lunes, 19 de octubre de 2026

5 de octubre de 2026 #319 Autoría: Juan Calo de Yom Teruah Ministries®

 



5 de octubre de 2026 #319 Autoría: Juan Calo de Yom Teruah Ministries®

Facebook: Yom Teruah Ministries, Puerto Rico



📌 Los falsos cristianos, junto a fundamentalistas conspiranoicos, infunden terror en el pueblo de Puerto Rico y pregunto: si el cristianismo nació en Medio Oriente, ¿por qué esa región es hoy mayoritariamente musulmana?

(Artículo de Opinión Analítico / Ensayo Teológico-Político)

🖊️ Como de costumbre, ciertos líderes del sistema religioso evangélico y distintos «pedagogos» que abundan en las redes sociales de la isla buscan manipular la conciencia de los habitantes.
Utilizan la pedagogía para fomentar diversas fobias, con el único fin de provocar una histeria colectiva que resulta ser un negocio lucrativo y sin esfuerzo.

En esta ocasión, me estaré refiriendo al peligroso movimiento evangélico sionista, el cual sacraliza todo lo referente al actual Estado de Israel, llegando incluso a fomentar ciertos proyectos del gobierno sionista que se encuentra cometiendo crímenes de guerra.
Asimismo, me refiero a psicólogos que alimentan la islamofobia, la satanofobia y la vacunofobia, además de atacar la Agenda 2030 en la isla mediante una retórica peligrosa para la salud mental del pueblo puertorriqueño.

En Puerto Rico se ha levantado un grupo de fundamentalistas compuesto por falsas pastoras involucradas en la política mundana y por falsas psicólogas que buscan imponer sus posturas sembrando odio. Lamentablemente, los supuestos “cristianos” evangélicos de la isla son los principales receptores de tales pedagogías.

La pregunta que hay que formularse en estos últimos tiempos es: ¿los cristianos son gente buena en la que se puede confiar?

Vamos a enviarle un fogonazo, al estilo de los galeones españoles, a estos y estas fundamentalistas que fomentan el odio a través de sus pedagogías; fanáticos que, al igual que Adolfo Hitler, siempre buscan culpar a otros de los problemas de la nación.

Es fundamental comprender que, en el año 70 d. C., los romanos sitiaron Jerusalén y destruyeron el Templo judío —tal como lo profetizó JESÚS —, llevando a cabo una devastación que marcó el fin del culto sacrificial y provocó la dispersión del pueblo judío por el Imperio romano.

Es importante señalar que la tierra de Palestina, nombrada así por las autoridades romanas, pasó a ser gobernada tanto por musulmanes como por cristianos católicos, quienes se enfrentaron en varias guerras supuestamente «santas».

Asimismo, estos fundamentalistas y terroristas cibernéticos están utilizando diversos medios para promover una agenda anticristiana: emisoras supuestamente cristianas, las redes sociales e incluso al partido de los supuestos «conservadores» en Puerto Rico.

Los usan para difundir difamaciones, teorías conspirativas y odio contra quienes no piensan como ellos, motivados por la ideología de la actual administración «conservadora» de los Estados Unidos.

Estos grupos sectarios están compuestos por personas influenciadas por demonios, las cuales utilizan la demagogia para hacer creer en el extranjero, mediante mentiras, que Puerto Rico es un arrabal de mala muerte.

Difunden la falsa idea de que en el país se realizan todo tipo de prácticas ocultistas abiertamente en cada esquina, por lo que pregunto: ¿ha visto usted que en nuestra isla se lleven a cabo este tipo de ritos esotéricos de forma abierta por todos lados, como alegan tales terroristas cibernéticos?

Del mismo modo, estos terroristas cibernéticos actúan en la isla motivados por la propaganda de los falsos evangélicos estadounidenses sionistas, quienes defienden todas las políticas del Estado de Israel para promover un odio infundado hacia la comunidad musulmana local.

Estos sectores mienten utilizando la pedagogía para alegar que los musulmanes están llegando desde los Estados Unidos con el objetivo de colonizar a los puertorriqueños, supuestamente casa por casa, utilizando el Corán.

Pregunto: ¿es verdad que la comunidad musulmana en la isla representa un peligro para el pueblo puertorriqueño?
Históricamente, en Puerto Rico los árabes musulmanes han convivido con nosotros en paz y han contribuido a la economía del país.

Por tal razón pregunto: ¿cuánto han aportado las incontables instituciones religiosas cristianas a la economía de la isla?

Sabemos que nada, siendo el sistema religioso cristiano el negocio más rentable que existe. En este modelo, son los propios feligreses quienes asumen la totalidad de los gastos operativos —mediante colectas pro templo—, además de financiar los sueldos de pastores y pastoras adiestrados en institutos.

Históricamente se ha establecido en el ámbito académico que a la comunidad puertorriqueña no le gusta leer, sino que basa sus creencias en la tradición oral del «fulano dijo» o «a mí me dijeron».
Por lo tanto, el puertorriqueño tiende a ser blanco fácil de todo tipo de propaganda basada en la desinformación, en especial de las sectas religiosas locales.

Estos sectores mantienen una agenda dirigida a desorientar al pueblo, haciendo creer a la población que ciertos grupos que se reúnen pacíficamente —ya sea por creencias religiosas, ideologías, filosofías, motivaciones políticas o supuestas agendas ocultas del gobierno— representan un peligro para la sociedad.

Todo esto ocurre a pesar de que la libertad de reunión es un derecho protegido tanto por la Constitución de Puerto Rico como por la de los Estados Unidos.

Por tanto, el gobierno del Estado Libre Asociado no es una teocracia donde solo los cristianos tienen derecho a reunirse pacíficamente; por el contrario, el Estado no puede favorecer a ninguna religión en particular, ya que existe una separación entre la religión y el Estado.
Sin embargo, tanto el gobierno de los Estados Unidos como el de Puerto Rico favorecen a los sectores cristianos por motivos electorales, al representar un volumen considerable de votos.

Trabajé de lleno en la lucha contra el narcotráfico dentro del Negociado de Drogas, Narcóticos, Control de Vicios y Armas Ilegales de la Policía de Puerto Rico. Día a día en la calle, jamás vi a un travesti vendiendo drogas ni cometiendo crímenes violentos en la isla.

Sin embargo, muchos de los deambulantes, así como personas que cometen delitos violentos o dirigen el tráfico de drogas en el país, han tenido alguna relación con el cristianismo evangélico, en especial con el movimiento pentecostal.

Del mismo modo, me encontré con el paradigma de hijos de intelectuales prominentes de la sociedad puertorriqueña metidos en los residenciales públicos, fomentando el trasiego de drogas y dañando a las jóvenes del caserío o de la barriada.
Trabajé en la División de Control de Vicios, donde arrestamos a mujeres, travestis u hombres que ofrecían favores sexuales a cambio de dinero en las calles.

En ocasiones —como un policía que resultó ser cristiano, porque no existe tal cosa como una franquicia llamada «policías cristianos»—, entrevistaba a las mujeres dedicadas a la prostitución. Ellas me contaban que se vieron en la necesidad de abortar debido a su precaria condición social y me expresaban lo traumatizadas que estaban al recordar que, de no haber interrumpido el embarazo, su hijo o hija tendría hoy cierta edad y lo habrían vestido de tal forma.

De manera que estos grupos de supuestos conservadores en la isla y activistas cristianos utilizan tales retóricas —siguiendo la cultura de los WASP estadounidenses— como excusa para cometer crímenes en contra de la humanidad, presentándose como si fueran las personas moralmente aptas que van a arreglar la nación.

Sin embargo, es precisamente por gente como ellos, que tienen el techo de cristal, que estamos como estamos.

El cristianismo ha sido una de las religiones más intolerantes y sangrientas que ha conocido la historia.

La era católica es mencionada en el libro del Apocalipsis:
«Y miré, y he aquí un caballo blanco; y el que lo montaba tenía un arco; y le fue dada una corona, y salió venciendo, y para vencer.» (Apocalipsis 6:2, RVR1960)

Una vez que el emperador Constantino conquistó la fe cristiana y convirtió el cristianismo —originalmente basado en el amor ágape— en una institución religiosa al servicio del Imperio romano, quienes antes eran objeto de persecución pasaron a convertirse en los perseguidores de la humanidad en el nombre de Dios.

¿Qué nos dice el libro del profeta Daniel sobre la operación del espíritu del anticristo?

Leamos:
«Y hablará palabras contra el Altísimo, y a los santos del Altísimo quebrantará, y pensará en cambiar los tiempos y la ley; y serán entregados en su mano hasta tiempo, y tiempos, y medio tiempo.» (Daniel 7:25, RVR1960)

Queda claro que, una vez los obispos de origen pagano divorciaron al cristianismo de sus raíces judías, cambiaron incluso la naturaleza de Dios para imponer el concepto de un dios triuno.
Esta idea se inspiró en las mitologías griega, egipcia y romana, las cuales establecían la existencia de deidades organizadas en tríadas con distintas funciones.

Podemos observar que los judíos de la época de Jesús no creyeron que el Dios de Israel viniera a salvarlos en Emanuel, sino que consideraron a Yeshua ben Yosef únicamente como uno de los tantos enviados de Dios.

Al igual que ellos, los cristianos postnicenos hasta el día de hoy tampoco creen que Dios mismo los vino a salvar en Emanuel.
Esto se debe a que los obispos católicos de origen pagano, influenciados por la filosofía griega, idearon una fórmula filosófica para intentar mantener el monoteísmo de raíces judías mientras preservaban, en la práctica, un esquema de origen pagano.

Para lograrlo, definieron la naturaleza de Dios en tres personas consustanciales y coeternas entre sí que ejercen distintas funciones.
De esta manera consideran a Jesús —al igual que lo hicieron los judíos— simplemente como un subordinado que fue enviado por parte de Dios para salvar al mundo.

Para fines de este artículo, es necesario profundizar en la historia de la doctrina católica conocida como la Trinidad de Dios, una obra filosófica producto de la reflexión tardía de obispos de origen pagano, desarrollada más de tres siglos después de Cristo.

Tertuliano (160-220), un obispo calificado de hereje que perteneció al movimiento montanista, fue el primero en utilizar la palabra «Trinidad» e introducir al lenguaje teológico los términos «persona» y «sustancia», ambos arraigados en la metafísica estoica.

A partir de esta formulación, dividió la naturaleza del único Dios de Israel en tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo, consustanciales entre sí, pero no coeternas.

Tertuliano sostuvo que el Hijo y el Espíritu Santo fueron enviados para llevar a cabo la voluntad de Dios; por lo tanto, al ser enviados, estaban subordinados al Padre. Según su postura, tanto Jesús como el Espíritu Santo surgieron como parte del desarrollo del plan divino dentro de la creación.

Por otra parte, Arrio, presbítero de Alejandría en el siglo IV y fundador del arrianismo, postuló que el Padre es el único Dios absoluto y eterno.

Sus opositores resumieron su postura con la frase:
«Hubo un tiempo en que el Hijo no existía».

Arrio proponía que el Hijo de Dios fue creado en un momento previo a la creación para ejecutar, como el Verbo, el propósito de Dios, mientras que el Espíritu Santo surgía como un ministerio sujeto a la jerarquía del Padre y del Hijo.

Por su lado, Alejandro, obispo de Alejandría (250-326), defendía la consustancialidad y la coeternidad entre el Padre y el Hijo.
Este asunto se discutió en el primer Concilio de Nicea en el año 325, convocado por el emperador romano Constantino I con fines políticos para imponer una postura unificada ante la crisis cristológica generada por las enseñanzas del presbítero Arrio, lo que resultó en la condena del arrianismo como una herejía.

Tanto el presbítero Arrio como sus seguidores fueron exiliados por orden imperial; sin embargo, la controversia continuó hasta la promulgación del Edicto de Tesalónica en el año 380 por los emperadores romanos Teodosio I, Graciano y Valentiniano II.

Los académicos cristianos mienten al afirmar que tal edicto se promulgó para prohibir las prácticas paganas y establecer el cristianismo niceno como la religión oficial del Imperio romano. En realidad, el edicto ordenaba a los pueblos sometidos al imperio aceptar la fe basada en la doctrina de la Trinidad e identificarse formalmente como católicos.

Esta disposición es un claro ejemplo de cómo las instituciones humanas imponen la marca de la bestia al exigir a sus subordinados una lealtad incondicional, ya sea a una estructura política o religiosa.
De este modo, se condenó a otros grupos de cristianos que diferían de la doctrina trinitaria católica —como los arrianos—, quienes pasaron a ser blanco de persecución mientras sus lugares de reunión dejaban de ser considerados iglesias.

Una vez comprendemos que la doctrina de la Trinidad —que tanto defienden los cristianos trinitarios— es comúnmente impuesta por los líderes de las distintas instituciones eclesiásticas para legitimarse como iglesias de «sana doctrina» (cuando en realidad se trata de una construcción filosófica con la cual el Imperio romano se apoderó de la fe cristiana), el panorama queda completamente claro.

Los obispos católicos se valieron de la influencia política del Estado —representada por el arco sin flechas del jinete del caballo blanco— para dominar a los pueblos e intentar establecer el reino de Dios en la Tierra, fuertemente influenciados por la obra de Agustín de Hipona, La ciudad de Dios.

Con todo este trasfondo histórico, se puede comprender por qué, habiendo nacido el cristianismo en el Oriente Medio, hoy dicha región se encuentra dominada por el islam.

Las comunidades cristianas que adoptaron el arrianismo —el cual pretendía definir la naturaleza de Jesucristo a partir del razonamiento humano— y que habitaban la región oriental del Imperio romano, fueron marginadas y perseguidas por la Iglesia nicena católica tras el Concilio ecuménico de Nicea (325 d. C.) y el Edicto de Tesalónica (380 d. C.).

Bajo la presión de los emperadores romanos y los concilios que ratificaron la doctrina de la Trinidad desde una perspectiva filosófica griega, la Iglesia nicena provocó que los grupos arrianos perdieran sus lugares de culto y que sus obispos fueran exiliados, erradicando progresivamente esta corriente de su territorio.

Tenemos que tomar en cuenta que los califatos árabes islámicos lograron una rápida expansión en el Oriente Medio a partir del siglo VII.

Debido a las persecuciones que llevó a cabo la Iglesia nicena en contra de las comunidades arrianas en las regiones orientales del Imperio romano, estas encontraron alivio cuando los califatos islámicos tomaron sus territorios, viéndose liberadas de la opresión católica.

De este modo, mientras la Iglesia nicena florecía y desplazaba su centro hacia Europa, las comunidades arrianas de Oriente Medio —perseguidas por el catolicismo trinitario— pasaron a estar bajo el dominio islámico.

Usted, quien ha sido persuadido por la propaganda de los falsos evangélicos blancos sionistas millonarios estadounidenses y de falsos ministros evangélicos sensacionalistas de las redes sociales —como David Diamond, financiados por la mafia de pastores evangélicos latinos del diezmo y los evangélicos sionistas—, es llevado a creer que el mundo islámico odia al pueblo judío y a los cristianos.

Sin embargo, le sorprenderá saber que los gobernantes islámicos fueron tolerantes en sus conquistas tanto con los judíos como con los cristianos. Esto se debe a que el islam considera «Pueblos del Libro» (Ahl al-Kitāb) tanto a los cristianos como a los judíos no sionistas (aquellos que no respaldan las políticas de los gobernantes del Estado de Israel).

La creencia islámica reconoce que las tres religiones comparten un origen divino al proceder del mismo monoteísmo abrahámico y adorar al mismo y único Dios verdadero.

Asimismo, el islam sostiene que estas tres religiones —el judaísmo, el cristianismo y el propio islam— recibieron revelaciones divinas que dieron origen a sus escrituras sagradas: la Torá para el pueblo de Israel, el Evangelio para los cristianos y el Corán para los musulmanes.

Además, reconoce a los profetas del judaísmo y a Jesús como el enviado de Dios para transmitir su mensaje.

Para que usted lo entienda y deje a un lado los prejuicios infundados inculcados por estos movimientos sectarios fundamentalistas —cuyo fin es apoyar ideológica y financieramente las políticas sionistas del actual Estado de Israel—, es necesario examinar los hechos con objetividad.

En el islam tradicional —sin referirme a organizaciones extremistas o yihadistas como Al Qaeda, el Estado Islámico, el Talibán, Hamás o Hezbolá, las cuales carecen de respaldo por parte de la corriente islámica mayoritaria—, la jurisprudencia islámica contempla un estatus de protección tanto para los judíos no sionistas como para los cristianos que conviven bajo gobierno musulmán.

Bajo esta figura, estas comunidades podían practicar su fe a cambio del pago de un impuesto conocido como yizia y de abstenerse de participar en los asuntos políticos del gobierno.

En este aspecto radica la estrategia de los musulmanes para lograr de manera pacífica que muchos cristianos e incluso judíos se convirtieran al islam, sin recurrir a la fuerza ni a la intimidación.

Esto contrasta con los métodos que utilizó la institución católica trinitaria, respaldada por el poder político imperial romano, la cual recurrió a la persecución contra las comunidades arrianas en la parte oriental del Imperio romano, así como a las Inquisiciones y a las Cruzadas en contra del mundo musulmán en Oriente Medio.

Los gobernantes musulmanes utilizaron incentivos sociales como anzuelo para lograr de forma pacífica la conversión de los cristianos que vivían bajo el gobierno islámico tradicional.

Es sabido que pertenecer a la religión dominante otorgaba acceso a la influencia política y al crecimiento económico. Esto motivó a la mayoría de los cristianos a convertirse al islam con el fin de disfrutar de una total igualdad de derechos.

Por este motivo, mientras el cristianismo católico trinitario se consolidó en Europa occidental como centro político y cultural —y posteriormente en el Nuevo Mundo—, las comunidades cristianas de Oriente Medio quedaron relegadas a ser una minoría en su propia región de origen.

Tenemos que entender que el gobierno español impuso el catolicismo a la manera de un califato mediante el establecimiento de una diócesis, obligando a los habitantes de la isla de Puerto Rico a someterse a las leyes dictadas por la religión del Estado.

Tras la invasión estadounidense el 25 de julio de 1898 y la salida del dominio español de la isla, la colonización norteamericana trajo consigo la llegada de misioneros de diversas denominaciones evangélicas y protestantes históricas entre 1898 y 1900.

Posteriormente, con la llegada del pentecostalismo alrededor de 1916 en el municipio de Ponce, este movimiento creció de forma acelerada debido a las constantes divisiones teológicas que siempre lo han caracterizado.

En una tierra con un fuerte arraigo de brujería, santería, espiritismo y agorería, muchas personas vinculadas a las prácticas esotéricas vieron una similitud entre sus rituales de invocación de espíritus y el énfasis pentecostal en la posesión por el Espíritu Santo.

A raíz de esta convergencia, surgió un sincretismo de culto, reflejado en el curanderismo pentecostal que unge con aceite a los enfermos para una «sanidad divina».

Esta práctica está basada en una mala interpretación de Santiago 5:14-15, pasaje que en realidad aboga por el tratamiento terapéutico de la época —a base de aceites aromáticos y hierbas para aliviar las dolencias de los enfermos postrados— acompañado por la oración de los ancianos.

La práctica de los «despojos» ungiendo con aceite a las personas, las casas y a los niños para protegerlos de influencias malignas, sumada a los cultos de «liberación demoníaca» donde los ministros fingen expulsar espíritus, afecta a personas que, por falta de conocimiento bíblico, terminan en una condición peor que la inicial.
Estas personas llegan incluso a participar activamente en estos cultos mientras practican actos de inmoralidad, como la fornicación de manera habitual.

A causa del acelerado crecimiento del pentecostalismo criollo, los líderes de este movimiento tomaron el control de los medios de comunicación —comenzando por la radio y siguiendo por la televisión—, donde establecieron una especie de califato.

En este sistema, hicieron creer a sus prosélitos que la iglesia constituía un gobierno autónomo en el que los ministros, al mando de sus basílicas evangélicas, podían abusar psicológicamente de la gente sin la intervención de las autoridades locales.

Esta es una realidad que vengo denunciando desde hace años a partir de mi experiencia como expolicía estatal en Puerto Rico.
Como consecuencia de ello, los grupos evangélicos y pentecostales consolidaron un dominio político y social que ejerce una fuerte influencia sobre el gobierno de turno al representar un bloque considerable de votos.

Por esta razón, el sistema iglesiero busca imponerse como el único con derecho de reunión y libertad religiosa en la isla, oponiéndose, al margen de la ley, a que otras religiones o grupos ideológicos se reúnan pacíficamente en espacios públicos.

Esta es una mala costumbre del sistema eclesiástico puertorriqueño que ni el gobierno, ni la prensa, ni las iglesias de sana doctrina deben seguir tolerando.

Una de las peores amenazas para la sociedad puertorriqueña ha sido la proliferación de sectas que actúan como un verdadero castigo para la isla.

Estos grupos, compuestos por terroristas cibernéticos, se dedican a acosar en las redes a todo aquel que no se somete al califato extremista que pretenden imponer, buscando incluso influencia política para llevar a cabo una agenda abierta en contra de las minorías de nuestro país, a quienes por ley se debe respetar.

A usted, que grita a boca llena por las redes sociales que es evangélico, pentecostal, carismático o que pertenece a una congregación histórica, pero se queda callado ante los crímenes de las sectas que proliferan en la isla —las cuales llevan décadas promoviendo una agenda anticristiana y fomentando el odio hacia quienes no respaldan sus patrañas narcisistas, mientras alegan ser los «atalayas» que van a arreglar el país—, permítame decirle que, con su silencio, se convierte en cómplice de estos grupos sectarios que operan al margen de la ley.

Lamentablemente, el sistema eclesiástico evangélico en Puerto Rico, en lugar de proclamar el mensaje de la cruz, la salvación solo por la gracia de Dios y la esperanza de la vida eterna, dando testimonio de un Cristo vivo a través del amor ágape y la tolerancia hacia quienes piensan distinto, se ha desviado de su verdadero propósito para perseguir agendas personales.

Se han encargado de establecer un califato basado en imponer sus propias diócesis, en las cuales descalifican de entrar al reino de los cielos a todo aquel que no se someta a sus caprichos religiosos e ideológicos.

Todo esto lo hacen con el único fin de vivir del cuento a costa de la gente que se reúne en sus basílicas, esperando que les digan qué hacer, como infantes con bobos en sus bocas.

Lo peor es que incluso los políticos —quienes se supone que están comprometidos con proteger y trabajar para el pueblo fomentando la justicia social— le ríen las gracias a estos grupos sectarios en Puerto Rico y los colman de favores.

Estos sectores se han convertido en un verdadero estorbo para el desarrollo intelectual de la sociedad puertorriqueña, la cual necesita urgentemente cultivar un pensamiento crítico para no ser manipulada por la propaganda tóxica y la desinformación que circula en las redes sociales, de la cual solo unos pocos se terminan beneficiando.

Jeremías 4:22 (RVR1960):
«Porque mi pueblo es necio, no me conocieron; son hijos ignorantes y no son entendidos; sabios para hacer el mal, pero hacer el bien no supieron».

En conclusión, la historia nos demuestra que cuando la fe se despoja del amor ágape y se alía con el poder político o el lucro personal, deja de representar el verdadero mensaje de Cristo para convertirse en un instrumento de opresión.

Puerto Rico no necesita más religiosidad basada en el miedo, la manipulación cibernética ni el sectarismo; necesita una sociedad reflexiva, capaz de ejercer el pensamiento crítico y de abrazar la fe desde la libertad de pensamiento, la tolerancia y la verdadera justicia social.

Romper con el silencio y examinar los hechos con madurez es el primer paso para no seguir siendo presa de la ignorancia.

Juan 8:32 (RVR1960):
«Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres».

Gracia y paz.

Autoría:
Apóstol Juan Calo
Yom Teruah Ministries®
Carolina, Puerto Rico
yomteruahministries@gmail.com
Ministerio De Educación Cristiana Y Apologética, (sin fines de lucro)
"Levantando el testimonio de JESUCRISTO"

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