jueves, 28 de mayo de 2026

#294 8/mayo/2026 📌JESÚS NUNCA NOS ENSEÑÓ A APEGARNOS EGOÍSTAMENTE A LA VIDA TERRENAL DICIÉNDONOS: «TE FALTA ALGO».

#294 8/mayo/2026


📌
JESÚS NUNCA NOS ENSEÑÓ A APEGARNOS EGOÍSTAMENTE A LA VIDA TERRENAL DICIÉNDONOS: «TE FALTA ALGO».

* Tema compartido en mi grupo de Facebook: Esto No Te Lo Enseñaron Los Evangélicos

La vida cristiana no consiste en cambiar ciertos hábitos para poner en práctica dogmas religiosos, con el único fin de ser aceptado por una congregación o satisfacer las demandas de una institución. He escuchado a muchas personas que pertenecen voluntariamente a estas organizaciones, motivadas por una conciencia de pecado basada en las reglas que imponen los pastores, decir: «Si el pastor me sorprende haciendo esto...».
Hermanos, nuestra mente fue diseñada para mantenernos vivos; por tal razón, ciertas situaciones activan una alarma de peligro a la cual nuestro cuerpo reacciona con ansiedad. Debido a esto, lamentablemente, el hombre natural es gobernado por el egocentrismo, el cual pone todo el énfasis en el bienestar personal, sin importar cómo la búsqueda de esa comodidad afecte a los demás.

Proverbios 4:7 (NTV)
«¡Adquirir sabiduría es lo más sabio que puedes hacer! Y en todo lo demás que hagas, desarrolla buen juicio».

En nuestra experiencia dentro del ministerio en el cual colaboramos con Jesucristo, nos hemos dado cuenta de que las personas que se identifican como cristianas se vuelven seguidoras incondicionales si les ofreces medios religiosos con los que se sientan conectadas con Dios a través de un celo denominacional. Asimismo, si les ofreces una parafernalia basada en palabrería hechicera, manifestaciones de milagros y promesas de prosperidad material, el resultado es el mismo: se vuelven seguidoras incondicionales.

Todo esto ocurre porque muchos hombres y mujeres responden a las ofertas de las diversas instituciones religiosas debido a que la mente natural no tiene la capacidad de entender el evangelio eterno; ante tal realidad, buscan sustitutos que apelen a su lógica humana.

El hombre no cuenta con la capacidad de elegir ser salvo haciendo uso de su libre albedrío; de tal manera que solo la gracia de Dios capacita la mente humana para entender el evangelio por medio del don de la fe, la cual abre nuestros sentidos espirituales.

Como Satanás ha cegado el entendimiento del evangelio del reino a los religiosos, si les ofreces falsas profecías relacionadas con el fin del mundo o supuestos juicios de parte de Dios basados en hecatombes —con la promesa de que Él librará únicamente a aquellos que se sometan a creer en tales predicciones—, se vuelven tus seguidores incondicionales.
Sin embargo, si les ofreces la sabiduría de Dios por medio del debido estudio de las Sagradas Escrituras, no dudan en rechazarte e incluso en difamarte, por el hecho de que consideran que no sirves para hacer cumplir sus propósitos egoístas.

Para colmo, los del mundo reaccionan con temor, motivados por el ego, ante las falsas profecías que solo promueven agonía en los hombres y mujeres que no están en Cristo. Esto los lleva a decir: «No sé, pero los religiosos están diciendo que va a pasar esto y aquello».

Debido a que la mente natural no puede discernir las realidades espirituales, el cristianismo evangélico moderno se ha basado en un concepto de restauración que busca gratificar el ego de las personas para que se sientan cómodas.

Esto me recuerda a un miembro de una institución religiosa de la llamada «teología de la prosperidad», quien me dijo que yo solamente tenía un conocimiento intelectual de la Biblia. Según él, después de que uno se convierte no es necesario estudiarla, sino que todo se trata de tener comunión mientras se toca el pecho con la mano.

Incluso, esta persona ha adoptado una teología egoísta al pensar que se relaciona con Dios basándose en sus propias emociones. Cree que tiene comunión con el Creador solo por escuchar música sacra y predicaciones cargadas de psicología, las cuales comprometen a Dios con promesas a cambio de «sembrar» —según ellos— para el reino de los cielos.

Todas las religiones —incluyendo el catolicismo, el cristianismo evangélico con sus diversas denominaciones, las sectas pseudocristianas y el mesianismo basado en la teología de un pacto renovado— han tenido éxito al alcanzar a millones de adeptos alrededor del mundo. Los líderes de tales instituciones amasan fortunas porque el centro del culto es antropocéntrico: está enfocado en el bienestar emocional del hombre y no en Dios.

Sin embargo, el mensaje del evangelio del reino no suena atractivo para el hombre natural, ni tampoco para quienes se someten voluntariamente a un sistema religioso que pretende servir, en teoría, al bienestar humano. Esto es así porque Jesús ofrece la vida eterna y el ser coherederos del reino de los cielos para reinar junto con Él, pero a cambio de renunciar a los apegos terrenales.

Jeremías 17:9 (RVR1960)
«Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?».

Nuestro ego nos hace pensar que opera buscando lo que es mejor para nosotros; sin embargo, se basa en apegos emocionales y en el empeño ciego por tener el control de todas las circunstancias.

De esta forma podemos entender el porqué Jesús no le reprochó a Satanás cuando este le ofreció todos los reinos de la tierra, afirmando que le habían sido entregados y que a cualquiera se los daba. En cambio, Jesús lo reprendió cuando lo tentó a adorarlo, tal como lo hacen los hombres por causa de sus apegos a las cosas materiales que solo buscan satisfacer los caprichos del ego.

Tenemos que comprender que, por medio de los apegos emocionales, Satanás mantiene cautivos a los hombres, siendo esta enfermedad del alma la verdadera causa de los sufrimientos humanos.

Tomemos como ejemplo al siervo de Dios, Job, quien no sabía que su devoción al Creador era parte de una disputa cósmica en la cual Dios permitió que le fueran quitados todos sus apegos terrenales. Sin embargo, vemos a través del relato bíblico que Job no se resistió a la prueba, sino que declaró: «Jehová dio, y Jehová quitó». A pesar de su profunda aflicción, la cual llegó a tal extremo que lo llevó a desear no haber nacido, lo único que Satanás no pudo arrebatarle fue su fe en su Redentor, declarando en medio de su dolor lo siguiente:

Job 19:25-27 (RVR1960)
«Yo sé que mi Redentor vive, y al fin se levantará sobre el polvo; y después de deshecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Dios; al cual veré por mí mismo, y mis ojos lo verán, y no otro, aunque mi corazón desfallece dentro de mí».

El relato de la historia del siervo Job es contrario a la creencia popular de estos días, en donde ciertas instituciones religiosas hacen creer a sus adeptos que el reino de los cielos se manifestará en ellos conforme provocan a Dios cantando canciones, o según cómo idolatran a líderes espirituales que presumen tener «el WhatsApp de Dios» y se presentan como superdotados con la potestad de activar lo espiritual.

Otros líderes les hacen pensar que por el hecho de defender un celo denominacional —como ocurre con quienes perseveran en el movimiento pentecostal—, Dios se ve obligado a responder a todas sus peticiones, manteniéndolos obsesionados con esa falsa idea.

En realidad, Jesús tiene el propósito de humillarnos a través de las diversas pruebas que permite a lo largo de nuestra existencia terrenal, con el fin de quebrantar nuestro ego para que podamos sentirnos completos en Él.

Colosenses 2:10-12 (RVR1960)
«...y vosotros estáis completos en él, que es la cabeza de todo principado y potestad. En él también fuisteis circuncidados con circuncisión no hecha a mano, al echar de vosotros el cuerpo pecaminoso carnal, en la circuncisión de Cristo; sepultados con él en el bautismo, en el cual fuisteis también resucitados con él, mediante la fe en el poder de Dios que le levantó de los muertos».

A las personas les resulta muy cómodo el concepto de la «restauración de las emociones» a través de la llamada «sanidad interior», una práctica que solo busca acomodar el ego del hombre mediante discursos elocuentes de personas que hacen alarde de poseer un alto grado académico.

Sin embargo, a esta sociedad —plagada de comodidades y de líderes cristianos que disfrutan de privilegios otorgados por los gobiernos occidentales, aun cuando manifiesten un complejo de persecución por motivaciones ideológicas— no le gusta asumir la responsabilidad de que el pueblo sea lleno de la sabiduría de Dios. Esa sabiduría, basada en principios bíblicos, nos lleva a discernir y a hacer lo correcto, incluso cuando esto conlleve experimentar una «muerte social».

Hermanos, les declaro una verdad bíblica: si no conocen el misterio de la muerte, nunca van a comprender la esencia del evangelio de Jesucristo.

2 Corintios 3:7-9 (RVR1960)
«Y si el ministerio de muerte grabado con letras en piedras fue con gloria, tanto que los hijos de Israel no pudieron fijar la vista en el rostro de Moisés a causa de la gloria de su rostro, la cual había de perecer, ¿cómo no será más bien con gloria el ministerio del espíritu? Porque si el ministerio de condenación fue con gloria, mucho más abundará en gloria el ministerio de justificación».

¿En qué consiste el misterio de la muerte?

Debemos entender que nuestro Dios eterno estableció en la eternidad que se relacionaría con el hombre por medio de un pacto de gracia, el cual fue administrado a través de pactos temporales hasta que se manifestara la plenitud de este con la muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo.

El misterio de la muerte consiste en comprender que el pueblo hebreo salió de Egipto bajo un pacto temporal en el cual Yahweh proveería todo lo que la congregación necesitara, a cambio de que le adoraran incondicionalmente en el desierto.

Sin embargo, una vez que se entregaron a la idolatría al fabricar un becerro de oro para rendirle culto, Yahweh les dio la Ley por medio de Moisés. Al traer este mandamiento al pueblo hebreo, la muerte comenzó a ser administrada sobre ellos debido a su total incapacidad para cumplir con el pacto.

Mientras el movimiento evangélico actual se limita a administrar palabras de consuelo a quienes han sido convencidos de aceptar a Jesucristo —otorgándoles una «certificación» como cristianos—, es imperativo que los pecadores sean expuestos al misterio de la muerte. Es allí donde el ser humano es humillado a tal grado que acepta cargar con su cruz para que su ego sea crucificado; solo entonces podrá nacer como una nueva criatura con el derecho legal de participar en el misterio del Espíritu. En ese lugar, donde la persona ha muerto a los apegos mundanos, comienza a vivir como quien no tiene nada que perder, experimentando el verdadero gozo de la salvación, la plenitud de la gloria de Dios y la paz que sobrepasa todo entendimiento.

La verdadera espiritualidad no se mide por la intensidad de nuestras emociones o por la prosperidad de nuestras cuentas bancarias, sino por el grado en que hemos permitido que la cruz de Cristo anule nuestro deseo de protagonismo. El sistema religioso moderno nos ofrece un camino ancho donde el «yo» sigue vivo, decorado con ritos y música; pero el evangelio del reino nos ofrece un camino estrecho donde el «yo» muere para que Cristo sea el todo en nosotros. 

No busquemos una religión que nos haga sentir cómodos en nuestra condición terrenal, sino una fe que nos transforme radicalmente a través del sacrificio. Solo aquel que no tiene nada a qué aferrarse en este mundo es verdaderamente libre para poseer las riquezas del cielo. Que nuestra meta no sea ser «mejores personas» según el mundo, sino ser nuevas criaturas: muertas al apego y vivas para la gloria de Dios.

Gracia y paz.

Autoría:
Apóstol Juan Calo
Yom Teruah Ministries®
La Caverna del Profeta®
Carolina, Puerto Rico
yomteruahministries@gmail.com
Ministerio De Educación Cristiana Y Apologética, (sin fines de lucro)
"Levantando el testimonio de JESUCRISTO"

No hay comentarios:

Publicar un comentario