#303 15/julio/2026
EN REALIDAD, ¿NECESITAN LOS CRISTIANOS DE PROFESIONALES QUE LES ENSEÑEN A AFRONTAR LOS MOMENTOS DIFÍCILES DE LA VIDA?
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Jesús edificó su iglesia sobre la roca según Mateo 16:18; es decir, sobre su propia fe, la cual se manifestó en la respuesta de Pedro cuando dijo:
Mateo 16:16 (RVR1960) Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.
Pedro manifestó, movido por la propia fe de Cristo en él, una confianza perfecta en aquel que lo sostenía en ese momento.
Santiago 2:14-17 (RVR1960)
Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle? Y si un hermano o una hermana están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada día, y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha? Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma.
El apóstol Santiago hace alusión en este famoso pasaje bíblico al hecho de que la verdadera fe de Cristo se tiene que manifestar en sus discípulos fieles, quienes operan como la iglesia que es el cuerpo místico de Jesús el Nazareno sobre la tierra.
Mateo 20:28 (RVR1960) ...como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.
Sin embargo, el sistema religioso cristiano se embarcó en una agenda proselitista en la cual, en vez de hacer discípulos, se ha encargado de hacer proselitismo en todas las naciones.
Cuando utilizo la palabra prosélitos, me refiero al hecho de que la mayoría de los líderes clericales o eclesiásticos han sido adiestrados para convencer a las personas de que pueden hacer un buen uso de su libre albedrío para venir a Jesús por voluntad propia. Pero ¿cuál es el problema de esto?
El problema estriba en que tales prosélitos llegan a entender que, por el hecho de haber aceptado voluntariamente participar de forma activa en un determinado culto en el cual se mantienen perseverando, Dios tiene una deuda con ellos.
De manera que los prosélitos tienden a malinterpretar pasajes bíblicos tales como:
Hebreos 11:1 (RVR1960) Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.
Juan 14:13 (RVR1960) Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo.
Partiendo de la premisa de que los prosélitos afiliados a distintas instituciones religiosas cristianas entienden que Dios tiene una deuda con ellos basada en el desempeño de la religión que practican, malinterpretan el texto bíblico que se encuentra en Hebreos 11:1, como si se tratara de que Dios se ve obligado a cumplir con todos los deseos temporales que ellos puedan tener.
El pasaje bíblico de Juan 14:13 no se refiere al hecho de que Elohim, basándose en el desempeño religioso de las personas, se vea obligado a cumplir todos sus deseos en lo temporal solo por pedir las cosas en el nombre de Jesús. Es precisamente sobre esta falsa expectativa que los falsos ministros enseñan a decretar y declarar, sin tomar en cuenta la anuencia de un Dios soberano, el cual no está sujeto a acatar la voluntad de nadie para tomar sus decisiones.
En estos tiempos, la iglesia, en vez de manifestar la fe de Cristo, lo que se encuentra manifestando es una rebelión en contra de la cruz del Calvario.
De manera que, en estos últimos días, existe la urgencia de que los términos iglesia y cristiano sean definidos desde la perspectiva bíblica.
La realidad es que un verdadero cristiano, en quien Jesucristo ha puesto fin a su rebelión en contra de la cruz, expresará su voluntad haciendo peticiones con el único propósito de que Jesús sea glorificado para testimonio a las naciones.
Esta perspectiva que crean los prosélitos sobre el desempeño en la religión es la causa de que, al pensar que Dios tiene una deuda con ellos, vivan alimentando falsas expectativas. Piensan que Dios se ve obligado a hacerles la vida fácil, llegando al colmo de pretender que nada perturbe sus vidas tranquilas y perfectas.
Recuerdo que en la iglesia evangélica del barrio, a la cual asistía por costumbre, cada familia ocupaba el mismo lugar donde se sentaban década por década, con el fin de servir como espectadores del programa semanal formalista. Este programa se encontraba diseñado para comenzar de una forma y terminar de tal forma, el cual convertían en el dios de la institución religiosa.
Recuerdo que un día que me encontraba libre en la Policía un domingo, y mi esposa María se encontraba trabajando, decidí visitar la iglesia del barrio. Me senté en una de las bancas y, para mi sorpresa, un matrimonio constituido por personas mayores ni siquiera me saludó. Al contrario, la dama que me conocía me pidió que me echara a un lado para ellos ocupar ese lugar donde tradicionalmente se sientan, para ver qué es lo que van a dar en el programa del culto dominical.
Pero cuando a estos prosélitos les llega el día malo que los saca inevitablemente de su lugar de confort, vienen a expresar amargura diciendo: «Mira lo que Dios nos ha hecho, después de todo lo que le hemos servido». «¿Qué tengo que hacer? ¿Ajunar más?». Muchos de ellos optan por apartarse de la institución religiosa.
Muchos prosélitos optan por estar buscando ministraciones y, para colmo, buscan hacer cumplir las estipulaciones de tales manifestaciones, sin importar el medio que tengan que utilizar para ver cumplidas esas profecías con las que se obsesionan.
Otros optan por buscar ayuda profesional con el fin de ocultar problemas de un alma que no ha sido regenerada por la palabra de Dios.
Por estas razones, vemos a tantas personas que se identifican como cristianas viviendo decepcionadas con la vida al ver que no se cumplen todas sus expectativas en lo temporal, hasta llegar a pensar que Dios las ha abandonado.
Pero como humanos que somos, sujetos a pasiones, es natural que sintamos la necesidad de contar con una persona que nos muestre su amor incondicional en los momentos difíciles.
Por lo cual, todo cristiano que está pasando por momentos difíciles, debido a pruebas que nos pueden sacar de control, tiene la responsabilidad de entender que Jesús nos ha amado con un amor perfecto:
2 Timoteo 2:13 (RVR1960) Si fuéremos infieles, él permanece fiel; Él no puede negarse a sí mismo.
Así como Jesús nació como hombre, sujeto a pasiones como nosotros, se mantuvo fiel a su gloria, lo cual le llevó a ser conocido como el varón perfecto, cumpliendo todo lo estipulado por la ley, manteniéndose fiel a su Padre y amando a su prójimo como a sí mismo, con la condición de que tal obediencia perfecta nos fuera tomada en cuenta como si hubiera sido nuestra propia obediencia.
Si Dios no permitiera las diversas pruebas en nuestro caminar como cristianos, entonces nos convertiríamos en robots programados por la religión, privándonos de la bendición de conocerle cara a cara, tal como lo llegó a conocer su siervo Job.
Las diversas pruebas que nos pueden llegar a sacar de control tienen el propósito de santificarnos para que dejemos los apegos a los bienes temporales; así nos prepara el Cristo Nazareno para poder afrontar las diversas pérdidas y decepciones que experimentamos en la vida.
Como cristianos, tenemos la responsabilidad de dejar de hacer de las situaciones que nos incomodan —las cuales nos pueden llevar a vivir día a día con ansiedad— nuestra religión, para comenzar a ver la vida y la experiencia cristiana desde la perspectiva de Jesucristo.
La fe no se trata de la certeza de que Dios va a cumplir con todas nuestras expectativas en lo temporal; la fe que Jesús ha puesto en nosotros nos lleva a glorificarle en espíritu y en verdad sin importar las circunstancias adversas. No importa la muerte social que conlleve el proclamar las verdades bíblicas que incomodan tanto a los prosélitos religiosos como a los del mundo que se rebelan en contra de la cruz del Calvario.
También como cristianos, debemos tener la certeza de que nos queda poco tiempo en este mundo caído, por lo que en el poco tiempo que nos resta, tenemos que poner todos nuestros esfuerzos en llevar el mensaje de la cruz a toda criatura, inclusive a los prosélitos del sistema religioso, quienes creen que están bien con Dios y no pueden reconocer su rebelión en contra de la cruz debido a su desempeño en la religión.
Trabajando como policía, tuve la lamentable oportunidad de ver cada día lo vulnerables que somos los seres humanos. Vi cómo, en diferentes circunstancias, las personas perdían la vida; inclusive, vi cómo los delincuentes les cambiaban las vidas a ciudadanos decentes, quienes tenían que recurrir a psicólogos por causa de aquellos que, en realidad, tienen necesidad de ser tratados por psiquiatras.
Por tal razón, los cristianos tenemos que expresarnos en términos eternos, reconociendo el hecho de que, con la pasión y muerte de Jesucristo, se le puso fin a nuestra rebelión en contra de la cruz. Así, adoptamos la naturaleza eterna del divino Creador, quien ha preparado moradas en el cielo para que participemos del real sacerdocio en su santo santuario celestial, siendo en un futuro cercano partícipes de las maravillas del reino de los cielos en su plenitud.
Por lo cual, vale la pena llegar a ser conocidos en el reino de los cielos por llevar, sin vergüenza alguna, los azotes de Cristo en nuestro cuerpo, aun sufriendo el rechazo de la familia, del mundo y del sistema religioso tradicional. Sabemos que aquel que es fiel hasta la muerte no nos dejará desamparados, sino que ha puesto en nosotros lo más sagrado del universo: su Santo Espíritu, el cual nos lleva cada día a renovar nuestros pensamientos revelándonos su verdad, para poder ver la vida desde la perspectiva de Dios y no a través del proselitismo de los hombres, quienes solo buscan sacar ventaja de los demás fomentando el abuso de autoridad.
Si hacemos una lista de todo lo que el Príncipe de Paz, desde la eternidad, ha hecho por nosotros —quienes fuimos constituidos como enemigos de la cruz—, no vamos a encontrar excusas para sentirnos deprimidos o para andar retraídos, en lugar de dar a conocer las bienaventuranzas del reino de los cielos a nuestros hermanos en la fe que se encuentran caídos; porque Jesús prometió que haríamos cosas más grandes que Él, no en la manifestación de poder, sino en alcanzar a las naciones con el mensaje de la cruz.
Solamente vamos a experimentar el pleno gozo de la salvación en la medida en que reconozcamos que nos hemos rebelado en contra de la cruz al adoptar creencias religiosas, para luego venir a reconocer que tenemos la responsabilidad apostólica de vivir con un peso ministerial.
Esto implica permitir que el Espíritu Santo nos saque del letargo espiritual y del proselitismo, haciendo las cosas sin buscar recibir algo a cambio, y haciéndolas todas para que Jesucristo Nazareno sea glorificado; solo así podremos disfrutar de los medios de la gracia de Dios, los cuales no están condicionados por nuestro actual estado de ánimo.
Regresando al tema… ¿necesitan los cristianos de profesionales del mundo que les enseñen a afrontar los momentos difíciles de la vida?
La respuesta se halla en la diferencia entre el prosélito y el verdadero discípulo. Mientras que el sistema religioso produce prosélitos dependientes de un evangelio cómodo y de ofertas temporales —quienes al primer golpe de la realidad quedan desarmados y corren a buscar el auxilio de la sabiduría humana—, el verdadero cristiano ha sido cimentado sobre la Roca.
Gracia y paz.
Autoría:
Apóstol Juan Calo
Yom Teruah Ministries®
La Caverna del Profeta®
Carolina, Puerto Rico
yomteruahministries@gmail.com
Ministerio De Educación Cristiana Y Apologética, (sin fines de lucro)
"Levantando el testimonio de JESUCRISTO"

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