12 de septiembre de 2026
#314
Tema: Hablamos de la historia de la tradición religiosa basada en la superstición relacionada con el castigo de Dios contra Puerto Rico
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Tenemos que tener claro el hecho de que Puerto Rico es una colonia desde 1508, cuando el régimen español estableció su presencia permanente en la isla con Juan Ponce de León como primer gobernador.
Con la bula conocida como Romanus Pontifex, del 8 de agosto de 1511, promulgada por el papa Julio II, se dio paso a la creación de la diócesis católica en la isla, conocida como San Juan Bautista, siendo ésta una de las primeras del Nuevo Mundo.
Debemos entender el hecho de que la segunda bestia que surge de la tierra, mencionada en Apocalipsis 13:11, NO está relacionada estrechamente con el supuesto futuro gobierno del Anticristo. Se trata, más bien, de la fusión entre la religión institucional y el Estado político, conocido en la Biblia como Babilonia.
En este sistema, los sacerdotes o profetas de la religión institucional imponen la autoridad de los monarcas del Estado utilizando a sus dioses y espiritualizando un castigo divino por la desobediencia.
¿Qué implicaciones trajo la bula o decreto papal en la isla cuando se impuso el catolicismo como religión oficial?
Este acontecimiento establece el hecho de que el régimen estatal español y la Iglesia católica quedaron unidos. De esta manera, ser prosélito o laico de la religión católica era obligatorio, por lo que otras expresiones religiosas, como las de los taínos o las creencias yoruba de los esclavos, fueron prohibidas y perseguidas.
¿Sabías que el régimen católico español en la isla de Puerto Rico estableció una inquisición en la diócesis de San Juan?
Esta estuvo al mando del obispo don Nicolás Ramos, quien, en 1591, ordenó la ejecución en la hoguera de tres mujeres esclavas quemadas vivas por ser reincidentes en la práctica de la brujería.
Hermanos, el texto que aparece en la Carta a los Hebreos 11:1 ha sido uno de los versículos predilectos de la institución religiosa cristiana para promover la fe ciega del pueblo laico.
Sin embargo, la verdadera fe no puede anular el uso de la razón, por cuanto la fe genuina que nos otorga Jesucristo exige evidencia documental. Es por ello por lo que Dios nos otorgó la Biblia como evidencia escrita, para que tengamos la certeza o seguridad de que:
1. Dios va a cumplir con todas sus promesas en Cristo Jesús.
2. La convicción se relaciona con el desfile de evidencia que nos provee la Biblia, mientras que la presencia permanente del Espíritu Santo en cada creyente nos revela las realidades eternas del Reino de los Cielos, las cuales no pueden ser percibidas por nuestros sentidos naturales.
Si nos basamos en estos hechos históricos, podemos demostrar que el argumento tradicional religioso —según el cual la «Isla Bendecida del Cordero» es una nación cristiana, catalogada como la «segunda Israel» o pueblo escogido entre las naciones de donde han salido más ministros a predicar el evangelio al mundo— se trata únicamente de un mito.
Este fue fabricado por la Inquisición que llevó a cabo la diócesis católica de San Juan Bautista en la isla en contra de toda expresión opuesta a la tradición católica.
Por tal razón, debemos tomar en cuenta el hecho de que los antiguos behiques o chamanes taínos, quienes eran los líderes espirituales en el Caribe, ayunaban por periodos prolongados de meses. Asimismo, por medio de la fabricación de un polvo que los inducía a entrar en trance, alegaban que se comunicaban con los cemíes. Una vez salían del trance, podían expresar la voluntad de sus divinidades, así como su descontento, el cual adjudicaban a la aparición de enfermedades y a la manifestación de fuertes vientos y lluvias.
Si bien es cierto que la diócesis de San Juan Bautista fue una de las primeras establecidas en el Nuevo Mundo. Sin embargo, la superstición de que Dios “castiga” a Puerto Rico o a las naciones por no someterse a la religión institucional no forma parte de la estructura dogmática del catolicismo romano.
Para entender por qué en estos tiempos modernos —tanto en Puerto Rico como en el Caribe, Centroamérica y Suramérica— los movimientos pentecostales y las sectas pseudoespirituales de atalayas maldicen a la isla por el pecado de sus habitantes al no someterse al régimen religioso institucionalizado, tenemos la necesidad de comprender en qué consiste la interpretación teológica de la época medieval conocida como el providencialismo católico medieval.
Esta postura era una interpretación mediante la cual el clero católico ejercía la autoridad del Estado, sometiendo al pueblo laico a través de la creencia de que Dios castiga activamente a las naciones por no acatar las reglas morales y eclesiásticas de la «madre Iglesia católica».
Hermanos, la teología conocida como el providencialismo católico medieval fue inculcada en el pensamiento de la población criolla de la isla por el régimen español católico como un arma para someter a la población, la cual explico de la siguiente manera:
1. La misión liberadora de Cristo y la adoración verdadera:
Lo primero que tenemos que entender es que, mientras Jesús tuvo como propósito en su primera venida levantar el tabernáculo caído de David —es decir, la adoración en espíritu y en verdad—, dedicó su ministerio a revelarnos las realidades eternas del Reino de los Cielos. Esto con el fin de liberar nuestras conciencias de todo yugo temporal, permitiéndonos servirle como sacerdotes de la verdadera adoración a Dios en espíritu y en verdad, mediante el cumplimiento de la misión apostólica de dar a conocer el Reino de los Cielos a toda criatura.
Sin embargo, la bestia que surgió de la tierra tiene el propósito de imponer el dominio de Satanás sobre los moradores de la tierra, mayormente a través de la religión institucional cristiana. A estos los esclaviza mediante la ignorancia bíblica y la creación de diócesis católicas, diócesis evangélicas y sectas pseudoespirituales que imponen sus dogmas basados en las reflexiones de los hombres.
Dichos líderes niegan el acceso a la verdadera revelación bíblica a quienes consideran como «laicos» o cristianos de segunda categoría, a los cuales ni siquiera se les permite vestirse como el resto de la jerarquía eclesiástica.
Les cuento que en una ocasión visitamos una institución religiosa de los Defensores de la Fe. Durante el culto, el pastor comentó que un predicador había asistido como invitado sin incluir la corbata como parte de su vestimenta eclesiástica. De forma altisonante, el pastor afirmó que el predicador bien sabía que en esa institución religiosa no se podía predicar sin corbata.
Este legalismo, expresado por un pastor adiestrado por la institución religiosa, demuestra que solo le importó mantener un celo denominacional. Dicho celo establece una diferencia en la forma de vestir entre la jerarquía eclesiástica y el resto del pueblo laico, a quienes les imponen la creencia de que la uniformidad en la vestimenta es la característica de la «iglesia sin mancha y sin arrugas». Un ejemplo de esto ocurre en la Congregación Mita, donde el pueblo laico debe vestir de blanco.
Ocurre lo mismo con las sectas carismáticas que fomentan la ideología del Movimiento del Nuevo Pensamiento surgido en la década de 1830 en los Estados Unidos.
La teología de la prosperidad —la cual tiene apariencia de cordero, pero blasfema delante de Dios— idealiza a los líderes espirituales de dichas sectas como seres deificados que se dan a conocer como los «ungidos de Dios». Según esta falsa interpretación teológica, estos líderes afirman contar con la capacidad de reclamar derechos como hijos de Dios e invocar las potencias del cielo para utilizarlas a favor del bienestar terrenal de los hombres.
Tales prácticas, como los llamados «actos proféticos», aparentan ser manifestaciones piadosas —al igual que las adictivas ministraciones proféticas—, cuando en realidad solo representan la práctica de la hechicería dentro del cristianismo institucionalizado. Estas costumbres están basadas en supersticiones que constituyen una clara desviación de la verdadera fe cristiana.
Suelen decir que Satanás es el peor enemigo de los cristianos, cuando en verdad son los ministros ordenados por las diferentes instituciones religiosas los que imponen la doctrina de los nicolaítas (Apocalipsis 2:15). Estos líderes ejercen un dominio total sobre la vida del pueblo laico desde que nace hasta que muere.
2. La potestad de la Iglesia y el castigo colectivo:
El providencialismo católico medieval se regía por la creencia de que el Reino de los Cielos estaba representado en la tierra por la «Santa Madre Iglesia Católica», la cual poseía la potestad de imponer ciertas reglas morales a la población.
De esta manera, si la sociedad se desviaba de acatar las reglas morales impuestas por la Iglesia, la providencia de Dios intervenía colectivamente en contra de los habitantes de dicha nación. Así, la población debía sufrir la retribución por sus pecados y por darle la espalda a Dios, con el fin de que fuera restaurado el orden moral según lo establecido por la institución eclesiástica.
De aquí podemos entender por qué las sectas de atalayas proclaman, tanto dentro como fuera de la isla, amenazas de un inminente castigo manifestado en una hecatombe para Puerto Rico. Según estos grupos, luego de dicho desastre ocurriría un supuesto «gran avivamiento espiritual».
Sabemos que estas personas, influenciadas por demonios, no tienen base bíblica para fabricar tales montajes ni para pretender legitimarlos espiritualizando su discurso o hablando lenguas sin entendimiento e impunidad.
Esto ocurre en gran medida porque las congregaciones históricas se muestran renuentes a condenar como herejías tales afirmaciones supersticiosas. En el fondo, de alguna forma, estas falsas profecías les convienen para mantener a cierta parte de la población en cautiverio espiritual mediante un falso sentido de seguridad personal y familiar por el solo hecho de pertenecer a una institución religiosa.
Estos falsos atalayas se la pasan dando tales presagios motivados por la tradición del providencialismo medieval del antiguo régimen español católico que dominó a la población criolla de la isla. Con el tiempo, dicha corriente llegó a formar parte del folclor religioso e incluso caló en la población secular supersticiosa.
Lamentablemente, la interpretación teológica de un inminente juicio y castigo para Puerto Rico ha sido popularizada durante décadas por celebridades de las diócesis pentecostales y por grupos sectarios pseudoespirituales que abundan en la isla. Esto lo hacen con el fin de ejercer un dominio sobre la mentalidad supersticiosa puertorriqueña, a la cual las instituciones evangélicas han privado de una debida educación teológica y bíblica.
3. El uso de modelos del Antiguo Testamento y el interés económico:
Los líderes sectarios pentecostales criollos y los atalayas pseudoespirituales utilizan modelos de culto basados en el «viejo hombre» del Antiguo Testamento para justificar estos mensajes de un inminente juicio y castigo sobre los habitantes de Puerto Rico por no querer someterse a la mafia eclesiástica que exige el pago de diezmos a cambio de ofrecer servicios religiosos:
A. Sabemos que la Constitución del Estado Libre Asociado de Puerto Rico estipula en su Artículo II, Sección 3, lo siguiente:
«No se aprobará ley alguna relativa al establecimiento de cualquier religión ni se prohibirá el libre ejercicio del culto religioso. Habrá completa separación de la iglesia y el estado».
Sin embargo, las cúpulas de los líderes evangélicos y las diferentes ramas denominacionales han establecido durante décadas —incluso en círculos seculares de educación— el mito de que Puerto Rico es «el segundo Israel», la Isla del Cordero elegida por Dios para llevar el evangelio a las naciones.
De esta manera, pretenden equipararnos al antiguo pueblo de Israel, cuyos miembros nacían como israelitas y tenían la obligación de permanecer observando fielmente la ley de Moisés.
La mafia religiosa en la isla se encargó de aplicar a los habitantes gentiles de Puerto Rico el mismo contexto bajo el cual nacían los descendientes de Israel en el antiguo pacto. De este modo, han amenazado continuamente a la población pecadora puertorriqueña con la narrativa de la manifestación de un inminente juicio divino.
Para lograr sus objetivos —los cuales no son otros que poner en cautiverio la conciencia de la población y vivir a costa del pueblo ignorante—, han articulado relatos bíblicos como el diluvio universal y la destrucción de las ciudades de Sodoma y Gomorra.
Condenan así el homosexualismo como el pecado más abominable delante de Dios, junto con el aborto, utilizando para este último la analogía del antiguo culto a la potestad de Baal —donde los cananeos sacrificaban a sus primogénitos en los lugares altos—. De esta manera, abogan por la imposición de leyes punitivas por parte del Gobierno para prohibir tales prácticas.
Por tanto, sabemos que el antiguo pueblo bíblico de Israel se encontraba continuamente bajo la amenaza de los antiguos profetas sobre la manifestación de la ira de Dios. Esta se materializaba mediante la invasión de Israel por parte de diferentes imperios históricos, así como con sequías y hambrunas, a causa del pecado de sus reyes idólatras, sus líderes y jueces que torcían la justicia dejándose sobornar, y sus pastores, quienes no eran más que ladrones.
B. La teología católica medieval, conocida como el providencialismo divino, nunca buscó explicaciones científicas para conocer la procedencia de las pandemias colectivas, las derrotas en batallas de los pueblos cristianos o las malas cosechas, sino que buscaba causas estrictamente espirituales.
Las armas del juicio divino según el providencialismo medieval
¿Cuáles son las armas que supuestamente utilizaba el dios de los católicos romanos para llevar a cabo su actividad enjuiciadora según la teología providencial medieval?
1. Las pandemias y pestes (La Peste Negra):
La pandemia conocida como la Peste Negra, ocurrida en el siglo XIV, cobró la vida de aproximadamente 200 millones de personas. Se estima que tan solo en el continente europeo pereció cerca del 60 % de la población.
Sin embargo, la causa científica de dicha pandemia fue la bacteria Yersinia pestis, presente en los roedores y transmitida principalmente a los seres humanos a través de las pulgas de las ratas.
Por ello, la comunidad médica comenzó a quemar los cadáveres y sus vestimentas, aplicando la cuarentena (un principio de aislamiento sanitario con antecedentes en los textos bíblicos) para contener la expansión de la pandemia.
Sin embargo, al igual que ocurre hoy con las corrientes evangélicas conspiranoicas y anticiencias manifestadas en el último siglo, los religiosos europeos del siglo XIV coincidían unánimemente en espiritualizar la Peste Negra. Así, la adjudicaban a una manifestación activa de la ira del dios católico como castigo por el pecado de la población.
A causa de esta errónea interpretación sobre la manifestación de la ira de Dios, surgió el fenómeno de multitudes que salieron a las calles a humillarse flagelando sus cuerpos públicamente. Esto constituyó una abierta rebelión contra la condena del apóstol Pablo al culto voluntario y al duro trato del cuerpo en Colosenses 2:23, todo con la intención de aplacar el “castigo divino”.
Partiendo de esta premisa sobre la mala interpretación de la teología providencialista católica medieval, podemos comprender el origen y propósito del evento conocido como «Día de Clamor a Dios». Este acto es organizado anualmente por líderes religiosos pentecostales frente a lo que simbólicamente representa la casa de Herodes —en contubernio con la política, cual moderna Herodías—.
A través de esta plataforma, adoctrinan a la población promoviendo la narrativa de que Dios ha tenido misericordia de Puerto Rico gracias a la intercesión de estos líderes eclesiásticos, a quienes se les atribuye el mérito de merecer honra con oro, plata y piedras preciosas, mientras mantienen a un pueblo laico que adopta una máscara religiosa y se humilla falsamente delante de Dios.
2. Las derrotas militares frente a pueblos extranjeros e imperios:
Las batallas perdidas por los pueblos cristianos ante las invasiones vikingas y el avance del Imperio otomano musulmán eran interpretadas, según la teología providencialista católica, como un «ay» o castigo que Dios permitía debido a la falta de fe de la población.
3. El mandato 3 divino de los monarcas y las maldiciones territoriales:
Bajo el pensamiento de la teología providencial católica, los monarcas poseían un mandato divino sustentado en pasajes como Daniel 2:21. De esta manera, atribuían la manifestación de maldiciones sobre todo un territorio a los pecados del propio monarca o al hecho de que este permitiera la proliferación de la herejía en su región.
Por esta razón, la jerarquía eclesiástica católica recurría a negar el acceso a los sacramentos —sin los cuales, según su dogma, las almas se condenaban al infierno—. Con ello buscaban provocar la movilización y protesta del pueblo para presionar al monarca y a los gobernantes a arrepentirse, evitando así la manifestación activa de la ira de Dios.
En contraste, el Catecismo de la Iglesia Católica actual rechaza que las tragedias colectivas sean causadas por un castigo divino; por el contrario, las atribuye a fenómenos explicables por las ciencias y regidos por las leyes de la naturaleza.
Los líderes pentecostales y las sectas pseudo-cristianas, con la complicidad de congregaciones evangélicas y bautistas históricas, persisten en difundir una mentira fundamentada en la mala interpretación del providencialismo católico medieval. Su objetivo es evitar el trabajo secular y mantener el dominio sobre un sector de la población que jamás ha comprendido la verdadera esencia del evangelio del Reino de los Cielos.
Este evangelio no se basa en infundir un terror supersticioso a través de juicios colectivos, sino en la urgente necesidad de justificación de una humanidad que, por su condición espiritual, ya se encuentra bajo condenación a la separación eterna de Dios.
Por el contrario, la teología protestante moderna debe promover —tal como lo hacemos nosotros desde nuestro ministerio apostólico y profético— el descarte categórico de que los eventos catastróficos que afectan a un grupo colectivo sean fruto del juicio divino.
Para ello, nos apoyamos en las palabras de nuestro Maestro, Jesús de Nazaret, en Lucas 13:4-5, donde Aquel que posee potestad absoluta tanto sobre la vida como sobre la muerte descartó la postura legalista y religiosa que cataloga a quienes sufren tragedias colectivas como «más pecadores» que el resto de los habitantes de la Tierra.
En fin, la narrativa del inminente juicio y castigo sobre Puerto Rico no es más que una herramienta de dominio social y económico perfeccionada por líderes sectarios que han cambiado la esencia del Evangelio por un modelo inquisitorial de control. Copiando las peores estructuras del providencialismo medieval —donde las pestes, las derrotas militares y las catástrofes se atribuían a la ira de Dios para someter a los pueblos y a sus gobernantes—, el liderazgo evangélico y pentecostal mercantilista han pretendido sustituir la gracia redentora por el terror ideológico.
La verdadera teología protestante y apostólica no puede callar ante esta distorsión. Basados en las palabras de Cristo, afirmamos que el Dios de las Escrituras no exige el sometimiento supersticioso a una mafia eclesiástica ni manipula la historia para exigir tributos de oro y plata. Romper con el mito del «segundo Israel» y rechazar la imposición del dogma religioso sobre las leyes del Estado Libre Asociado son pasos indispensables para devolverle al pueblo puertorriqueño la libertad de conciencia y la dignidad teológica que le fueron arrebatadas.
Autoría:
Apóstol Juan Calo
Yom Teruah Ministries®
Carolina, Puerto Rico
yomteruahministries@gmail.com
Ministerio De Educación Cristiana Y Apologética, (sin fines de lucro)
"Levantando el testimonio de JESUCRISTO"

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