lunes, 19 de octubre de 2026

5 de octubre de 2026 #319 Autoría: Juan Calo de Yom Teruah Ministries®

 



5 de octubre de 2026 #319 Autoría: Juan Calo de Yom Teruah Ministries®

Facebook: Yom Teruah Ministries, Puerto Rico



📌 Los falsos cristianos, junto a fundamentalistas conspiranoicos, infunden terror en el pueblo de Puerto Rico y pregunto: si el cristianismo nació en Medio Oriente, ¿por qué esa región es hoy mayoritariamente musulmana?

(Artículo de Opinión Analítico / Ensayo Teológico-Político)

🖊️ Como de costumbre, ciertos líderes del sistema religioso evangélico y distintos «pedagogos» que abundan en las redes sociales de la isla buscan manipular la conciencia de los habitantes.
Utilizan la pedagogía para fomentar diversas fobias, con el único fin de provocar una histeria colectiva que resulta ser un negocio lucrativo y sin esfuerzo.

En esta ocasión, me estaré refiriendo al peligroso movimiento evangélico sionista, el cual sacraliza todo lo referente al actual Estado de Israel, llegando incluso a fomentar ciertos proyectos del gobierno sionista que se encuentra cometiendo crímenes de guerra.
Asimismo, me refiero a psicólogos que alimentan la islamofobia, la satanofobia y la vacunofobia, además de atacar la Agenda 2030 en la isla mediante una retórica peligrosa para la salud mental del pueblo puertorriqueño.

En Puerto Rico se ha levantado un grupo de fundamentalistas compuesto por falsas pastoras involucradas en la política mundana y por falsas psicólogas que buscan imponer sus posturas sembrando odio. Lamentablemente, los supuestos “cristianos” evangélicos de la isla son los principales receptores de tales pedagogías.

La pregunta que hay que formularse en estos últimos tiempos es: ¿los cristianos son gente buena en la que se puede confiar?

Vamos a enviarle un fogonazo, al estilo de los galeones españoles, a estos y estas fundamentalistas que fomentan el odio a través de sus pedagogías; fanáticos que, al igual que Adolfo Hitler, siempre buscan culpar a otros de los problemas de la nación.

Es fundamental comprender que, en el año 70 d. C., los romanos sitiaron Jerusalén y destruyeron el Templo judío —tal como lo profetizó JESÚS —, llevando a cabo una devastación que marcó el fin del culto sacrificial y provocó la dispersión del pueblo judío por el Imperio romano.

Es importante señalar que la tierra de Palestina, nombrada así por las autoridades romanas, pasó a ser gobernada tanto por musulmanes como por cristianos católicos, quienes se enfrentaron en varias guerras supuestamente «santas».

Asimismo, estos fundamentalistas y terroristas cibernéticos están utilizando diversos medios para promover una agenda anticristiana: emisoras supuestamente cristianas, las redes sociales e incluso al partido de los supuestos «conservadores» en Puerto Rico.

Los usan para difundir difamaciones, teorías conspirativas y odio contra quienes no piensan como ellos, motivados por la ideología de la actual administración «conservadora» de los Estados Unidos.

Estos grupos sectarios están compuestos por personas influenciadas por demonios, las cuales utilizan la demagogia para hacer creer en el extranjero, mediante mentiras, que Puerto Rico es un arrabal de mala muerte.

Difunden la falsa idea de que en el país se realizan todo tipo de prácticas ocultistas abiertamente en cada esquina, por lo que pregunto: ¿ha visto usted que en nuestra isla se lleven a cabo este tipo de ritos esotéricos de forma abierta por todos lados, como alegan tales terroristas cibernéticos?

Del mismo modo, estos terroristas cibernéticos actúan en la isla motivados por la propaganda de los falsos evangélicos estadounidenses sionistas, quienes defienden todas las políticas del Estado de Israel para promover un odio infundado hacia la comunidad musulmana local.

Estos sectores mienten utilizando la pedagogía para alegar que los musulmanes están llegando desde los Estados Unidos con el objetivo de colonizar a los puertorriqueños, supuestamente casa por casa, utilizando el Corán.

Pregunto: ¿es verdad que la comunidad musulmana en la isla representa un peligro para el pueblo puertorriqueño?
Históricamente, en Puerto Rico los árabes musulmanes han convivido con nosotros en paz y han contribuido a la economía del país.

Por tal razón pregunto: ¿cuánto han aportado las incontables instituciones religiosas cristianas a la economía de la isla?

Sabemos que nada, siendo el sistema religioso cristiano el negocio más rentable que existe. En este modelo, son los propios feligreses quienes asumen la totalidad de los gastos operativos —mediante colectas pro templo—, además de financiar los sueldos de pastores y pastoras adiestrados en institutos.

Históricamente se ha establecido en el ámbito académico que a la comunidad puertorriqueña no le gusta leer, sino que basa sus creencias en la tradición oral del «fulano dijo» o «a mí me dijeron».
Por lo tanto, el puertorriqueño tiende a ser blanco fácil de todo tipo de propaganda basada en la desinformación, en especial de las sectas religiosas locales.

Estos sectores mantienen una agenda dirigida a desorientar al pueblo, haciendo creer a la población que ciertos grupos que se reúnen pacíficamente —ya sea por creencias religiosas, ideologías, filosofías, motivaciones políticas o supuestas agendas ocultas del gobierno— representan un peligro para la sociedad.

Todo esto ocurre a pesar de que la libertad de reunión es un derecho protegido tanto por la Constitución de Puerto Rico como por la de los Estados Unidos.

Por tanto, el gobierno del Estado Libre Asociado no es una teocracia donde solo los cristianos tienen derecho a reunirse pacíficamente; por el contrario, el Estado no puede favorecer a ninguna religión en particular, ya que existe una separación entre la religión y el Estado.
Sin embargo, tanto el gobierno de los Estados Unidos como el de Puerto Rico favorecen a los sectores cristianos por motivos electorales, al representar un volumen considerable de votos.

Trabajé de lleno en la lucha contra el narcotráfico dentro del Negociado de Drogas, Narcóticos, Control de Vicios y Armas Ilegales de la Policía de Puerto Rico. Día a día en la calle, jamás vi a un travesti vendiendo drogas ni cometiendo crímenes violentos en la isla.

Sin embargo, muchos de los deambulantes, así como personas que cometen delitos violentos o dirigen el tráfico de drogas en el país, han tenido alguna relación con el cristianismo evangélico, en especial con el movimiento pentecostal.

Del mismo modo, me encontré con el paradigma de hijos de intelectuales prominentes de la sociedad puertorriqueña metidos en los residenciales públicos, fomentando el trasiego de drogas y dañando a las jóvenes del caserío o de la barriada.
Trabajé en la División de Control de Vicios, donde arrestamos a mujeres, travestis u hombres que ofrecían favores sexuales a cambio de dinero en las calles.

En ocasiones —como un policía que resultó ser cristiano, porque no existe tal cosa como una franquicia llamada «policías cristianos»—, entrevistaba a las mujeres dedicadas a la prostitución. Ellas me contaban que se vieron en la necesidad de abortar debido a su precaria condición social y me expresaban lo traumatizadas que estaban al recordar que, de no haber interrumpido el embarazo, su hijo o hija tendría hoy cierta edad y lo habrían vestido de tal forma.

De manera que estos grupos de supuestos conservadores en la isla y activistas cristianos utilizan tales retóricas —siguiendo la cultura de los WASP estadounidenses— como excusa para cometer crímenes en contra de la humanidad, presentándose como si fueran las personas moralmente aptas que van a arreglar la nación.

Sin embargo, es precisamente por gente como ellos, que tienen el techo de cristal, que estamos como estamos.

El cristianismo ha sido una de las religiones más intolerantes y sangrientas que ha conocido la historia.

La era católica es mencionada en el libro del Apocalipsis:
«Y miré, y he aquí un caballo blanco; y el que lo montaba tenía un arco; y le fue dada una corona, y salió venciendo, y para vencer.» (Apocalipsis 6:2, RVR1960)

Una vez que el emperador Constantino conquistó la fe cristiana y convirtió el cristianismo —originalmente basado en el amor ágape— en una institución religiosa al servicio del Imperio romano, quienes antes eran objeto de persecución pasaron a convertirse en los perseguidores de la humanidad en el nombre de Dios.

¿Qué nos dice el libro del profeta Daniel sobre la operación del espíritu del anticristo?

Leamos:
«Y hablará palabras contra el Altísimo, y a los santos del Altísimo quebrantará, y pensará en cambiar los tiempos y la ley; y serán entregados en su mano hasta tiempo, y tiempos, y medio tiempo.» (Daniel 7:25, RVR1960)

Queda claro que, una vez los obispos de origen pagano divorciaron al cristianismo de sus raíces judías, cambiaron incluso la naturaleza de Dios para imponer el concepto de un dios triuno.
Esta idea se inspiró en las mitologías griega, egipcia y romana, las cuales establecían la existencia de deidades organizadas en tríadas con distintas funciones.

Podemos observar que los judíos de la época de Jesús no creyeron que el Dios de Israel viniera a salvarlos en Emanuel, sino que consideraron a Yeshua ben Yosef únicamente como uno de los tantos enviados de Dios.

Al igual que ellos, los cristianos postnicenos hasta el día de hoy tampoco creen que Dios mismo los vino a salvar en Emanuel.
Esto se debe a que los obispos católicos de origen pagano, influenciados por la filosofía griega, idearon una fórmula filosófica para intentar mantener el monoteísmo de raíces judías mientras preservaban, en la práctica, un esquema de origen pagano.

Para lograrlo, definieron la naturaleza de Dios en tres personas consustanciales y coeternas entre sí que ejercen distintas funciones.
De esta manera consideran a Jesús —al igual que lo hicieron los judíos— simplemente como un subordinado que fue enviado por parte de Dios para salvar al mundo.

Para fines de este artículo, es necesario profundizar en la historia de la doctrina católica conocida como la Trinidad de Dios, una obra filosófica producto de la reflexión tardía de obispos de origen pagano, desarrollada más de tres siglos después de Cristo.

Tertuliano (160-220), un obispo calificado de hereje que perteneció al movimiento montanista, fue el primero en utilizar la palabra «Trinidad» e introducir al lenguaje teológico los términos «persona» y «sustancia», ambos arraigados en la metafísica estoica.

A partir de esta formulación, dividió la naturaleza del único Dios de Israel en tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo, consustanciales entre sí, pero no coeternas.

Tertuliano sostuvo que el Hijo y el Espíritu Santo fueron enviados para llevar a cabo la voluntad de Dios; por lo tanto, al ser enviados, estaban subordinados al Padre. Según su postura, tanto Jesús como el Espíritu Santo surgieron como parte del desarrollo del plan divino dentro de la creación.

Por otra parte, Arrio, presbítero de Alejandría en el siglo IV y fundador del arrianismo, postuló que el Padre es el único Dios absoluto y eterno.

Sus opositores resumieron su postura con la frase:
«Hubo un tiempo en que el Hijo no existía».

Arrio proponía que el Hijo de Dios fue creado en un momento previo a la creación para ejecutar, como el Verbo, el propósito de Dios, mientras que el Espíritu Santo surgía como un ministerio sujeto a la jerarquía del Padre y del Hijo.

Por su lado, Alejandro, obispo de Alejandría (250-326), defendía la consustancialidad y la coeternidad entre el Padre y el Hijo.
Este asunto se discutió en el primer Concilio de Nicea en el año 325, convocado por el emperador romano Constantino I con fines políticos para imponer una postura unificada ante la crisis cristológica generada por las enseñanzas del presbítero Arrio, lo que resultó en la condena del arrianismo como una herejía.

Tanto el presbítero Arrio como sus seguidores fueron exiliados por orden imperial; sin embargo, la controversia continuó hasta la promulgación del Edicto de Tesalónica en el año 380 por los emperadores romanos Teodosio I, Graciano y Valentiniano II.

Los académicos cristianos mienten al afirmar que tal edicto se promulgó para prohibir las prácticas paganas y establecer el cristianismo niceno como la religión oficial del Imperio romano. En realidad, el edicto ordenaba a los pueblos sometidos al imperio aceptar la fe basada en la doctrina de la Trinidad e identificarse formalmente como católicos.

Esta disposición es un claro ejemplo de cómo las instituciones humanas imponen la marca de la bestia al exigir a sus subordinados una lealtad incondicional, ya sea a una estructura política o religiosa.
De este modo, se condenó a otros grupos de cristianos que diferían de la doctrina trinitaria católica —como los arrianos—, quienes pasaron a ser blanco de persecución mientras sus lugares de reunión dejaban de ser considerados iglesias.

Una vez comprendemos que la doctrina de la Trinidad —que tanto defienden los cristianos trinitarios— es comúnmente impuesta por los líderes de las distintas instituciones eclesiásticas para legitimarse como iglesias de «sana doctrina» (cuando en realidad se trata de una construcción filosófica con la cual el Imperio romano se apoderó de la fe cristiana), el panorama queda completamente claro.

Los obispos católicos se valieron de la influencia política del Estado —representada por el arco sin flechas del jinete del caballo blanco— para dominar a los pueblos e intentar establecer el reino de Dios en la Tierra, fuertemente influenciados por la obra de Agustín de Hipona, La ciudad de Dios.

Con todo este trasfondo histórico, se puede comprender por qué, habiendo nacido el cristianismo en el Oriente Medio, hoy dicha región se encuentra dominada por el islam.

Las comunidades cristianas que adoptaron el arrianismo —el cual pretendía definir la naturaleza de Jesucristo a partir del razonamiento humano— y que habitaban la región oriental del Imperio romano, fueron marginadas y perseguidas por la Iglesia nicena católica tras el Concilio ecuménico de Nicea (325 d. C.) y el Edicto de Tesalónica (380 d. C.).

Bajo la presión de los emperadores romanos y los concilios que ratificaron la doctrina de la Trinidad desde una perspectiva filosófica griega, la Iglesia nicena provocó que los grupos arrianos perdieran sus lugares de culto y que sus obispos fueran exiliados, erradicando progresivamente esta corriente de su territorio.

Tenemos que tomar en cuenta que los califatos árabes islámicos lograron una rápida expansión en el Oriente Medio a partir del siglo VII.

Debido a las persecuciones que llevó a cabo la Iglesia nicena en contra de las comunidades arrianas en las regiones orientales del Imperio romano, estas encontraron alivio cuando los califatos islámicos tomaron sus territorios, viéndose liberadas de la opresión católica.

De este modo, mientras la Iglesia nicena florecía y desplazaba su centro hacia Europa, las comunidades arrianas de Oriente Medio —perseguidas por el catolicismo trinitario— pasaron a estar bajo el dominio islámico.

Usted, quien ha sido persuadido por la propaganda de los falsos evangélicos blancos sionistas millonarios estadounidenses y de falsos ministros evangélicos sensacionalistas de las redes sociales —como David Diamond, financiados por la mafia de pastores evangélicos latinos del diezmo y los evangélicos sionistas—, es llevado a creer que el mundo islámico odia al pueblo judío y a los cristianos.

Sin embargo, le sorprenderá saber que los gobernantes islámicos fueron tolerantes en sus conquistas tanto con los judíos como con los cristianos. Esto se debe a que el islam considera «Pueblos del Libro» (Ahl al-Kitāb) tanto a los cristianos como a los judíos no sionistas (aquellos que no respaldan las políticas de los gobernantes del Estado de Israel).

La creencia islámica reconoce que las tres religiones comparten un origen divino al proceder del mismo monoteísmo abrahámico y adorar al mismo y único Dios verdadero.

Asimismo, el islam sostiene que estas tres religiones —el judaísmo, el cristianismo y el propio islam— recibieron revelaciones divinas que dieron origen a sus escrituras sagradas: la Torá para el pueblo de Israel, el Evangelio para los cristianos y el Corán para los musulmanes.

Además, reconoce a los profetas del judaísmo y a Jesús como el enviado de Dios para transmitir su mensaje.

Para que usted lo entienda y deje a un lado los prejuicios infundados inculcados por estos movimientos sectarios fundamentalistas —cuyo fin es apoyar ideológica y financieramente las políticas sionistas del actual Estado de Israel—, es necesario examinar los hechos con objetividad.

En el islam tradicional —sin referirme a organizaciones extremistas o yihadistas como Al Qaeda, el Estado Islámico, el Talibán, Hamás o Hezbolá, las cuales carecen de respaldo por parte de la corriente islámica mayoritaria—, la jurisprudencia islámica contempla un estatus de protección tanto para los judíos no sionistas como para los cristianos que conviven bajo gobierno musulmán.

Bajo esta figura, estas comunidades podían practicar su fe a cambio del pago de un impuesto conocido como yizia y de abstenerse de participar en los asuntos políticos del gobierno.

En este aspecto radica la estrategia de los musulmanes para lograr de manera pacífica que muchos cristianos e incluso judíos se convirtieran al islam, sin recurrir a la fuerza ni a la intimidación.

Esto contrasta con los métodos que utilizó la institución católica trinitaria, respaldada por el poder político imperial romano, la cual recurrió a la persecución contra las comunidades arrianas en la parte oriental del Imperio romano, así como a las Inquisiciones y a las Cruzadas en contra del mundo musulmán en Oriente Medio.

Los gobernantes musulmanes utilizaron incentivos sociales como anzuelo para lograr de forma pacífica la conversión de los cristianos que vivían bajo el gobierno islámico tradicional.

Es sabido que pertenecer a la religión dominante otorgaba acceso a la influencia política y al crecimiento económico. Esto motivó a la mayoría de los cristianos a convertirse al islam con el fin de disfrutar de una total igualdad de derechos.

Por este motivo, mientras el cristianismo católico trinitario se consolidó en Europa occidental como centro político y cultural —y posteriormente en el Nuevo Mundo—, las comunidades cristianas de Oriente Medio quedaron relegadas a ser una minoría en su propia región de origen.

Tenemos que entender que el gobierno español impuso el catolicismo a la manera de un califato mediante el establecimiento de una diócesis, obligando a los habitantes de la isla de Puerto Rico a someterse a las leyes dictadas por la religión del Estado.

Tras la invasión estadounidense el 25 de julio de 1898 y la salida del dominio español de la isla, la colonización norteamericana trajo consigo la llegada de misioneros de diversas denominaciones evangélicas y protestantes históricas entre 1898 y 1900.

Posteriormente, con la llegada del pentecostalismo alrededor de 1916 en el municipio de Ponce, este movimiento creció de forma acelerada debido a las constantes divisiones teológicas que siempre lo han caracterizado.

En una tierra con un fuerte arraigo de brujería, santería, espiritismo y agorería, muchas personas vinculadas a las prácticas esotéricas vieron una similitud entre sus rituales de invocación de espíritus y el énfasis pentecostal en la posesión por el Espíritu Santo.

A raíz de esta convergencia, surgió un sincretismo de culto, reflejado en el curanderismo pentecostal que unge con aceite a los enfermos para una «sanidad divina».

Esta práctica está basada en una mala interpretación de Santiago 5:14-15, pasaje que en realidad aboga por el tratamiento terapéutico de la época —a base de aceites aromáticos y hierbas para aliviar las dolencias de los enfermos postrados— acompañado por la oración de los ancianos.

La práctica de los «despojos» ungiendo con aceite a las personas, las casas y a los niños para protegerlos de influencias malignas, sumada a los cultos de «liberación demoníaca» donde los ministros fingen expulsar espíritus, afecta a personas que, por falta de conocimiento bíblico, terminan en una condición peor que la inicial.
Estas personas llegan incluso a participar activamente en estos cultos mientras practican actos de inmoralidad, como la fornicación de manera habitual.

A causa del acelerado crecimiento del pentecostalismo criollo, los líderes de este movimiento tomaron el control de los medios de comunicación —comenzando por la radio y siguiendo por la televisión—, donde establecieron una especie de califato.

En este sistema, hicieron creer a sus prosélitos que la iglesia constituía un gobierno autónomo en el que los ministros, al mando de sus basílicas evangélicas, podían abusar psicológicamente de la gente sin la intervención de las autoridades locales.

Esta es una realidad que vengo denunciando desde hace años a partir de mi experiencia como expolicía estatal en Puerto Rico.
Como consecuencia de ello, los grupos evangélicos y pentecostales consolidaron un dominio político y social que ejerce una fuerte influencia sobre el gobierno de turno al representar un bloque considerable de votos.

Por esta razón, el sistema iglesiero busca imponerse como el único con derecho de reunión y libertad religiosa en la isla, oponiéndose, al margen de la ley, a que otras religiones o grupos ideológicos se reúnan pacíficamente en espacios públicos.

Esta es una mala costumbre del sistema eclesiástico puertorriqueño que ni el gobierno, ni la prensa, ni las iglesias de sana doctrina deben seguir tolerando.

Una de las peores amenazas para la sociedad puertorriqueña ha sido la proliferación de sectas que actúan como un verdadero castigo para la isla.

Estos grupos, compuestos por terroristas cibernéticos, se dedican a acosar en las redes a todo aquel que no se somete al califato extremista que pretenden imponer, buscando incluso influencia política para llevar a cabo una agenda abierta en contra de las minorías de nuestro país, a quienes por ley se debe respetar.

A usted, que grita a boca llena por las redes sociales que es evangélico, pentecostal, carismático o que pertenece a una congregación histórica, pero se queda callado ante los crímenes de las sectas que proliferan en la isla —las cuales llevan décadas promoviendo una agenda anticristiana y fomentando el odio hacia quienes no respaldan sus patrañas narcisistas, mientras alegan ser los «atalayas» que van a arreglar el país—, permítame decirle que, con su silencio, se convierte en cómplice de estos grupos sectarios que operan al margen de la ley.

Lamentablemente, el sistema eclesiástico evangélico en Puerto Rico, en lugar de proclamar el mensaje de la cruz, la salvación solo por la gracia de Dios y la esperanza de la vida eterna, dando testimonio de un Cristo vivo a través del amor ágape y la tolerancia hacia quienes piensan distinto, se ha desviado de su verdadero propósito para perseguir agendas personales.

Se han encargado de establecer un califato basado en imponer sus propias diócesis, en las cuales descalifican de entrar al reino de los cielos a todo aquel que no se someta a sus caprichos religiosos e ideológicos.

Todo esto lo hacen con el único fin de vivir del cuento a costa de la gente que se reúne en sus basílicas, esperando que les digan qué hacer, como infantes con bobos en sus bocas.

Lo peor es que incluso los políticos —quienes se supone que están comprometidos con proteger y trabajar para el pueblo fomentando la justicia social— le ríen las gracias a estos grupos sectarios en Puerto Rico y los colman de favores.

Estos sectores se han convertido en un verdadero estorbo para el desarrollo intelectual de la sociedad puertorriqueña, la cual necesita urgentemente cultivar un pensamiento crítico para no ser manipulada por la propaganda tóxica y la desinformación que circula en las redes sociales, de la cual solo unos pocos se terminan beneficiando.

Jeremías 4:22 (RVR1960):
«Porque mi pueblo es necio, no me conocieron; son hijos ignorantes y no son entendidos; sabios para hacer el mal, pero hacer el bien no supieron».

En conclusión, la historia nos demuestra que cuando la fe se despoja del amor ágape y se alía con el poder político o el lucro personal, deja de representar el verdadero mensaje de Cristo para convertirse en un instrumento de opresión.

Puerto Rico no necesita más religiosidad basada en el miedo, la manipulación cibernética ni el sectarismo; necesita una sociedad reflexiva, capaz de ejercer el pensamiento crítico y de abrazar la fe desde la libertad de pensamiento, la tolerancia y la verdadera justicia social.

Romper con el silencio y examinar los hechos con madurez es el primer paso para no seguir siendo presa de la ignorancia.

Juan 8:32 (RVR1960):
«Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres».

Gracia y paz.

Autoría:
Apóstol Juan Calo
Yom Teruah Ministries®
Carolina, Puerto Rico
yomteruahministries@gmail.com
Ministerio De Educación Cristiana Y Apologética, (sin fines de lucro)
"Levantando el testimonio de JESUCRISTO"

#318 11/octubre/2026 LOS CREYENTES EN CRISTO TIENEN QUE DEJAR DE INTERPRETAR LA MARCA DE LA BESTIA DE ACUERDO CON LA CIENCIA FICCIÓN CRISTIANA.

 


#318
11/octubre/2026
LOS CREYENTES EN CRISTO TIENEN QUE DEJAR DE INTERPRETAR LA MARCA DE LA BESTIA DE ACUERDO CON LA CIENCIA FICCIÓN CRISTIANA.

🖋 Publicado en Facebook: Esto No Te Lo Enseñaron Los Evangélicos

La idea de que el gobierno del Anticristo impondrá en el futuro una marca a los habitantes de la Tierra sin la cual no podrán comprar ni vender, perdiendo así la salvación.
Esta interpretación basada en la ciencia ficción cristiana, no es más que una noción descabellada inventada por el sistema iglesiero evangélico. Esta idea fue diseñada para infundir miedo en la gente y mantenerla fiel al sistema religioso.
En la antigüedad se utilizaba la gematría: tanto en el idioma hebreo como en el griego, se empleaban las letras del alfabeto para darles un valor numérico. Al transliterar el nombre «Nerón César» al hebreo, el cálculo del valor numérico de cada letra suma exactamente 666, el número de la bestia.
Tomando en cuenta la historia, se dice que el emperador romano Nerón César, le prendió fuego a la ciudad de Roma en el año 64 d. C. y culpó a los cristianos, desatando una terrible persecución. De esta manera, el autor del libro de Apocalipsis ocultó el nombre Nerón César utilizando la gematría.
Los religiosos cristianos siempre se enfocan en lo que ocurre en el mundo para decir: «¡Cuán depravada se ha tornado la nación!», cuando en realidad lo que a Dios le importa es lo que está ocurriendo en su pueblo.
La marca de la bestia, conocida como el 666, en términos espirituales, representa los poderes mundanos que corrompen a la iglesia: la religión cristiana institucional, el poder político y el mundo de las finanzas.
Por medio de estos y otros poderes, Satanás, el Anticristo, ha ejercido su dominio sobre los habitantes de la Tierra, quienes rinden lealtad al sistema de control social impuesto por la bestia.
De esta manera, Apocalipsis 13:16, describe que se les pondrá una marca en la mano derecha o en la frente. El escritor no describe físicamente dicha marca porque cada imperio que se ha levantado en este mundo siempre ha demandado de sus ciudadanos una lealtad incondicional.
Esto se evidencia al levantar la mano derecha con la frente en alto para hacer un juramento, o en la lealtad que se rinde a un país cuando las personas colocan su mano derecha sobre el corazón y mantienen la frente en alto mientras suena el himno nacional.
Si usted se inventa la narrativa de que la marca de la bestia se trata de un microchip, de la aplicación de una vacuna o de cualquier marca visible, usted es un apóstata que solo tiene la intención de llamar la atención para infundir miedo —porque el miedo vende— y tiene la necesidad de arrepentirse.
En un mitin político de la Convención Republicana celebrado el pasado mes de septiembre de 2026, el presidente de los Estados Unidos —promovido desde la década del 2000 por los WASP (blancos, anglosajones, protestantes) y por latinos conservadores frustrados que pretenden serlo— exigió a sus seguidores que le juraran lealtad.
Para ello, les pidió votar por los republicanos en las elecciones de medio término recitando un juramento dirigido a su persona, con la mano derecha levantada.
Así como el emperador romano Constantino obtuvo una victoria sobre la fe cristiana por medio de edictos y concilios ecuménicos, como el que se llevó a cabo en la ciudad de Nicea en el 325 d. C., de esta misma forma vemos en nuestros días cómo algunos jefes de Estado obtienen victorias sobre la fe cristiana.
Esto ocurre cuando los líderes eclesiásticos se corrompen para adquirir poder político e imponer leyes punitivas en contra de ciertas minorías, impulsados por un activismo cristiano conservador que no es más que el actuar de personas motivadas por un celo que no proviene de Dios, mientras millones de almas se pierden.
Los mismos evangélicos —no solo en los Estados Unidos, sino también en Latinoamérica, el Caribe y otras partes del mundo— han consumado la gran apostasía. Se han rebelado en contra del Cordero de Dios al jurar lealtad, y llevar a muchos a través de sus retóricas conservadoras a jurar lealtad incondicional, a un timador que prometió paz y miren a dónde ha llevado al mundo.
«Porque no te has de inclinar a ningún otro dios, pues Jehová, cuyo nombre es Celoso, Dios celoso es». — Éxodo 34:14 (RVR1960)
Pero con lo que no cuentan los evangélicos supremacistas —quienes niegan el rapto de los fieles en Cristo antes de la Gran Tribulación y el papel del Estado de Israel— es que ambos pueblos serán quebrantados cuando se queden en la Gran Tribulación.
Si hoy en día, con lo cómodos que se han puesto los cristianos en los tiempos más peligrosos de la historia humana —donde sobreabunda el engaño por las redes sociales, en las cuales Satanás, el diablo, ha reclutado a un ejército de «teólocas» y de Dalilas que le han declarado la guerra al evangelio fiel—, ¿cuán difícil será obtener la salvación en medio de la Gran Tribulación?
«Os digo que pronto les hará justicia. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?». — Lucas 18:8 (RVR1960)
Hermanos, aquel que ha estado sentado desde la eternidad en el trono de Dios, Jesucristo, el Rey de reyes y Señor de señores, es quien tiene potestad tanto sobre la vida como sobre la muerte:
«Y el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades». Apocalipsis 1:18 (RVR1960)
De manera que la falsa doctrina sobre la posibilidad de perder la salvación no surgió de una correcta interpretación bíblica ni de la Reforma Protestante, sino de los remonstrantes, quienes eran seguidores del teólogo holandés Jacobo Arminio, opuesto a la doctrina bíblica de la predestinación para salvación (Efesios 1:4-5, 1:11; Romanos 8:29, 9:11; Hechos 4:28).
Jacobo Arminio, a pesar de haber sido un teólogo reformado, no estuvo de acuerdo con la idea de que Dios elija a unos para salvación mientras rechaza a otros.
Por lo tanto, pretendió hacer justo a Dios según el razonamiento humano, delegando en el hombre la responsabilidad de elegir ser salvo, mientras Jesús se lava las manos en el cielo —al estilo de Poncio Pilato— diciendo: «Yo ya hice mi parte, ahora les toca a ustedes hacer la suya».
Hermanos, Dios es quien determinó de antemano el destino final de cada ser humano. Por lo tanto, ni Satanás ni sus demonios, ningún gobierno, ninguna religión o la implantación de un dispositivo debajo de la piel pueden cambiar dicho destino. Solo Dios tiene la autoridad para disponer de las almas.
Lamentablemente, el fallecido evangelista Yiye Ávila, a pesar de haber sido un defensor de la doctrina del rapto de la iglesia, predicaba según la postura arminiana.
Demostró su falta de conocimiento teológico cuando afirmó: «Si usted está en Cristo y muere, va directito al cielo; pero si muere sin Cristo, Satanás se lo lleva al infierno». Sin embargo, la Biblia señala:
«Y el polvo vuelva a la tierra, como era, y el espíritu vuelva a Dios que lo dio». Eclesiastés 12:7 (RVR1960)
Tanto el sistema de salvación católico como el evangélico arminiano establecen una especie de limbo: un estado no resuelto de la salvación del creyente, en el cual nunca se tiene certeza de su destino, pues este depende de su desempeño en el cumplimiento de los dogmas iglesieros.
En cambio, la verdadera espiritualidad basada en la fe en Cristo establece claramente que se es salvo o no se es salvo.
La Biblia no enseña que el creyente deba vivir en un estado de incertidumbre; más bien, califica como «tibios» a aquellos que han sido engañados por las instituciones religiosas. Estas los han arrastrado a la práctica de un culto voluntario —un culto hecho para agradarse a sí mismos—, desechando así el sacrificio perfecto de Jesucristo.
«Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca». Apocalipsis 3:16 (RVR1960)
¿A quién va a vomitar de su boca el Señor?
A todo aquel que dice ser cristiano, pero manifiesta una falta de fe al afirmar que puede perder la salvación si descuida la perseverancia en el cumplimiento de dogmas impuestos por un sistema religioso que no puede salvar a nadie.
Si usted cree, por falta de conocimiento teológico, que puede perder la salvación porque un gobierno le imponga un dispositivo o una marca visible, usted es un apóstata que le adjudica a Satanás una potestad que no tiene para determinar quién es salvo y quién se va al infierno. Por lo tanto, usted será rechazado por el Cordero de Dios cuando esté ante el Tribunal de Cristo.
¿Cuál de los discípulos de Jesús perdió la salvación, a pesar de que fueron martirizados por la bestia?
Ninguno.
Solo Judas Iscariote pereció sin salvación, porque nunca fue salvo, lo cual demostró a través de sus malas obras al haber sido predestinado para tal condenación:
«Porque algunos hombres han entrado encubiertamente, los que desde antes habían sido destinados para esta condenación, hombres impíos, que convierten en libertinaje la gracia de nuestro Dios, y niegan a Dios el único soberano, y a nuestro Señor Jesucristo». Judas 4 (RVR1960)
Afirmar que un creyente puede perder la salvación porque se enfría en el desempeño religioso o porque Satanás tiene la potestad de quitársela, tira por tierra el sacrificio de Jesucristo, el milagro de su resurrección de entre los muertos y la certeza que tenemos los que estamos en Cristo de que Dios es fiel en cumplir todas sus promesas a sus hijos.
No permita bajo ninguna circunstancia que el legalismo iglesiero lo extravíe de perseverar en la doctrina de Jesucristo, pues el cristianismo institucional no está diseñado para hacer salvo a nadie.
Al contrario, cada denominación suele negar alguna verdad bíblica para diferenciarse del resto de denominaciones, afirmando que son la iglesia que tiene la sana doctrina.
Hacen énfasis en ciertos puntos de la Escritura con el fin de esclavizar a sus prosélitos, negándoles el acceso a una debida educación teológica enfocada en estudiar la Biblia de manera integral.
«Cualquiera que se extravía, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios; el que persevera en la doctrina de Cristo, ese sí tiene al Padre y al Hijo. Si alguno viene a vosotros, y no trae esta doctrina, no lo recibáis en casa, ni le digáis: ¡Bienvenido! Porque el que le dice: ¡Bienvenido! participa en sus malas obras». 2 Juan 9-11 (RVR1960)
Gracia y paz.
Autoría:
Apóstol Juan Calo
Yom Teruah Ministries®
Carolina, Puerto Rico
yomteruahministries@gmail.com
Ministerio De Educación Cristiana Y Apologética, (sin fines de lucro)
"Levantando el testimonio de JESUCRISTO"

martes, 6 de octubre de 2026

#317 / 4 de octubre de 2026/ Tesis: LOS QUE ESTAMOS EN CRISTO NO PODEMOS FOMENTAR LA QUEJA CRIOLLA QUE CONDUCE AL PESIMISMO COLECTIVO EN PUERTO RICO / Autoría: Juan Calo de Yom Teruah Ministries®, Puerto Rico



4 de octubre de 2026
#317

Tesis: LOS QUE ESTAMOS EN CRISTO NO PODEMOS FOMENTAR LA QUEJA CRIOLLA QUE CONDUCE AL PESIMISMO COLECTIVO EN PUERTO RICO

* Compartido en mi pagina de grupo en Facebook: Esto No Te Lo Enseñaron Los Evangélicos ⬅ (las letras en azul o grises lo van a dirigir directamente a la pagina)

La queja criolla tiene su origen en los más de 500 años de estatus colonial que ha atravesado la isla de Puerto Rico.

Para comprender su alcance, es necesario examinar primero la fusión entre el sistema religioso institucionalizado del cristianismo niceno y el poder político del Estado. Esta alianza comenzó con el Edicto de Tesalónica el 27 de febrero del 380, promulgado por los emperadores romanos Teodosio I, Graciano y Valentiniano II.

Los académicos cristianos trinitarios mienten al afirmar que dicho edicto buscaba prohibir la práctica del paganismo en el Imperio romano. La realidad es que su verdadero propósito fue prohibir todo culto cristiano —como el arrianismo— que no estuviera alineado con la doctrina católica de la Trinidad de Dios, la cual constituye una reinterpretación gentil de la naturaleza divina influenciada por el neoplatonismo griego.

Lo que ignora la mayoría de la cristiandad trinitaria, sin importar la denominación, es que la imposición del dogma trinitario niceno dio paso a la ruptura entre la Iglesia católica y el origen hebreo del cristianismo primitivo. De este modo, mientras Jesús dijo:

Mateo 26:51-52 (RVR1960)
Pero uno de los que estaban con Jesús, extendiendo la mano, sacó su espada, e hiriendo a un siervo del sumo sacerdote, le quitó la oreja. Entonces Jesús le dijo: Vuelve tu espada a su lugar; porque todos los que tomen espada, a espada perecerán.

El Edicto de Tesalónica (380) proclamó:
«Es evidente que esta es también la religión que profesa el pontífice Dámaso, y Pedro, obispo de Alejandría, hombre de apostólica santidad; esto es, que de acuerdo con la disciplina apostólica y la doctrina evangélica, debemos creer en la divinidad una del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo con igual majestad y bajo la noción de la Santa Trinidad.

Ordenamos que aquellas personas que siguen esta norma tomen el nombre de cristianos católicos. Sin embargo, el resto, a quienes consideramos dementes e insensatos, asumirán la infamia de los dogmas heréticos, sus lugares de reunión no obtendrán el nombre de iglesias y serán castigados primeramente por la venganza divina y, después, también por el justo castigo de nuestra propia iniciativa, en consonancia con el juicio divino».

Este edicto «pagano» decretó que todo aquel que profesara la doctrina de la Santa Trinidad debía autodenominarse cristiano católico.

A partir de ese momento, el cristianismo trinitario respaldado por el Estado asumió la potestad de ejecutar el «justo castigo» por iniciativa propia, además del juicio divino, en contra de todos aquellos que no estuvieran de acuerdo con dicho decreto.

Mientras Jesús advirtió:
Mateo 10:22 (RVR1960)
Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre; mas el que persevere hasta el fin, este será salvo.

Por el contrario, el sistema eclesiástico institucionalizado estableció por mandato que todo aquel que no confesara el dogma católico de la Trinidad —basado en la creencia de un Dios que existe en tres personas coiguales y coeternas, pero con distintos roles— sería considerado herético. Como consecuencia, quien negara la Trinidad se convertía en objeto de persecución y acusación.

Puerto Rico fue colonizado primeramente por el régimen español católico hasta finales del siglo XIX y, posteriormente, por el régimen estadounidense protestante evangélico hasta el día de hoy.

Siglos de dominio bajo regímenes autoritarios que han sometido a la población puertorriqueña han provocado una frustración colectiva, derivada del hecho de que las decisiones políticas y económicas cruciales se toman fuera del país.

A la par con los constantes ciclos de crisis y la profunda desconfianza hacia los partidos políticos tradicionales, los puertorriqueños han desarrollado un escudo cultural. Este consiste en presagiar lo peor que pueda suceder en la isla como mecanismo para evitar ser defraudados por el gobierno de turno, el cual responde primordialmente a los intereses de sus inversionistas electorales.

Este escudo cultural se manifiesta claramente en el desahogo criollo cotidiano. Es el tipo de conversación colectiva que surge, por ejemplo, mientras las personas esperan por las mañanas a que abran los supermercados o las oficinas de servicio, donde se resaltan las problemáticas del país bajo la firme convicción de que la situación habrá de empeorar.

Aprovechándose de esta queja criolla y del pesimismo colectivo, ciertos líderes sectarios que se identifican como evangélicos pentecostales han inculcado en el pensamiento supersticioso de la sociedad puertorriqueña una noción heredada del Edicto de Tesalónica: la idea de que la isla enfrentará un juicio divino debido a que la población se ha mostrado renuente a someterse a los diversos regímenes religiosos del país.

Ciertamente, el apóstol Pablo establece el mensaje del reino de los cielos fundamentándolo en la manifestación de la ira de Dios:

Romanos 1:18 (RVR1960)
Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad;

Este versículo establece la culpabilidad de cada ser humano ante un Dios santo que exige de su creación una obediencia perfecta.

Sin embargo, este tipo de pensamiento pesimista —basado en la expectativa de una hecatombe en la isla de Puerto Rico y adoptado por parte de la cristiandad local— se alinea perfectamente con el pesimismo cultural que permea a la sociedad puertorriqueña.
Así pues, el pensamiento pesimista de muchos cristianos nominales en la isla —quienes dan crédito a los montajes de falsos y falsas atalayas— no es más que un desahogo religioso. Esta actitud nace de la frustración y de un celo amargo ante la imposibilidad de imponer sus dogmas al resto de la sociedad.

En consecuencia, ven la idea de un desastre o hecatombe no como una tragedia, sino como un galardón divino para su comunidad, creyéndose justos por el solo hecho de defender su causa.

Por esta razón, la comunidad cristiana de la isla debe despojarse de toda frustración colectiva y cultural. El cristianismo genuino no consiste en defender un celo denominacional basado en los paradigmas que imponen los académicos religiosos, sino que es un asunto de vida o muerte: la necesidad imperiosa de justificación ante un Dios santo a quien hemos ofendido con nuestra incredulidad innata.

El problema del pecado del ser humano es, en esencia, un asunto de incredulidad. Quien muere desconfiando de que Cristo nos garantizó la vida eterna —sin que medie mérito alguno en la religión—, muere sin ser justificado.

Cada vez que cedemos al pecado, lo hacemos en abierta rebelión contra las disposiciones de la Palabra de Dios. Por lo tanto, tenemos la necesidad de arrepentirnos sinceramente, reconociendo: «No debí haber hecho tal cosa». A esto debe seguir, si es necesario, la enmienda de la falta si se cometió contra el prójimo, buscando en lo íntimo la gracia de Dios, quien en su infinita misericordia no se acuerda más de nuestras rebeliones.

La conciencia del cristiano debe estar plenamente al tanto de su propia inclinación pecaminosa, esa naturaleza que nos condena a la separación eterna. Debe comprender que la autojustificación religiosa y denominacional es la ruina del creyente, llevándolo a reconocer que nos resulta imposible agradar a Dios por méritos propios y que, por esta razón, solo podemos hallar pronto socorro mediante la fe en Cristo.

¡Cuántos cristianos en Puerto Rico se encuentran, sin saberlo, al borde de la sartén! Viven en una peligrosa indeterminación a causa de las ideas que les inculcan líderes religiosos, motivados por un celo denominacional que los empuja a desear que Dios castigue a la sociedad puertorriqueña con una hecatombe, solo porque se consideran justos a sí mismos, sentándose así en la silla de los escarnecedores.

En la silla de los escarnecedores se sientan quienes, en su soberbia, presumen ser los más aptos para agradar a Dios. Se consideran los «buenos de la película» y se atribuyen la autoridad de torcer la Palabra divina para decidir a quién ama Dios y quién merece sufrir un juicio catastrófico.

No somos merecedores, sino deudores de una salvación tan grande. Mientras líderes que se afirman pastores pierden el tiempo alineándose con políticos conservadores para imponer a la sociedad leyes punitivas —guiados por un celo religioso de tinte opresivo, al estilo del Edicto de Tesalónica del 380, que inevitablemente margina a las minorías en una democracia—, apartan al pueblo cristiano de la Gran Comisión, la cual ordena:

Marcos 16:15-18 (RVR1960)

Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado. Y estas señales seguirán a los que creen:
En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán.

¿Está la Iglesia cumpliendo con la Gran Comisión de, primero, conocer el evangelio fiel —basado en la salvación únicamente por la gracia de Dios, sin que medie el celo denominacional— para luego darlo a conocer a toda criatura?

En cambio, el sistema eclesiástico ha actuado en obediencia ciega a la lógica del Edicto de Tesalónica del 380, sometiendo al pueblo con la amenaza del castigo divino e imponiendo el criterio de una estructura que excomulga y declara apartados de la presencia de Dios a todos aquellos que no se amoldan a las reglas que impone el «dios concilio».

Debido a la manifestación de la gran apostasía —que no es más que una agenda en la cual el sistema religioso institucionalizado se rebela contra las disposiciones del evangelio del Reino de los Cielos para erigir sus propias basílicas evangélicas—, me afirmo en la doctrina del pacto de los testigos fieles en Cristo.

Esta sostiene que, cuando el sistema eclesiástico sea cortado, el SEÑOR utilizará otros medios para la evangelización de los pueblos (conforme a Apocalipsis 7, 11 y 14:6) y volverá su atención a las naciones de Israel y Judá.

Así cumplirá el juramento hecho a Abraham, Isaac y Jacob: reunir a todas las tribus y establecerlas en su tierra en paz durante el reinado milenial de Cristo.

Leamos, Jeremías 30:1-3 (RVR1960)
Palabra de Jehová que vino a Jeremías, diciendo: Así habló Jehová Dios de Israel, diciendo: Escríbete en un libro todas las palabras que te he hablado. Porque he aquí que vienen días, dice Jehová, en que haré volver a los cautivos de mi pueblo Israel y Judá, ha dicho Jehová, y los traeré a la tierra que di a sus padres, y la disfrutarán.

Ante todo esto, la pregunta inevitable es: ¿estás esperando la manifestación de una hecatombe como juicio divino para tu nación, impulsado por una mala fe religiosa que no proviene de Dios, sino del enemigo de nuestras almas?

O, por el contrario, motivado por el amor de Cristo, ¿estás proclamando la esperanza que tenemos en Él a todos los que anhelan la redención de nuestra tierra (conforme a Lucas 2:38), aun cuando no la veamos cumplirse en nuestro tiempo?

Lo cierto es que muchos grupos sectarios en la isla se aprovechan del pesimismo cultural de los puertorriqueños para ofrecer, como supuestas alternativas, estructuras de pensamiento basadas en una falsa autojustificación ante Dios. Estas se fundamentan en:

✔ Falsas profecías sobre catástrofes y juicios divinos contra Puerto Rico, acompañadas del engaño de que tales desgracias producirán un avivamiento colectivo.

✔ La ilusión de que la Iglesia traerá justicia social mediante la inserción activa de los cristianos en determinado partido político.

✔ La teología del dominio, la cual sostiene erróneamente que la Iglesia conquistará el sistema secular para establecer el Reino antes de la segunda venida de Cristo.

No faltan liderazgos inmaduros con espíritu jezabeliano que promuevan estas agendas anticristianas, ni faltan hombres al estilo de Acab que, con una marcada falta de liderazgo en sus hogares, permiten que sus familias se involucren en las diversas sectas que están devorando a Puerto Rico.

Y es que la apostasía no proviene del mundo, sino del propio sistema eclesiástico que se rebela contra las disposiciones del Reino de los Cielos.

Frente a esto, la verdadera esperanza del cristiano bíblico es que JESÚS, mediante su Santo Espíritu, nos conceda las fuerzas, la valentía y la paciencia necesarias para perseverar hasta llegar a su presencia, habiendo conducido a muchos a la fe y al conocimiento del Reino.

Un Reino donde la muerte y resurrección de Jesucristo nos capacita para participar de su naturaleza divina y disfrutar de la vida eterna como sacerdotes del santuario celestial.

Al examinar las raíces de nuestro devenir histórico, queda al descubierto que la «queja criolla» ha sido alimentada por una cultura de sometimiento que el sistema religioso ha sabido capitalizar.

El pesimismo colectivo que permea a la sociedad puertorriqueña no es un fenómeno fortuito, sino el resultado de siglos bajo regímenes autoritarios que acostumbraron al pueblo a ver su destino decidido desde afuera. Sin embargo, el mayor peligro actual no radica únicamente en la frustración política, sino en cómo el sistema eclesiástico institucionalizado ha instrumentalizado esa vulnerabilidad cultural.

Al sustituir la gracia del evangelio por el miedo a un juicio inminente y por un celo denominacional punitivo —heredado del Edicto de Tesalónica—, ciertos líderes han transformado la fe en una plataforma de dominio, manipulación y beneficio propio.
Frente a esta distorsión, el pueblo cristiano en Puerto Rico debe despojarse de la tentación de sentarse en la silla de los escarnecedores a desear la ruina de su propia tierra bajo una falsa premisa de justicia propia.

La respuesta bíblica no es el atrincheramiento en la hecatombe ni la politización de la fe, sino el retorno humilde a la Gran Comisión: proclamar la salvación por gracia, vivir en arrepentimiento sincero y perseverar como testigos fieles de Cristo.

Solo cuando la Iglesia abandone el celo sectario y abrace la esperanza verdadera, podrá ofrecer a nuestra nación una luz que no condene ni oprima, sino que transforme y redima.

Gracia y paz.

Autoría:
Apóstol Juan Calo
Yom Teruah Ministries®
La Caverna del Profeta®
Carolina, Puerto Rico
yomteruahministries@gmail.com
Ministerio De Educación Cristiana Y Apologética, (sin fines de lucro)
"Levantando el testimonio de JESUCRISTO"

lunes, 28 de septiembre de 2026

27/septiembre/2026 Autoría: Juan Calo de Yom Teruah Ministries, Puerto Rico ® #316 🖊️ ¿CUÁL ES EL CONCEPTO CORRECTO RELACIONADO CON EL TEMA DE LA LLENURA DEL ESPÍRITU SANTO?

 


27/septiembre/2026 Autoría: Juan Calo de Yom Teruah Ministries, Puerto Rico ®

#316

🖊️ ¿CUÁL ES EL CONCEPTO CORRECTO RELACIONADO CON EL TEMA DE LA LLENURA DEL ESPÍRITU SANTO?


Existe mucha especulación sobre el tema conocido como «el bautismo del Espíritu Santo». Tengo 52 años de edad y he estado relacionado con el movimiento de santidad wesleyano y el pentecostalismo criollo desde que tengo uso de razón. He escuchado tantas cosas sobre cómo opera el Espíritu de Dios en nuestras vidas que no hay un consenso definido sobre el tema.

En Puerto Rico, el sistema de salvación evangélico pentecostal ha practicado el semipelagianismo católico. Este consiste en la creencia de que el pecador escucha la predicación, ve la manifestación de milagros o pasa por un proceso de liberación por parte de un ministro que alega tener un «ministerio de liberación» (el cual no es bíblico) y el pecador alegadamente se convierte.

Pero ¿en qué se convierte? Se convierte motivado por alguna de las circunstancias antes mencionadas, haciendo alegadamente, un buen “uso” de su libre albedrío, dando a entender el hecho de que, no necesitó de la gracia de Dios para tomar la decisión de aceptar a Cristo.

Sin embargo, para este sistema de salvación, la persona a pesar de haber aceptado a Cristo, lo que se trata de un dogma sin sustento bíblico, aún no es salva hasta que se compromete a participar del bautismo por inmersión en las aguas, donde presuntamente viene a ser una nueva criatura por el hecho de que con el agua, se le “van” los demonios.

Pero aún no está a salvo, porque tiene que recibir el Espíritu Santo para hablar en lenguas y danzar en el Espíritu.

Pero con todo y eso aún no es salvo, porque tiene que mantener la salvación mediante el cumplimiento de los dogmas iglesieros, orando y ayunando.

Por lo tanto, el sistema evangélico pentecostal y carismático en la isla no es más que un purgatorio católico medieval, del cual los ministros competentes en un nuevo pacto, tienen el compromiso de liberar la conciencia del pueblo cristiano evangélico de semejante campo de concentración espiritual.

Antes de entrar de lleno en el tema, les tengo que recordar que, para entender el nuevo pacto, hay que conocer el antiguo pacto; solo así se puede interpretar de manera correcta el nuevo pacto.

El antiguo pacto no se trata de literatura cristiana, así como tampoco Jesús fue cristiano y mucho menos el fundador del cristianismo trinitario. Esta es una realidad histórica que solo puede ser comprendida a través del desarrollo de un pensamiento crítico.
Para hablar sobre el tema del Espíritu Santo, tenemos primero que entender, desde la perspectiva del antiguo pacto, ¿quién es Dios?

Juan 4:24 (RVR1960)
Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.

Hermanos, mientras que los seres humanos somos parte de la materia —por el hecho de que tenemos masa y ocupamos un lugar en el espacio—, Dios es de una naturaleza distinta.

Dios es Espíritu, como el viento, de manera que no forma parte de la materia que compone el universo. Por tal razón, Juan 1:18 nos dice que nadie jamás ha visto a Dios, sino que se dio a conocer habiéndose hecho semejante a los hombres en Emanuel, según Mateo 1:23.

A pesar de que Jesús de Nazaret fue criado en el estricto cumplimiento de la ley mosaica dentro de la religión de los judíos, nos enseñó la necesidad de tener un pensamiento crítico cuando juzgó la estructura religiosa de los fariseos al decir:

Marcos 7:13 (RVR1960)
invalidando la palabra de Dios con vuestra tradición que habéis transmitido. Y muchas cosas hacéis semejantes a estas.

Este pasaje se relaciona íntimamente con lo expuesto por Jesús en Mateo 23:1-36, donde denunció la religión de los fariseos desde adentro. Jesús señaló que los escribas y fariseos se sentaban en la cátedra de Moisés para dar sus propias interpretaciones de los pasajes de la Torá, exponiendo así la hipocresía de estos líderes que imponían cargas pesadas al pueblo, haciéndole imposible la entrada al reino de los cielos.

Permítanme explicarles que tanto la oración como el ayuno no son las mejores armas en contra de Satanás y sus demonios, según la tradición pentecostal criolla ha impuesto bajo la influencia de la herejía conocida como el Movimiento de la Lluvia Tardía de finales de los años 40.

Acudimos a la oración y al ayuno como ejercicios relacionados con actos de fe, con el fin de vaciarnos de nosotros mismos y hacernos nada delante de un Dios Santo por causa de nuestro ego —el cual se niega a morir—, para permitir que Jesús de Nazaret pueda llevar a cabo su obra apostólica por medio de nosotros.

El conocimiento pleno que tenía Jesús de Nazaret de los rudimentos de la religión de los judíos basados en la ley de Moisés y la tradicion de los ancianos, le permitió desarrollar un pensamiento crítico. Este lo facultó para denunciar a las autoridades del templo, quienes habían convertido la casa de Dios —el lugar a donde el pueblo de todas las naciones acudía a humillarse delante del único Dios verdadero— en una cueva de ladrones (Marcos 11:17).

De manera que un cristiano que desarrolla un pensamiento crítico suficiente como para discernir entre una doctrina bíblica y una mentira sustentada en tradiciones iglesieras, se convierte en un peligro para el reino de las tinieblas. Este reino opera por medio del engaño, el mismo que utilizan diversas denominaciones para ejercer dominio sobre la cristiandad cuando imponen: «Esto es en lo que vas a creer porque es bíblico», anulando toda posibilidad de cuestionamiento.

Y es que la manera más sutil con la que las instituciones religiosas esclavizan a sus miembros es negándoles el acceso al conocimiento fiel sobre las doctrinas relacionadas con la revelación del reino de los cielos, el cual fue el mensaje principal de Jesús en su ministerio terrenal.

Mientras que solo mencionó en dos ocasiones la palabra «iglesia» —proveniente del término griego ekklēsía—, la cual no se refiere a una estructura religiosa o edificio, sino a una asamblea o reunión de personas convocadas con un propósito específico.

Tenemos que comprender que los miembros, motivados por el amor ágape de Cristo, siempre van a sentir el anhelo de permanecer unidos al cuerpo de Cristo con el propósito de escudriñar la enseñanza bíblica, orar los unos por los otros y partir el pan en la mesa del Señor.

Los prosélitos afiliados a instituciones religiosas suelen decir que «la iglesia tiene que salir de las cuatro paredes», cuando en realidad la iglesia eres tú, que sales a la calle todos los días con la responsabilidad de despojarte de todo celo denominacional para permitir que el amor de Cristo se exprese a través de ti mediante un buen testimonio en tus relaciones interpersonales.

Por lo tanto, el propósito de cada cristiano no es convencer a las personas para que visiten la institución religiosa donde se congregan, sino anunciar la llegada del reino de los cielos. Se trata de explicar a los inconversos que Dios ha provisto la vida eterna para los hombres, quienes hoy estamos y mañana ya no.

Recibimos la vida eterna por medio de la fe en que Jesús murió como si hubiera sido el más grande pecador —a pesar de que jamás cometió pecado—, para que nosotros, siendo pecadores reos de culpa, pudiéramos ser justificados como si fuéramos los más santos.
Así, una vez que somos crucificados juntamente con Cristo para que nuestro ego sea exterminado, podemos recibir el aliento de vida de parte de Dios. Me refiero al Espíritu Santo resucitándonos de entre los muertos para experimentar una vida sacerdotal, la cual trasciende la experiencia terrenal.

Por lo tanto, damos gracias a Dios, quien es bueno, porque ya no tenemos la necesidad de continuar pagando la deuda de nuestro pecado mediante penitencias dentro del sistema iglesiero. Ya no necesitamos estar sometidos a una estructura religiosa engañados con la ilusión de que podemos agradar a Dios por nuestro propio desempeño en la religión.

Esta es una trampa fruto de la reflexión de los académicos evangélicos que promueven el semipelagianismo, afirmando que, después de ser salvo, hay que mantener la salvación mediante el esfuerzo en la religión.

Si no que, el evangelio del reino de los cielos lo que en realidad nos demanda es que nos esforcemos en el desempeño de operar mediante una vida sacerdotal.

¿Sabías que tanto los judíos como muchos cristianos no creen realmente que Dios mismo vino a salvarlos?

La nación de Israel esperaba —según su celo nacionalista y basándose en la idea de que eran el pueblo escogido por Dios de entre todas las naciones— a un ungido que naciera de la unión ordinaria de sus padres, siguiendo la descendencia del rey David.
Los judíos no esperaban que Dios mismo se despojara de su gloria para morar entre ellos como un varón sin mancha.

En su lugar, esperaban a un líder político que culminara con la diáspora de las tribus dispersas de Israel, quien reunificara el reino y le diera fin a la ocupación de los gentiles, estableciendo así el dominio de Israel por sobre todas las naciones.

Jesús fue entregado al gobierno de los gentiles por la simple razón de haber afirmado ser el Hijo de Dios, a pesar de que no existe ninguna disposición en la ley mosaica que prohíba a un judío hacer tal manifestación.

Sin embargo, para quienes habían sido elegidos por Dios desde antes de la fundación del mundo para salvación, Jesús se reveló a sí mismo como el único Dios del pueblo de Israel.

Juan 14:8-10 (RVR1960)
Felipe le dijo: «Señor, muéstranos el Padre, y nos basta». Jesús le dijo: «¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: "Muéstranos el Padre"? ¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras».

Por lo tanto, Jesús era un hombre de carne y hueso que se encontraba sujeto a las mismas debilidades de los hombres; sin embargo, se mantenía santo, unido a su estado de gloria al que llamaba Padre.

Juan 1:14 (RVR1960)
«Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad».

Nosotros, como cristianos, habitamos en un cuerpo de carne y hueso sujeto a pasiones. Sin embargo, Dios nos ha dado su aliento de vida, por lo cual venimos a ser conformados a la imagen de Jesucristo, quien nos devolvió al origen de todas las cosas.

Ya no vivimos guiados por nuestra propia voluntad —la cual se rebela en contra de Dios constantemente—, sino que vivimos sujetos en todo momento a buscar su gloria, así como Jesús se mantuvo sujeto a la gloria del Padre. Dios mismo nos enseñó a adorarle en espíritu y en verdad; y dado que Jesús perdonó pecados (según Mateo 9 y Lucas 7), reconocemos que solo Dios tiene la potestad de perdonar nuestros pecados.

Sin embargo, por causa de un académico considerado católico e influenciado por el paganismo, conocido como Tertuliano (160–220 d. C.), la mayoría de la cristiandad no cree que Jesús es quien se encuentra sentado en el trono de Dios.

En su lugar, han abrazado un concepto moldeado por la filosofía griega, el cual sostiene que Dios envió a su Hijo primogénito como la «segunda persona» de una triada —concepto conocido hoy como la Trinidad— a morir por los pecadores.

Tertuliano fue el primero en utilizar el término en latín trinitas para dar forma a esta doctrina. Él definió la naturaleza del Dios de Israel como un solo ser que existe en tres personas, sosteniendo que Jesús y el Espíritu Santo no eran de la misma sustancia del Padre, sino que estaban subordinados a Él. Al hacerlo, dejó a un lado la literatura judía (la Torá) y obvió el estricto concepto unicitario de la naturaleza de Dios, tal y como el propio Jesús —siendo judío— lo reafirmó:

Marcos 12:29 (RVR1960)
Jesús le respondió: «El primer mandamiento de todos es: Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es».

No podemos hablar del concepto del Espíritu Santo sin definir primero la naturaleza del Dios de Israel desde la perspectiva de la literatura judía.

Sabemos que el santo nombre de Dios se conoce como el tetragrámaton, compuesto por las cuatro letras hebreas YHWH, el cual se considera un nombre impronunciable.

Sin embargo, «Yahweh» es una pronunciación académica moderna en la que al tetragrámaton se le añadieron las vocales del hebreo original para hacer pronunciable el santo nombre de Dios.

Entonces, la definición del nombre «Yahweh» es "El que existe por sí mismo", aquel que no depende de nada ni de nadie para existir.

Por esta razón, resulta imposible sostener la Trinidad católica desde la perspectiva de la literatura judía, ya que Dios es infinito, no forma parte de la materia, no se encuentra confinado a un trono físico, no tiene necesidad de subordinados para ejecutar su voluntad, no está sujeto al tiempo y está presente en todas partes.

Así que es válido preguntar: si la Biblia enseña que «Dios es Espíritu» (Juan 4:24), pero los cristianos trinitarios afirman que el Espíritu Santo es la "tercera persona" de la Trinidad, entonces, ¿por cuántos espíritus está compuesto Dios?

Está claro que los cristianos gentiles de los primeros siglos rompieron con la influencia de los judíos mesiánicos dentro del cristianismo.

Una vez que el reino de las tinieblas centró su persecución en contra de los apóstoles y profetas, la iglesia primitiva cayó bajo el dominio de los obispos. Estos pasaron a ser conocidos en la tradición como los «padres de la iglesia»: académicos gentiles fuertemente influenciados por la filosofía griega.

Dichos líderes comenzaron a diseñar una religión alejada de la influencia del judaísmo. Para ello, iniciaron un proceso de reflexión teológica que duró más de 300 años, en el cual interpretaron la naturaleza del Dios de Israel a partir de declaraciones de Jesús como «Yo y el Padre uno somos» (Juan 10:30). Sin embargo, recurrieron a categorías de la filosofía griega para definir la relación entre el Padre y el Hijo, ignorando la estricta unicidad con la que se define la naturaleza de Dios en el Antiguo Testamento:

Isaías 45:5 (RVR1960)

«Yo soy Jehová, y ninguno más hay; no hay Dios fuera de mí. Yo te ceñiré, aunque tú no me conociste».

Fíjese en que el Espíritu Santo no es descrito en el Antiguo Testamento como una persona que forma parte de una Trinidad, consustancial y coeterna con el Padre —quien a menudo es ilustrado en la imaginería religiosa como un anciano sentado en un trono, semejante al dios Zeus de la mitología griega, junto a un Cristo y un Espíritu Santo en forma de paloma—. Al contrario, en el antiguo pacto, el Espíritu Santo era conocido como el Rúaj HaKodesh, término que significa «el Aliento de Dios».

Así, este aliento divino se ha mantenido activo desde la creación, cuando se movía sobre la faz de las aguas, y fue con este mismo aliento que Dios le dio vida a Adán.

Sin embargo, no debemos confundir el Aliento de Dios con las teofanías, las cuales eran manifestaciones visibles de la presencia misma de Dios, como en los siguientes casos:

✔️ La Shekina es un término rabínico utilizado para describir la manifestación visible de la gloria de Dios en el tabernáculo: una nube luminosa que indicaba que Yahweh moraba en medio de su pueblo.

✔️La zarza ardiente: La manifestación de la presencia de Dios cuando envió a Moisés a Egipto con un propósito especial y le reveló su santo nombre: «Yo Soy el que Soy».

✔️ La columna de nube y la columna de fuego: Manifestaciones que guiaban al pueblo hebreo en medio del desierto.

✔️La teofanía en forma de varón: Cuando Dios tomó forma humana y, acompañado de dos ángeles, visitó a Abraham.

✔️ Melquisedec, rey de Salem: Quien representa una prefiguración de Jesucristo, a quien Abraham dio el diezmo del botín de guerra siguiendo la costumbre de la región.

✔️ El monte Sinaí: Donde Yahweh descendió en medio de fuego, humo, fuertes truenos, relámpagos, el resonar del shofar y la comunicación directa con Moisés.

✔️ El ángel de Yahweh: Un enviado investido con la presencia misma de Dios y facultado para transmitir su voz directa.

✔️ Por otro lado, el Rúaj Ha Kodesh o Aliento de Dios es la manifestación activa del poder divino y de su influencia.

En el Antiguo Testamento, se posaba temporalmente sobre aquellos a quienes Dios había consagrado con un propósito específico —como los jueces de Israel y algunos reyes—, capacitándolos con fuerza, valentía y sabiduría para liderar al pueblo.

De igual manera operaba en los profetas, en quienes se manifestaba el Aliento de Dios para comunicar su voluntad, contener el pecado del pueblo y guiar al pueblo de vuelta a la adoración del Dios verdadero.

Por lo tanto, el Espíritu Santo no es una «tercera persona» de la Trinidad católica que posee a ciertos individuos de forma selectiva para convertirlos en una clase privilegiada de «ungidos», tal como ocurría bajo el antiguo pacto. Hoy opera de manera distinta en todo creyente:
Efesios 2:1 (RVR1960)
«Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados».

En el contexto del nuevo pacto, el pasaje de Efesios 2:1 nos recuerda que antes de la cruz estábamos muertos —no heridos— en nuestros delitos y pecados.

Al considerar la primera parte del verso, «Y él os dio vida a vosotros», comprendemos que la llamada llenura o bautismo del Espíritu Santo consiste, en realidad, en que Dios nos ha impartido su Aliento de Vida, tal como lo hizo con Adán. De esta forma, tras la obra de la cruz, somos resucitados como una nueva creación en Cristo.

Por lo tanto, recibir el Aliento de Dios va mucho más allá de hablar en lenguas, de mujeres saltando y agitando el cabello, o de manifestaciones como supuestas liberaciones y sanidades atribuidas a la imposición de manos de los «ungidos».

El profeta Joel anunció que, en un tiempo futuro, Dios derramaría su aliento de vida sobre toda carne (Joel 2:28). Dicha promesa se cumplió el día de Pentecostés entre los judíos (Hechos 2), y posteriormente se extendió cuando Pedro fue enviado a la casa del centurión romano Cornelio.

Por medio de la predicación de Pedro, tanto Cornelio como los gentiles que se encontraban allí recibieron el aliento de vida y el don del Espíritu Santo (Hechos 10:44-48). Esto marcó el inicio de la operación de la iglesia apostólica de Cristo, fundada sobre la proclamación del mensaje del reino de los cielos para todas las naciones, cumpliendo así la promesa hecha por Dios a Abraham en Génesis 12:3.

Hechos 10:44-48 (RVR1960)
«Mientras aún hablaba Pedro estas palabras, el Espíritu Santo cayó sobre todos los que oían el discurso. Y los fieles de la circuncisión que habían venido con Pedro se quedaron atónitos de que también sobre los gentiles se derramase el don del Espíritu Santo. Porque los oían que hablaban en lenguas, y que magnificaban a Dios. Entonces respondió Pedro: ¿Puede acaso alguno impedir el agua, para que no sean bautizados estos que han recibido el Espíritu Santo también como nosotros? Y mandó bautizarles en el nombre del Señor Jesús. Entonces le rogaron que se quedase por algunos días».

La razón por la cual en Puerto Rico se encuentra retenida la manifestación de los diversos dones dados a la comunidad de creyentes en Cristo es la influencia de pastores caídos, quienes se impusieron durante décadas sobre un pueblo que carecía de capacitación teológica.

Estos líderes, mediante la práctica de la doctrina de los nicolaítas —el control despótico sobre el pueblo, el cual el Señor aborrece según Apocalipsis 2:6 y 2:15—, impusieron un modelo sacerdotal propio del antiguo pacto. Con ello alegaron que el Espíritu Santo solo se manifiesta en los supuestos «ungidos» de Dios, a quienes las teolocas y la cultura pentecostal, beatifican llamándolos simplemente «siervos».

Los pastorados caídos han privado a la comunidad evangélica pentecostal —donde muchos creyentes se ven forzados a fingir en los cultos, para que la congregación estime que tienen al Espíritu Santo — no sólo les han privado de una verdadera capacitación teológica, sino también de recibir el aliento de vida de Dios.

La capacitación teológica la cual es impartida en un discipulado, es indispensable para que la comunidad de creyentes sean instruidos en los fundamentos del evangelio fiel, de modo que puedan proclamar la necesidad que tiene el pecador de ser justificado ante Aquel que está sentado en el trono.

De manera que, el evangelio del reino de los cielos, no se trata de convencer a las personas con una predicación persuasiva, sino que estén conscientes de la necesidad de ser justificados por Dios por medio del arrepentimiento de obras muertas en el caso de los religiosos y de haber rechazado el mensaje del evangelio fiel en el caso de los inconversos.

Así, el creyente es facultado para manifestar el reino de los cielos en la tierra y ejercer una función sacerdotal dondequiera que se encuentre, estableciendo la verdadera adoración a Jesucristo: en espíritu y en verdad.

Tengo la fe de que, algún día, el pueblo cristiano en Puerto Rico recibirá ese aliento de vida de parte de Dios, para salir del letargo y cautiverio espiritual en el que lo han sumido pastorados caídos, afanados con la única idea de gobernar sobre sus propias basílicas.
Confío en que ocurra lo mismo que en los tiempos de aquellos ministros que impulsaron los avivamientos históricos al margen del sistema institucional que olvidó al pueblo secular: hombres de la talla de George Whitefield, John Wesley, Jonathan Edwards y David Brainerd.

No le he pedido al Señor fama, riquezas, ni un templo ostentoso donde se reúna una multitud bulliciosa para alardear de una supuesta capacidad apostólica en la multiplicación de miembros, lo cual no es más que una vanidad propia de gente descarriada.

En cambio, le pido —tal como el Señor le prometió al anciano Simeón, quien esperaba la redención de Israel— que no me deje morir sin antes ver en Puerto Rico, a un pueblo cristiano espiritualmente maduro; un pueblo que rechace el culto voluntario que realizan los domingos, para luego salir de lculto para ir a los restaurantes a jartarse, sin mirar la necesidad ajena.

Para que el pueblo venga a dejar de expresarse enfocados en lo que pueden lograr en lo temporal, para que vengan a ser trasladados a expresarse en términos eternos, manifestando la naturaleza de Jesucristo mediante el fruto del Espíritu Santo.

Deseo ver a los cristianos como buenos ciudadanos quienes, dejen la mala fe de señalar, de insultar, de difamar, fomentando una cadena de odio en contra del prójimo detrás de una computadora, a fin de agradar a un o una lideres sectaria quien padece de falta de atención, para que con su testimonio basado en la manifestación del aliento con el cual Jesús nos dio vida, motiven a otros, para que puedan encontrar el buen camino que Cristo Jesus abrió para que pudiéramos alcanzar la vida eterna.

Hebreos 10:20 (NTV)
«Por su muerte, Jesús abrió un nuevo camino —un camino que da vida— a través de la cortina al Lugar Santísimo».

Por lo tanto, la esencia de recibir el Espíritu Santo radica en la necesidad del pecador —quien es un ser meramente animado por el alma, quien carente de espíritu— de llegar al arrepentimiento tras haber vivido ignorando los mandamientos de Jesucristo.

Así, al ser crucificado y sepultado juntamente con Cristo, el pecador viene resucitar al recibir el aliento de vida de parte de De Jesús el dador de la vida, de manera que, esta nueva creación queda sellada para siempre, haciéndose participante de un pacto de gracia perpetuo. Amén.

Gracia y paz.

Autoría:
Apóstol Juan Calo
Yom Teruah Ministries®
Carolina, Puerto Rico
📨 yomteruahministries@gmail.com
Ministerio De Educación Cristiana Y Apologética, (sin fines de lucro)
"Levantando el testimonio de JESUCRISTO"