiar. Basándose en el criterio de los académicos del concilio, hicieron ver el mensaje de la cruz como si fuera legalismo, para en su lugar articular mensajes motivacionales destinados a atraer a la gente.

Antes del año 2000, se hacía un llamado a la santidad, aunque de forma legalista. Se basaba en la idea de que la santidad consistía en cumplir normas eclesiásticas impuestas por los pastores, argumentando que sin ellas nadie podía ser salvo. Esto refleja una mala interpretación de Hebreos 12:14, pasaje que nos exhorta a vivir en santidad y que pretendo explicar a continuación:

Si bien es cierto que dicho pasaje afirma que sin santidad nadie verá al SEÑOR, esto se refiere a que la ley expresa la voluntad de Dios, la cual es santa, perfecta, buena y agradable (Romanos 12:2). 

Sin embargo, nosotros no somos buenos, sino que estamos vendidos al pecado, como declaró el apóstol Pablo en Romanos 7:14.

Como Dios mismo declaró en Génesis 8:21, la intención del corazón del hombre es mala desde su juventud. Por tal razón, en su sabiduría, Dios preservó una simiente de la cual vendría Aquel que era el único capaz de vencer al reino de las tinieblas. 

Su propósito fue establecer la luz en un mundo oscurecido y santificar a los elegidos para salvación desde antes de la fundación del mundo, para que fuéramos testigos fieles de quien nos resucitó de entre los muertos para vida eterna.

La santidad bíblica es el poder del Espíritu Santo que nos capacita para actuar según la fe apostólica —la misma que llevó a Pedro a confesar que Jesús es el Cristo, el Hijo del Dios viviente (Mateo 16:16)—. Por lo tanto, la santidad no consiste en el cumplimiento de normas eclesiásticas humanas, las cuales carecen de poder para perfeccionar a nadie (Gálatas 4:9) y solo sirven para fomentar un celo denominacional que mantiene en pie a las instituciones religiosas.

De manera que las personas convencidas de participar activamente en un culto voluntario entran a un sistema donde esperan que el evangelio les arregle la vida. Exigen una fe fácil y exenta de problemas, por lo que la mayoría de la cristiandad ve el evangelio simplemente como un recurso que, según la capacidad del prosélito, sirve para alcanzar metas personales.

Sin embargo, para quienes realmente llegan a comprender el evangelio por revelación del Espíritu Santo, la realidad es muy distinta. Aunque es la proclamación de la llegada del Rey de reyes y de la vida eterna en el paraíso de Cristo, en lo terrenal el evangelio representa para el creyente un "mal augurio". Y es que al participar del bautismo por inmersión, este acto de fe se convierte en una abierta declaración de guerra contra el reino de las tinieblas, tal como lo advirtió Jesús:

Juan 15:18-19 (RVR1960) 
Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me ha aborrecido antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece.

Usted tiene que entender que la humanidad aborrece lo que verdaderamente implica creer en Cristo: abandonar el «yo», el egocentrismo y la satisfacción de los deseos de la carne, los cuales forman parte del instinto de la naturaleza caída del hombre.

Vemos esto cuando un cantante de música urbana declara en medio de un concierto que “aceptó” a Jesucristo; de inmediato la multitud aplaude y se torna eufórica en apoyo a la declaración del ídolo de la farándula.

Sin embargo, esos mismos fanáticos afirman que su ídolo tomó la mejor decisión de su vida y que hay que ser muy valiente para renunciar a millones por Cristo. Expresan semejantes disparates sin conocimiento teológico, movidos por el sentir tradicional de Puerto Rico según el cual el 95% de la población cree en la existencia de Dios. No obstante, los hábitos terrenales de los inconversos y el celo denominacional de los religiosos demuestran que, en realidad, aborrecen a Cristo.

Cuando el mundo y sus instituciones aprueban las cosas de la iglesia, debemos entender que algo está profundamente mal.
De manera que la cristiandad moderna se ve atraída por personajes convertidos en celebridades. Ellos han pasado a ser modelos de la autorrealización del hombre occidental, pretendiendo tener la potestad de manejar ciertas potencias espirituales a su favor y en beneficio del pueblo laico.

A esto se suma la costumbre occidental de medir la presencia de Dios en la vida de un ministro a través de sus logros personales, la acumulación de bienes materiales o la capacidad de levantar una congregación. Mientras tanto, la mayoría de la población cristiana desconoce el tema central de la Biblia: la urgente necesidad de la justificación.

No cabe duda de que el pueblo cristiano, en lugar de expresar el gozo de la salvación, está practicando un culto voluntario basado en los deseos de su propio corazón. Ponen todos sus esfuerzos en crear una falsa expectativa de seguridad, fomentando sobre todo un individualismo guiado por la idea de que le sirven a Dios por el mero hecho de asistir a un culto, al cual ven como la clave para obtener bendiciones, cuando ni siquiera invitan a nadie a participar en sus actividades locales.

El pueblo cristiano puertorriqueño no puede reflejar el verdadero gozo de la salvación en la cultura popular porque desconoce esa experiencia real. 

Una salvación genuina nace al ser confrontados por la terrible realidad del pecado en nuestras vidas, una realidad tan grave que Dios, por pura misericordia, desvió la maldición del pecado —que conllevaba la muerte inmediata de Adán y Eva— hacia la tierra, según Génesis 3:17.

No cabe duda de que el pueblo cristiano, en lugar de expresar el gozo de la salvación, está practicando un culto voluntario basado en la lascivia de sus corazones. Ponen todos sus esfuerzos en crear una falsa expectativa de seguridad, fomentando sobre todo un individualismo guiado por la idea de que le sirven a Dios por el mero hecho de asistir a un culto, al cual ven como la clave para obtener la bendición de Dios en sus vidas, cuando ni siquiera invitan a nadie a participar en sus actividades locales.

El pueblo cristiano puertorriqueño no puede reflejar el verdadero gozo de la salvación en la cultura popular porque desconoce esa experiencia real. Una salvación genuina nace al ser confrontados por la terrible realidad del pecado en nuestras vidas, una realidad tan grave que Dios, por pura misericordia, desvió la maldición del pecado —que conllevaba la muerte inmediata de Adán y Eva— hacia la tierra, según Génesis 3:17.

El tormento del infierno no se trata de Satanás y sus demonios torturando a las almas —siendo este el concepto del infierno católico influenciado por La Divina Comedia del escritor italiano Dante Alighieri (1265-1321)—, el cual pasó a formar parte de la superstición católica y continuó arraigado en la tradición evangélica protestante.

Sin embargo, la verdadera realidad del infierno es estar expuesto eternamente a la santidad de Aquel que está sentado en el trono, quien es fuego consumidor y ante cuya presencia el pecado queda totalmente al descubierto, separando al hombre de Dios.

Apocalipsis 1:17 (RVR1960)
Cuando le vi, caí como muerto a sus pies. Y él puso su diestra sobre mí, diciéndome: No temas; yo soy el primero y el último;

Alguien que no ha sido expuesto a los tormentos del infierno al ser confrontado con la santidad de Cristo, definitivamente no puede experimentar el gozo de la salvación.

Saulo de Tarso fue expuesto ante la santidad de Aquel que está sentado en el trono de Dios. Experimentó la verdadera realidad del infierno cuando el SEÑOR le reveló su propia conciencia de pecado, una impresión tan profunda que incluso lo dejó ciego temporalmente. Luego, mediante la intercesión del siervo fiel Ananías, no solo recobró la vista, sino que experimentó el gozo de la salvación por la gracia de Dios.

Esta experiencia transformó la vida de Saulo para siempre. Al ser confrontado con la santidad divina, sintió el horror del infierno —que no es más que la propia conciencia acusándolo constantemente— y luego recibió el pronto auxilio de la gracia. El cambio fue tan radical que no quedó rastro de su antigua vida, al punto de comenzar a utilizar su nombre romano, Pablo, cuando fue enviado a predicar a los gentiles.

Saulo de Tarso era candidato para ser el principal rabino de Israel. Sin embargo, una vez que experimentó el gozo de la salvación, perdió todo su estatus social y pasó a ser perseguido por sus propios hermanos por causa del testimonio de Jesucristo.

El gozo de la salvación no se basa en el concepto humano de que el evangelio viene a arreglarnos la vida con la excusa de que «antes hacías cosas malas y ahora no». 

El verdadero evangelio viene a borrar todo rastro de tu antigua vida. Por causa de ese testimonio que el mundo aborrece, el creyente experimenta una muerte social e incluso llega a ser perseguido por el mismo sistema eclesiástico que se opone a la predicación de la cruz —esa predicación que exige la renuncia al yo, al egocentrismo y a la vanagloria de los hombres—.

Por medio del gozo de la salvación, el verdadero cristiano llega a ser uno en Cristo JESÚS. Y si por el mensaje de la cruz somos uno con Él, también nos toca participar de sus padecimientos, caminando por los mismos desiertos por los que anduvo nuestro SEÑOR.

Santiago 1:2-4 (RVR1960) 
Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna.

A pesar de los padecimientos que pueda experimentar un verdadero creyente —quien, al igual que Pablo, ha recibido la palabra fiel del nuevo pacto—, nuestra vida se fundamenta en la revelación del reino de los cielos que nos trajo nuestro SEÑOR Jesucristo.

Como ministros competentes de este nuevo pacto, debemos entender que JESÚS ha provisto los medios de la gracia, no solo para el tiempo presente, sino para la eternidad. A esa eternidad nos está preparando precisamente a través de las diversas pruebas, las cuales nos llevan a anhelar estar para siempre en la presencia de Cristo. Solo debemos tener paciencia, sin la cual es imposible sostener la fe.

Apocalipsis 22:20 (RVR1960) 
El que da testimonio de estas cosas dice: Ciertamente vengo en breve. Amén; sí, ven, Señor Jesús.

El verdadero gozo de la salvación no nace de una vida terrenal exenta de conflictos, ni de la aprobación de una sociedad que aborrece la cruz, ni del cumplimiento de ritos religiosos diseñados para calmar la conciencia. 

El verdadero gozo florece en el corazón de aquel que, habiendo sido confrontado con la abrumadora santidad de Dios y sabiéndose merecedor de la condenación, ha sido alcanzado por la gracia inmerecida del Redentor.

Quien ha experimentado esta transformación no busca un evangelio a la medida de sus ambiciones personales, ni teme la persecución o el rechazo del sistema religioso. Sabe que su ciudadanía está en los cielos y que cada prueba en el desierto presente solo perfecciona su fe y acelera su anhelo por la eternidad. 

Que la iglesia de hoy despierte del engaño de la autorrealización, abrace nuevamente el mensaje de la cruz y mantenga la mirada fija en Aquel que prometió regresar: «Ciertamente vengo en breve. Amén; sí, ven, Señor Jesús».

Autoría:
Apóstol Juan Calo 
Yom Teruah Ministries®
Carolina, Puerto Rico
yomteruahministries@gmail.com
Ministerio De Educación Cristiana Y Apologética, (sin fines de lucro)
"Levantando el testimonio de JESUCRISTO"