31 de agosto de 2026
#311
¿Sabías que el satanismo es nato en todos los hombres y mujeres que no están en Cristo?
🔵 Publicado en Facebook: Esto No Te Lo Enseñaron Los Evangélicos
Génesis 3:6 (RVR1960)
Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella.
¿Sabías que los académicos que se definen como ateos o agnósticos son, en realidad, algunas de las personas más religiosas de este mundo?
Ellos se dedican a estudiar hechos históricos y postulados científicos para intentar probar la inexistencia de Dios. Con esto buscan borrar de sus conciencias la realidad del pecado y defender la ilusión de que el hombre posee libre albedrío, aun cuando hasta los animales se rigen por sus instintos.
Los ateos académicos postulan que, si Dios existiera, ¿por qué se cometen tantas injusticias en el mundo?
Cabe preguntarse: ¿de dónde sacan los ateos tal sentido de justicia?
La Biblia nos ofrece una respuesta objetiva sobre este asunto:
Romanos 2:14-15 (RVR1960)
Porque cuando los gentiles que no tienen ley, hacen por naturaleza lo que es de la ley, estos, aunque no tengan ley, son ley para sí mismos, mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio su conciencia, y acusándoles o defendiéndoles sus razonamientos.
Entonces, reformulemos la pregunta de los ateos:
Si los seres humanos no existieran, ¿habrían ocurrido tantas injusticias como las que conocemos a través de la historia humana, las que nos narra la Biblia judeocristiana o aquellas de las que ni siquiera tenemos registro?
Toda persona que busca borrar su conciencia de pecado por sus propios medios —incluso si no es consciente de su transgresión contra un Dios santo debido al desconocimiento de la ley revelada en Éxodo 20:1-17— puede catalogarse como una persona religiosa.
Me llamó la atención un short de YouTube en el que la figura pública conocida como «Molusco» le preguntó a la abogada Alexandra Lúgaro si en Puerto Rico ocurren actos de discriminación por motivos de libertad religiosa.
La licenciada Lúgaro respondió que, en un país donde el 95 % de la población es creyente, resulta improbable que exista discriminación por ese tema.
Sin embargo, la realidad es que ese 95% de la población en Puerto Rico se considera creyente debido a un contexto social en el que, desde la escuela, se transmitió la idea de que somos una nación “cristiana”. Si se le pregunta a cualquier puertorriqueño —sin importar sus ideales— si cree en Dios, la respuesta suele ser afirmativa.
El hecho de responder así demuestra cómo la sociedad ha sido educada para declararse creyente, independientemente del concepto que cada cual tenga sobre la divinidad, todo ello con el fin de acallar la conciencia de pecado.
No sé quién les enseñó a los pentecostales criollos a entablar una «guerra espiritual» en contra de los practicantes de la religión yoruba, sin entender que el propio culto pentecostal es, en sí mismo, un culto religioso. Debemos comprender que existen personas que encuentran un sentido de seguridad en distintas religiones, sectas pseudocristianas o ideologías, mientras que otras no; esto es algo que hay que asumir con madurez espiritual.
El Espíritu Santo nos despierta a las realidades eternas del evangelio del reino de los cielos para que ejerzcamos en la tierra una función sacerdotal. Nuestro objetivo es establecer la verdadera adoración al Dios verdadero, nuestro Señor Jesucristo, llamando al arrepentimiento «con cuerdas de humano, con ataduras de amor» (Oseas 11:4), sin fomentar el odio ni la violencia.
Como ministro competente de un nuevo pacto, he tenido la experiencia de explicarle a personas que se encuentran apartadas del sistema institucional la verdadera realidad del evangelio, según la revelación del reino de los cielos que nos enseñó Jesús de Nazaret.
Es entonces cuando llegan a comprender que han estado cargando con una culpa y un yugo innecesarios, producto de la manipulación emocional ejercida por líderes adiestrados. Estos mantenedores del sistema religioso conservan activa a su feligresía imponiéndoles un constante sentimiento de condenación, haciéndoles creer que, al apartarse de la institución o del celo denominacional, le han fallado a Dios y a sus autoridades.
Sin embargo, cuando uno confronta a cualquiera de los miembros que participan en los cultos de la isla con la verdad fiel del evangelio de Jesucristo, estos se muestran renuentes a ser cuestionados sobre sus creencias y terminan rechazando las verdaderas disposiciones que establece el reino de los cielos.
Lamentablemente, el falso evangelio que llegó desde Estados Unidos a Puerto Rico trajo en su equipaje la actitud intolerante de la ideología conservadora propia del evangelicalismo blanco anglosajón, la cual busca permanentemente el poder político para perseguir a las minorías que no comparten su pensamiento.
En nuestro caso, al ejercer un ministerio apostólico y profético que rechaza rotundamente las manipulaciones psicológicas con las que los principales líderes evangélicos en Puerto Rico construyen sus plataformas personales, se nos margina por completo.
Ni siquiera nos invitan a sus actividades como espectadores —aunque tampoco nos interesa participar de sus dinámicas—. Asimismo, debido al celo denominacional con el que han sido adoctrinados muchos puertorriqueños, aun reconociendo en privado la veracidad de nuestros planteamientos, prefieren guardar silencio públicamente por temor a la presión social y al arraigado complejo del «qué dirán».
En Juan 3:1-25 vemos cómo el complejo religioso se apoderó de Nicodemo, uno de los rabinos más respetados de Israel. Aunque él reconoció que JESÚS era un apóstol enviado del cielo para enseñar y manifestar el poder del reino de Dios con milagros y prodigios, actuó bajo la influencia del temor al qué dirán.
Jesús de Nazaret conocía el celo religioso que acomplejaba a Nicodemo y que lo llevó a buscarlo de noche para no ser visto por los miembros del Sanedrín. Por esa razón, Jesús le confrontó directamente:
Juan 3:3 (RVR1960)
Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.
Hermano, el cristianismo no consiste en responder a un llamado emotivo al son del piano en un momento de vulnerabilidad o crisis para «aceptar a Jesús como nuestro Salvador personal», creyendo ingenuamente que estamos haciendo uso de nuestro libre albedrío.
Tampoco se trata de que, a partir de esa experiencia, nos convenzamos de que somos inherentemente buenos por las obras que desempeñamos dentro del sistema religioso. Caer en eso nos lleva a pensar que somos los únicos que agradamos a Dios, terminando por fomentar el odio y utilizar la pedagogía religiosa para incitar a otros a perseguir a las minorías que no piensan como nosotros.
Nicodemo cometió un pecado al acercarse al Dios encarnado con una actitud hipócrita, creyéndose una persona piadosa digna de recibir honra divina. Precisamente por esa razón, cuando las enseñanzas de Jesús —el testigo fiel— nos confrontan, nos recuerdan que nacimos desnudos y que nada trajimos a este mundo.
Ante esa verdad, la ilusión de la personalidad que tanto esfuerzo nos cuesta construir como una máscara para el mundo termina por derrumbarse, obligándonos a reconocer que todo lo que somos, lo que hacemos y lo que podemos alcanzar depende únicamente de estar en Cristo.
Frente a esto, le pregunto: ¿usted se ofendería o se enojaría si, al ir caminando por la acera, alguien que pasa a su lado le pisa la sombra?
Usted no puede entender el hecho de que todo lo que vemos y aquellas cosas por las que nos afanamos son solo sombras; no son realidades eternas en sí mismas.
Durante esta semana en la que redacto este artículo, líderes evangélicos sostenidos por el pueblo laico han levantado una controversia al alegar que un grupo de ideólogos del satanismo planea realizar una actividad frente al Capitolio, intentando proyectar este evento como una grave amenaza para Puerto Rico.
Hermanos, pertenecí a la Policía de Puerto Rico y trabajé en las calles de la isla en unidades de impacto contra el trasiego de drogas, armas ilegales y control de vicios, y nunca vi a los evangélicos protestando frente a la casa de un narcotraficante ni frente a las de los criminales de cuello blanco que hacen fortunas lavando dinero.
Por el contrario, a individuos que le han hecho un daño terrible a la sociedad, estos sectores religiosos los suben a sus altares para vender testimonios emotivos que conmuevan a la gente de las barriadas y residenciales públicos, e incluso los nombran pastores.
¿Con qué moral vienen después a quejarse de que una minoría desee expresarse públicamente, asumiendo que sea cierto lo que ellos alegan?
Como ministerio apostólico y profético, tenemos la responsabilidad de orientar al pueblo sobre la verdadera realidad del satanismo. Esta se encuentra íntimamente relacionada con el relato del Génesis, cuando la serpiente antigua convenció con astucia a Eva de que Dios los había engañado al negarles el conocimiento y la capacidad de ser iguales al Creador mediante el uso del libre albedrío.
Tanto Adán como Eva, al creer tal mentira, comieron del fruto prohibido. Desde entonces, la humanidad asumió la presunta potestad de decidir por sí misma lo que es bueno y lo que es malo, dejando a un lado la ley de Dios.
Esa idea innata en el ser humano de creer que posee la autonomía absoluta para determinar el bien y el mal no es otra cosa que la mala semilla que Satanás sembró en su corazón.
Por esta razón, todos nacemos con la semilla del satanismo en el corazón, la cual nos impulsa a rebelarnos contra las disposiciones del evangelio del reino de los cielos. De ahí nace nuestra profunda necesidad de que el Espíritu Santo realice un trasplante divino: que remueva nuestro corazón de piedra y nos otorgue un corazón de carne que alabe a Cristo en espíritu y en verdad (Ezequiel 36:26).
La realidad del satanismo es mucho más cruda de lo que la mayoría imagina:
El satanismo teísta tradicional concibe a Satanás como un ser de luz que supuestamente despertó a la humanidad a la realidad del libre albedrío. Por ello, se enfoca en manifestar una abierta rebelión contra los dogmas del cristianismo institucional. Quienes lo profesan practican la hechicería mediante diversos rituales; una corriente que echó raíces en los países nórdicos como reacción cuando el cristianismo católico obligó a esos pueblos a abandonar sus antiguas costumbres vikingas.
El satanismo estadounidense se conoce mayormente como satanismo laveyano, el cual es de carácter ateo y no cree en la existencia de divinidades, ni en Dios ni en Satanás mismo. Para esta postura, Satanás es solo un símbolo de rebelión, libertad personal, autosatisfacción de la carnalidad y egoísmo racional como motor para alcanzar el éxito individual.
Por su parte, el luciferismo concibe a Lucifer como el portador de la luz que otorgó el conocimiento a los hombres para su superación personal. Según esta corriente, el ser humano debe buscar un equilibrio entre la luz y las tinieblas mediante el ejercicio de su libre albedrío.
El agnosticismo postula que el ser humano no puede conocer ni percibir la existencia de un Dios espiritual o divino. De esta manera, sus defensores pretenden borrar la conciencia de pecado bajo la premisa de que no existe una ley moral ni un destino eterno que juzgue las acciones humanas.
Por lo tanto, afirman que somos nosotros los únicos responsables de nuestras acciones —ya sean buenas o malas—, cuyos efectos solo se reflejarán en la convivencia social.
Vemos cómo estas posturas ideológicas, filosóficas y esotéricas coinciden en un mismo punto: defender el libre albedrío del hombre. De forma similar, los católicos semipelagianos y los evangélicos arminianos adoctrinan a sus prosélitos con el argumento de que Dios le otorgó al ser humano el regalo de la libre elección. Según esta visión, a pesar de su naturaleza caída, el hombre conserva la capacidad inherente de decidir amar a Dios mediante el buen uso de su libre albedrío.
Por causa de este tipo de adoctrinamiento antibíblico y humanista, he visto a cantantes puertorriqueños de música urbana convertidos al sistema religioso evangélico quienes, cuando en la farándula les preguntan cuál fue el motivo de su conversión, responden que se trató de una decisión personal mediante el buen uso de su libre albedrío. Ante esto pregunto: ¿en dónde glorifica a Jesucristo este tipo de confesión antibíblica?
Esta confesión antibíblica es la que estos ídolos faranduleros llevan a un pueblo al que el sistema iglesiero le ha negado el acceso a un conocimiento teológico basado en realidades eternas.
El hombre natural no puede percibir estas verdades mediante la razón; en cambio, interpretan los asuntos espirituales a través de sus emociones. Por eso, cuando uno de sus ídolos confiesa a Cristo desde una tarima, los fanáticos aplauden y celebran, mientras ellos mismos viven en rebelión contra las disposiciones del evangelio del reino de los cielos, lo que representa una terrible incongruencia.
Si entendemos la psicología del movimiento evangélico arminiano y del semipelagianismo del catolicismo romano, podemos comprender el hecho de que sus académicos postulen la idea de que Jesús solo hizo posible que el hombre pueda ser salvo mediante su sacrificio vicario, pero que es “responsabilidad” del hombre responder con fe al llamado al arrepentimiento para salvación, así como perseverar en el desempeño de la religión para mantener dicha salvación.
En cambio, el pensamiento reformado histórico, basado estrictamente en la Biblia, sostiene que el hombre fue destituido de la gloria de Dios y que, por lo tanto, está espiritualmente muerto e imposibilitado de acercarse a Dios por derecho propio.
De manera que el hombre tiene la necesidad absoluta de ser expuesto a la ley de Dios, la cual lo hace consciente del pecado de vivir ignorando las demandas del evangelio del reino de los cielos.
Por esta razón, el hombre natural no puede generar su propia fe, sino que debe responder con la fe que solo Dios otorga a los pecadores elegidos para recibir la justificación por su pura gracia.
Él es el único que tiene la potestad de resucitar a aquellos que, a pesar de estar vivos físicamente, se encuentran espiritualmente muertos en sus delitos y pecados.
El semipelagianismo católico romano y el arminianismo wesleyano evangélico postulan que Jesús ya hizo su parte al ofrecerse como sacrificio vivo en la cruz para el perdón de pecados, pero que el hombre tiene que hacer la suya aceptando la gracia de Dios y haciendo un buen uso de su libre albedrío para poder ser salvo.
De manera que tanto a los del semipelagianismo como a los arminianos wesleyanos, personalmente los llamo «los defensores de Dios», por el hecho de que niegan que el mensaje de la cruz sea discriminatorio. Ignoran que el mensaje de la cruz ofrece el reino de los cielos a los pobres de espíritu y condena al infierno a los soberbios, según Salmos 138:6.
Sino que ambas posturas humanistas ubican a Jesús en la posición de Poncio Pilato cuando pretenden hacer justo a Dios según los términos de los académicos religiosos. Proponen que, cuando Jesús se sentó a la diestra del Padre, se lavó las manos y delegó en el hombre la responsabilidad de escoger su salvación haciendo un buen uso del libre albedrío.
La Biblia nos señala como enemigos de Dios cuando estábamos en el reino de las tinieblas, según Romanos 5:10. En aquel tiempo nos gustaba justificarnos diciendo que creíamos en Dios, pero rechazábamos escuchar las demandas del evangelio fiel cuando el pastor local nos exhortaba a renunciar a nuestros hábitos pecaminosos, mientras murmurábamos para nuestros adentros: «Ah, ese mensaje es para mí».
Hermanos, cuando decimos con boca de jarro de barro que somos cristianos, esto no quiere decir que seamos personas buenas en las que se pueda confiar ciega y automáticamente, como cree la cultura popular carente de entendimiento cuando afirma: «él es cristiano», «ellos son cristianos», «ella es pastora», o «fulano es evangelista o profeta».
Cuando el SEÑOR me reveló esta verdad, comprendí que, al confesar públicamente que somos cristianos, lo que realmente estamos declarando ante el mundo es que fuimos pecadores que vivíamos rebelándonos constantemente contra el mensaje de la cruz del calvario.
De manera que confesar que somos cristianos es similar a reconocer públicamente que fuimos exconfinados que pagamos una deuda ante el pueblo de Puerto Rico, por el hecho de que en el pasado estábamos bajo el cautiverio de Satanás, teniendo una deuda con Dios que no podíamos satisfacer. Sin embargo, por la gracia de Dios, fuimos rescatados y comprados por el precio de la sangre real derramada por nuestro Señor Jesucristo.
Hermanos, una cosa que aprendí trabajando en la Policía de Puerto Rico fue que mi función no era juzgar a la gente por sus infracciones contra la ley, sino expedirles una multa o llevarlos ante un magistrado con el fin de que fueran orientados por el sistema judicial, haciéndoles conscientes de que infringir la ley conlleva pagar las consecuencias.
De manera que el sistema iglesiero religioso en la isla se olvida de que en el pasado estuvo bajo el dominio de Satanás y que tuvo la necesidad de ser rescatado por la gracia de Dios; o es que nunca ha sido rescatado y por tal razón se muestra intolerante con aquellos que continúan en esa condición y necesitan ser rescatados mediante el conocimiento y el poder del evangelio fiel de Jesucristo, el cual nos limpia de todo pecado.
Hermanos, ustedes que están conscientes de que tengo razón en lo que estoy exponiendo sobre cómo los “aleluyeros” evangélicos creen que el gobierno del Estado Libre Asociado de Puerto Rico es una teocracia donde los políticos tienen que favorecer al sistema iglesiero.
Para después alegar con un complejo de persecución que están siendo perseguidos por el solo hecho de que el gobierno permita que las minorías, que los religiosos consideran como una amenaza, se manifiesten o exijan derechos de igualdad en una democracia.
¿Cómo es posible que Puerto Rico esté afrontando una crisis nacional por la sequía —la cual produce gran incertidumbre en los puertorriqueños— y los aleluyeros, quienes se supone que están llamados a ejercer una función sacerdotal tal como lo hicieron Noé, Abraham, Moisés y el profeta Samuel, estén entretenidos con tonterías del mundo?
Pretenden que los habitantes de la nación americana a la cual pertenecemos se comporten como cristianos, de manera que los aleluyeros, motivados por un celo religioso que no proviene de Dios, confunden el egoísmo que manifiestan contra los que no piensan como ellos con la fe de Jesucristo, la cual nos conduce a amar a aquellos que se resisten a creer en el evangelio del reino de los cielos y no están conscientes de las realidades eternas.
No entiendo qué demonio de alta jerarquía se ha metido en parte del pueblo evangélico, que tiene una obsesión por estar metido en la casa de Herodes Agripa, en un lugar babilónico como lo es el Capitolio o casa de las leyes de Puerto Rico.
Allí los políticos se muestran favorables a las peticiones de los aleluyeros solo para ganar votos, pero por detrás dicen: «Ahora nos jodi… con estos religiosos».
La forma más fácil de esclavizar a un pueblo es negándole el acceso a la educación; de esa misma manera opera el sistema iglesiero a nivel cognitivo en la gente.
Pastores adiestrados, junto a evangelistas —o más bien promotores de la religión— y profetas que están al servicio de la mafia del diezmo, se encargan de convencer a los prosélitos de que el gobierno está conspirando contra ellos mediante agendas ocultas.
Hacen pensar al pueblo laico que los del mundo se están comiendo vivos entre sí como si se tratara de una invasión de zombis, asegurándoles que por tal razón tienen que permanecer sometidos al sistema religioso para estar seguros, porque si se van, afuera los está esperando el diablo.
Le proponen al pueblo laico —que no pertenece a ese sistema sacerdotal basado en jerarquías eclesiásticas que pretenden rozar el cielo— la mentira de que solo el pago de diezmos y ofrendas hace posible que se abran las ventanas de la provisión de Dios, mientras privan a la gente de conocer el evangelio fiel basado en la manifestación de la gracia divina en nuestras vidas.
El conocimiento de las doctrinas de la gracia de Dios es lo que le da el derecho legal a cada persona que habita este planeta de tener un encuentro personal con el Jesucristo resucitado. Es el mismo anhelo que tuvo el discípulo Tomás, quien no quería vivir por el testimonio ajeno, sino que deseó tener su propia experiencia de fe para la gloria de Dios.
Por causa de la apostasía del autoproclamado pueblo de Dios, los ministerios de apóstoles y profetas terminan desarrollándose fuera del sistema iglesiero denominacional. Por eso pregunto: ¿por qué los apóstoles del SEÑOR terminaron sus ministerios escribiendo cartas a las iglesias?
Lo mismo ocurrió en los tiempos de los teólogos reformadores salidos del catolicismo, y con predicadores como George Whitefield, John Wesley, Jonathan Edwards o el misionero a los nativos americanos David Brainerd.
Históricamente, denunciar el abuso de poder del sistema religioso conlleva ser condenado a una muerte eclesiástica, en la cual el sistema organizado procura guardar silencio —sin decir nada, ni para bien ni para mal— con respecto al ministerio apostólico y profético desde el cual llevamos a cabo la misión, con tal de que el pueblo no tome en cuenta los artículos que escribimos.
Porque esto no es cuestión de que el pueblo evangélico nos dé la razón; serán los apóstoles y profetas los que servirán de testigos el día del juicio final. Ese día, Dios condenará las malas obras de aquellos que se autoconstituyeron como el pueblo de Dios mientras se hacían partícipes de las injusticias que cometieron sus líderes eclesiásticos en el nombre de Dios.
De manera que toda ideología, corriente religiosa, esotérica, mística, filosófica o política que pretenda convencernos de que poseemos la capacidad de elegir lo que consideramos bueno o malo según nuestro propio criterio —sin tomar en cuenta la ley de Dios— busca hacernos vivir bajo la ilusión de que podemos moldear nuestro propio destino y el de la nación.
Pretenden lograrlo mediante una pedagogía enfocada en fomentar el odio hacia los que no piensan como ellos, ignorando el consejo divino.
Esta realidad de nuestra sociedad, en la que ciertos grupos se han convencido de que son «los buenos» que determinan quiénes son «los malos», representa una amenaza real para el pueblo de Puerto Rico.
Ni el agnosticismo, ni el satanismo laveyano, ni el pensamiento arminiano o semipelagiano pueden ofrecer una respuesta real a la condición del ser humano. Todos parten de la misma premisa engañosa: poner al hombre en el centro y reducir a Dios a un mero espectador.
Pero la Escritura es clara: la salvación es del Señor de principio a fin. Mientras el sistema iglesiero continúe entreteniendo a la gente con promesas humanas y miedos infundados, nosotros seguiremos apuntando a la cruz y a la gracia soberana que rescata a los perdidos.
Quien tenga oídos para oír, que oiga.
Autoría:
Apóstol Juan Calo
Yom Teruah Ministries®
Carolina, Puerto Rico
yomteruahministries@gmail.com
Ministerio De Educación Cristiana Y Apologética, (sin fines de lucro)
"Levantando el testimonio de JESUCRISTO"

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