#285 15/marzo/2026
¿POR QUÉ DIOS NO QUIERE QUE CREAMOS SER LOS MÁS ESPIRITUALES?
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Pareciera que el fin del cristianismo es convertir a las personas en seres espirituales por medio de la guía de ciertos "escogidos", conocidos como los "ungidos" o "siervos de Dios". No estoy hablando de nada nuevo ni desconocido para nuestros sentidos.
Es cierto que los reformadores denunciaron el proselitismo de los líderes clericales de la Iglesia católica quienes, por medio de la superstición, dominaban la vida del pueblo laico desde el nacimiento hasta el fallecimiento. Sin embargo, la Reforma protestante fracasó en algo: aunque los teólogos reformados defendieron el sacerdocio universal de todos los creyentes y el derecho de cada uno a leer la Biblia por sí mismo, no eliminaron la necesidad de la institución. Mantuvieron una estructura religiosa dependiente de la edificación de templos, altares, alfolíes y, principalmente, de pastores y evangelistas adiestrados.
De hecho, incluso personas del mundo que pertenecieron a una institución y se retiraron a sus hogares —así como aquellos que nunca han tenido relación con la religión— piensan que es imposible tener una experiencia espiritual cristiana sin participar en un culto. Creen que es indispensable reunirse en un templo, la "común comunión" en la obediencia de dogmas eclesiales, dar diezmos y ofrendas, recibir ministraciones y, sobre todo, sujetarse ciegamente a una figura pastoral como representante de Dios en la tierra.
Los elementos que conlleva establecer una determinada secta cristiana —donde sus líderes determinan qué es bíblico y qué no, qué es pecado y qué no— han llevado a la mayoría de la cristiandad a pensar que todo lo que ocurre en el Medio Oriente relacionado con el Estado de Israel tiene una conexión directa con el cristianismo, sin importar la denominación.
En realidad, los elementos que gobiernan al actual Estado de Israel están basados en el fariseísmo talmudista que enseña a rechazar a Jesucristo. Son estructuras que convierten a la gente en fanáticos: una población laica que rechaza la religión y promueve el libertinaje, y un gobierno sionista cuyo dios es el dinero y las armas, con el objetivo de formar el "Gran Israel". Buscan forzar el cumplimiento de profecías mesiánicas sin tomar en cuenta a Dios, tomando el control del Medio Oriente por la fuerza.
Lo más lamentable es que el movimiento sionista cristiano evangélico en los Estados Unidos, por medio de propaganda, convence a evangélicos ingenuos de aportar dinero para forzar el cumplimiento profético, con el fin de que Cristo regrese en su segunda venida. Así, en las redes sociales existen un sinnúmero de personajes que dicen ser cristianos, financiados por organizaciones sionistas, que justifican las guerras de Israel dibujándolas como una "guerra santa" contra las fuerzas del mal. Cada vez que caen misiles, hacen montajes en búnkeres y lanzan conjeturas sobre profecías, manteniendo saciados de dopamina a consumidores de contenido tóxico, en especial a personas inmaduras que se enamoran de estos personajes y los defienden a capa y espada enviándoles dinero.
Nací en 1973 y, desde que tengo uso de razón, fui testigo de los momentos más destacados del movimiento evangélico. Aun con ciertos errores teológicos sobre la salvación y el uso de prácticas pragmáticas para aumentar el número de miembros, existía un furor por predicar bajo la consigna: "una alma más para Cristo". Se enfatizaba la inminencia del rapto, y los ministros llamaban al pueblo a estar conscientes de arreglar sus cuentas pendientes con Dios.
Sin embargo, en estos tiempos postreros, la maldad se escondía detrás de un telón teatral basado en la ideología conservadora anglosajona. Esta ideología ha bendecido las invasiones estadounidenses a naciones soberanas con la excusa de "liberarlas de la tiranía", justificando en realidad el odio, la muerte y el saqueo. Vemos cómo el sistema evangélico ha servido de vehículo para una propaganda que solo beneficia a élites ateas. A estas les conviene que la gente sea "evangélica de la franquicia de derecha radical", enajenada con la idea de que Dios levantó a un presidente republicano —a quien comparan con Ciro el Grande— para establecer un estado teocrático y forzar el cumplimiento de profecías.
Aunque la política de los Estados Unidos no es el tema central de este artículo, como cristianos debemos replantearnos si en verdad los evangélicos son gente en quien se puede confiar, cuando la mayoría son cómplices de líderes que son el némesis de las enseñanzas de Jesucristo, cometiendo crímenes contra la humanidad con impunidad.
Si dejamos atrás esa propaganda barata y estudiamos la historia, nos daremos cuenta de que no se puede comparar a un gobernante moderno, que expresa odio hacia comunidades no anglosajonas y fomenta la idolatría hacia su persona, con el histórico líder del Imperio Persa, Ciro el Grande. A él se le atribuye la primera redacción de los Derechos Humanos en el "Cilindro de Ciro" (539 a.C.). Ciro fue un hombre piadoso y reformador que:
Promulgó la liberación de los esclavizados en Babilonia.
Estableció la libertad de religión.
Promulgó la igualdad entre etnias y el respeto a las culturas.
Permitió que los judíos regresaran a Jerusalén (como relata el libro de Esdras).
NOTA: El relato de Esdras no busca resaltar a Ciro, sino la soberanía de Dios en la historia.
Podemos notar que las obras que muchos consideran "espirituales" o "cumplimientos proféticos" no tienen relación con la proclamación del evangelio del Reino. Existe un vicio de dopamina en el pueblo que les produce la idea de creerse "los más espirituales", los únicos que agradan a Dios o los que "tienen el WhatsApp de Dios". Se atribuyen teologías propias para dominar a una población que vive como náufraga en las redes.
Hermanos, Dios nunca ha pretendido que seamos "los más espirituales", sino que reconozcamos nuestra humanidad y limitaciones, lo cual nos conduce a necesitar diariamente la gracia de Jesucristo. Como dice Romanos 7:24-25: “¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte? Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro”.
La verdadera paz de Cristo solo se experimenta cuando somos humillados por el Espíritu Santo, quien nos revela la desgracia de nuestra alma para que pongamos en práctica la pasión de Jesús: ponernos en el lugar del otro y entender que la gente del mundo actúa así porque es esclava del pecado.
Mi esposa y yo fuimos policías en Puerto Rico, en una división de impacto para bajar la incidencia criminal. Allí recibí una enseñanza objetiva: la sociedad a veces odia al policía no por la persona, sino porque representa al Estado que establece leyes. Por naturaleza, al hombre le molesta que alguien señale sus errores. Proverbios 21:2 dice: “Todo camino del hombre es recto en su propia opinión; pero Jehová pesa los corazones”. Incluso dentro de la cristiandad, a muchos les molesta que sus creencias sean expuestas a la luz de la Palabra.
Cada cual en Adán busca justificarse inventando su propia teología para borrar la conciencia de pecado. De igual manera, la "idea luciferina" de los televangelistas adheridos al movimiento de la "Lluvia Tardía" (The Latter Rain, 1948) propone una interpretación distorsionada de Joel, sugiriendo un derramamiento final mayor al de Pentecostés para que "apóstoles y profetas" establezcan el Reino por la fuerza antes de que Cristo vuelva.
En realidad, en el libro de Joel, Dios no llama a un ejército de "ungidos" para una batalla contra Jezabel (doctrina de los nacionalistas cristianos). Al leer Joel 3:10-12 en versiones como la Peshitta, se entiende que el ejército que Dios convoca es un "ejército infernal" de naciones que se reunirán en el valle de Josafat (Armagedón) para hacerle la guerra al Cordero, y es allí donde Yahweh romperá el poderío de ellos.
¿Dónde dice la Biblia que la iglesia será una institución triunfalista y política en medio de la gran tribulación? Muchos serán sellados, sí, pero la iglesia institucional que ocultó su rebelión bajo una falsa espiritualidad será cortada por su apostasía.
El llamado para estos tiempos no es formar parte del "Ejército de Joel" —una doctrina errónea—, sino reconocer nuestras limitaciones. El único espiritual es Dios (Juan 4:24) y su Palabra. Así como Dios se hizo humano para apiadarse de nosotros, no podemos permitir que conceptos religiosos nos hagan olvidar que somos carne. Dios permitió nuestra debilidad para que podamos tener misericordia de aquellos que aún son esclavos de Satanás.
Mientras muchos cristianos tibios esperan a un líder político que traiga paz, el evangelio del Reino es el único medio para experimentar el gozo. Solo si reconocemos nuestras limitaciones y dependemos de la gracia de Jesucristo, podremos recibir la corona de la vida eterna, viviendo en santidad junto a Él.
Gracia y paz.
Autoría:
Apóstol Juan Calo
Yom Teruah Ministries®
La Caverna del Profeta®
Pentecostales Reformados
Carolina, Puerto Rico
Ministerio De Educación Cristiana Y Apologética, (sin fines de lucro)
"Levantando el testimonio de JESUCRISTO"
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