27/septiembre/2026 Autoría: Juan Calo de Yom Teruah Ministries, Puerto Rico ®
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🖊️ ¿CUÁL ES EL CONCEPTO CORRECTO RELACIONADO CON EL TEMA DE LA LLENURA DEL ESPÍRITU SANTO?
Facebook: Esto No Te Lo Enseñaron Los Evangélicos
Existe mucha especulación sobre el tema conocido como «el bautismo del Espíritu Santo». Tengo 52 años de edad y he estado relacionado con el movimiento de santidad wesleyano y el pentecostalismo criollo desde que tengo uso de razón. He escuchado tantas cosas sobre cómo opera el Espíritu de Dios en nuestras vidas que no hay un consenso definido sobre el tema.
En Puerto Rico, el sistema de salvación evangélico pentecostal ha practicado el semipelagianismo católico. Este consiste en la creencia de que el pecador escucha la predicación, ve la manifestación de milagros o pasa por un proceso de liberación por parte de un ministro que alega tener un «ministerio de liberación» (el cual no es bíblico) y el pecador alegadamente se convierte.
Pero ¿en qué se convierte? Se convierte motivado por alguna de las circunstancias antes mencionadas, haciendo alegadamente, un buen “uso” de su libre albedrío, dando a entender el hecho de que, no necesitó de la gracia de Dios para tomar la decisión de aceptar a Cristo.
Sin embargo, para este sistema de salvación, la persona a pesar de haber aceptado a Cristo, lo que se trata de un dogma sin sustento bíblico, aún no es salva hasta que se compromete a participar del bautismo por inmersión en las aguas, donde presuntamente viene a ser una nueva criatura por el hecho de que con el agua, se le “van” los demonios.
Pero aún no está a salvo, porque tiene que recibir el Espíritu Santo para hablar en lenguas y danzar en el Espíritu.
Pero con todo y eso aún no es salvo, porque tiene que mantener la salvación mediante el cumplimiento de los dogmas iglesieros, orando y ayunando.
Por lo tanto, el sistema evangélico pentecostal y carismático en la isla no es más que un purgatorio católico medieval, del cual los ministros competentes en un nuevo pacto, tienen el compromiso de liberar la conciencia del pueblo cristiano evangélico de semejante campo de concentración espiritual.
Antes de entrar de lleno en el tema, les tengo que recordar que, para entender el nuevo pacto, hay que conocer el antiguo pacto; solo así se puede interpretar de manera correcta el nuevo pacto.
El antiguo pacto no se trata de literatura cristiana, así como tampoco Jesús fue cristiano y mucho menos el fundador del cristianismo trinitario. Esta es una realidad histórica que solo puede ser comprendida a través del desarrollo de un pensamiento crítico.
Para hablar sobre el tema del Espíritu Santo, tenemos primero que entender, desde la perspectiva del antiguo pacto, ¿quién es Dios?
Juan 4:24 (RVR1960)
Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.
Hermanos, mientras que los seres humanos somos parte de la materia —por el hecho de que tenemos masa y ocupamos un lugar en el espacio—, Dios es de una naturaleza distinta.
Dios es Espíritu, como el viento, de manera que no forma parte de la materia que compone el universo. Por tal razón, Juan 1:18 nos dice que nadie jamás ha visto a Dios, sino que se dio a conocer habiéndose hecho semejante a los hombres en Emanuel, según Mateo 1:23.
A pesar de que Jesús de Nazaret fue criado en el estricto cumplimiento de la ley mosaica dentro de la religión de los judíos, nos enseñó la necesidad de tener un pensamiento crítico cuando juzgó la estructura religiosa de los fariseos al decir:
Marcos 7:13 (RVR1960)
invalidando la palabra de Dios con vuestra tradición que habéis transmitido. Y muchas cosas hacéis semejantes a estas.
Este pasaje se relaciona íntimamente con lo expuesto por Jesús en Mateo 23:1-36, donde denunció la religión de los fariseos desde adentro. Jesús señaló que los escribas y fariseos se sentaban en la cátedra de Moisés para dar sus propias interpretaciones de los pasajes de la Torá, exponiendo así la hipocresía de estos líderes que imponían cargas pesadas al pueblo, haciéndole imposible la entrada al reino de los cielos.
Permítanme explicarles que tanto la oración como el ayuno no son las mejores armas en contra de Satanás y sus demonios, según la tradición pentecostal criolla ha impuesto bajo la influencia de la herejía conocida como el Movimiento de la Lluvia Tardía de finales de los años 40.
Acudimos a la oración y al ayuno como ejercicios relacionados con actos de fe, con el fin de vaciarnos de nosotros mismos y hacernos nada delante de un Dios Santo por causa de nuestro ego —el cual se niega a morir—, para permitir que Jesús de Nazaret pueda llevar a cabo su obra apostólica por medio de nosotros.
El conocimiento pleno que tenía Jesús de Nazaret de los rudimentos de la religión de los judíos basados en la ley de Moisés y la tradicion de los ancianos, le permitió desarrollar un pensamiento crítico. Este lo facultó para denunciar a las autoridades del templo, quienes habían convertido la casa de Dios —el lugar a donde el pueblo de todas las naciones acudía a humillarse delante del único Dios verdadero— en una cueva de ladrones (Marcos 11:17).
De manera que un cristiano que desarrolla un pensamiento crítico suficiente como para discernir entre una doctrina bíblica y una mentira sustentada en tradiciones iglesieras, se convierte en un peligro para el reino de las tinieblas. Este reino opera por medio del engaño, el mismo que utilizan diversas denominaciones para ejercer dominio sobre la cristiandad cuando imponen: «Esto es en lo que vas a creer porque es bíblico», anulando toda posibilidad de cuestionamiento.
Y es que la manera más sutil con la que las instituciones religiosas esclavizan a sus miembros es negándoles el acceso al conocimiento fiel sobre las doctrinas relacionadas con la revelación del reino de los cielos, el cual fue el mensaje principal de Jesús en su ministerio terrenal.
Mientras que solo mencionó en dos ocasiones la palabra «iglesia» —proveniente del término griego ekklēsía—, la cual no se refiere a una estructura religiosa o edificio, sino a una asamblea o reunión de personas convocadas con un propósito específico.
Tenemos que comprender que los miembros, motivados por el amor ágape de Cristo, siempre van a sentir el anhelo de permanecer unidos al cuerpo de Cristo con el propósito de escudriñar la enseñanza bíblica, orar los unos por los otros y partir el pan en la mesa del Señor.
Los prosélitos afiliados a instituciones religiosas suelen decir que «la iglesia tiene que salir de las cuatro paredes», cuando en realidad la iglesia eres tú, que sales a la calle todos los días con la responsabilidad de despojarte de todo celo denominacional para permitir que el amor de Cristo se exprese a través de ti mediante un buen testimonio en tus relaciones interpersonales.
Por lo tanto, el propósito de cada cristiano no es convencer a las personas para que visiten la institución religiosa donde se congregan, sino anunciar la llegada del reino de los cielos. Se trata de explicar a los inconversos que Dios ha provisto la vida eterna para los hombres, quienes hoy estamos y mañana ya no.
Recibimos la vida eterna por medio de la fe en que Jesús murió como si hubiera sido el más grande pecador —a pesar de que jamás cometió pecado—, para que nosotros, siendo pecadores reos de culpa, pudiéramos ser justificados como si fuéramos los más santos.
Así, una vez que somos crucificados juntamente con Cristo para que nuestro ego sea exterminado, podemos recibir el aliento de vida de parte de Dios. Me refiero al Espíritu Santo resucitándonos de entre los muertos para experimentar una vida sacerdotal, la cual trasciende la experiencia terrenal.
Por lo tanto, damos gracias a Dios, quien es bueno, porque ya no tenemos la necesidad de continuar pagando la deuda de nuestro pecado mediante penitencias dentro del sistema iglesiero. Ya no necesitamos estar sometidos a una estructura religiosa engañados con la ilusión de que podemos agradar a Dios por nuestro propio desempeño en la religión.
Esta es una trampa fruto de la reflexión de los académicos evangélicos que promueven el semipelagianismo, afirmando que, después de ser salvo, hay que mantener la salvación mediante el esfuerzo en la religión.
Si no que, el evangelio del reino de los cielos lo que en realidad nos demanda es que nos esforcemos en el desempeño de operar mediante una vida sacerdotal.
¿Sabías que tanto los judíos como muchos cristianos no creen realmente que Dios mismo vino a salvarlos?
La nación de Israel esperaba —según su celo nacionalista y basándose en la idea de que eran el pueblo escogido por Dios de entre todas las naciones— a un ungido que naciera de la unión ordinaria de sus padres, siguiendo la descendencia del rey David.
Los judíos no esperaban que Dios mismo se despojara de su gloria para morar entre ellos como un varón sin mancha.
En su lugar, esperaban a un líder político que culminara con la diáspora de las tribus dispersas de Israel, quien reunificara el reino y le diera fin a la ocupación de los gentiles, estableciendo así el dominio de Israel por sobre todas las naciones.
Jesús fue entregado al gobierno de los gentiles por la simple razón de haber afirmado ser el Hijo de Dios, a pesar de que no existe ninguna disposición en la ley mosaica que prohíba a un judío hacer tal manifestación.
Sin embargo, para quienes habían sido elegidos por Dios desde antes de la fundación del mundo para salvación, Jesús se reveló a sí mismo como el único Dios del pueblo de Israel.
Juan 14:8-10 (RVR1960)
Felipe le dijo: «Señor, muéstranos el Padre, y nos basta». Jesús le dijo: «¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: "Muéstranos el Padre"? ¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras».
Por lo tanto, Jesús era un hombre de carne y hueso que se encontraba sujeto a las mismas debilidades de los hombres; sin embargo, se mantenía santo, unido a su estado de gloria al que llamaba Padre.
Juan 1:14 (RVR1960)
«Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad».
Nosotros, como cristianos, habitamos en un cuerpo de carne y hueso sujeto a pasiones. Sin embargo, Dios nos ha dado su aliento de vida, por lo cual venimos a ser conformados a la imagen de Jesucristo, quien nos devolvió al origen de todas las cosas.
Ya no vivimos guiados por nuestra propia voluntad —la cual se rebela en contra de Dios constantemente—, sino que vivimos sujetos en todo momento a buscar su gloria, así como Jesús se mantuvo sujeto a la gloria del Padre. Dios mismo nos enseñó a adorarle en espíritu y en verdad; y dado que Jesús perdonó pecados (según Mateo 9 y Lucas 7), reconocemos que solo Dios tiene la potestad de perdonar nuestros pecados.
Sin embargo, por causa de un académico considerado católico e influenciado por el paganismo, conocido como Tertuliano (160–220 d. C.), la mayoría de la cristiandad no cree que Jesús es quien se encuentra sentado en el trono de Dios.
En su lugar, han abrazado un concepto moldeado por la filosofía griega, el cual sostiene que Dios envió a su Hijo primogénito como la «segunda persona» de una triada —concepto conocido hoy como la Trinidad— a morir por los pecadores.
Tertuliano fue el primero en utilizar el término en latín trinitas para dar forma a esta doctrina. Él definió la naturaleza del Dios de Israel como un solo ser que existe en tres personas, sosteniendo que Jesús y el Espíritu Santo no eran de la misma sustancia del Padre, sino que estaban subordinados a Él. Al hacerlo, dejó a un lado la literatura judía (la Torá) y obvió el estricto concepto unicitario de la naturaleza de Dios, tal y como el propio Jesús —siendo judío— lo reafirmó:
Marcos 12:29 (RVR1960)
Jesús le respondió: «El primer mandamiento de todos es: Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es».
No podemos hablar del concepto del Espíritu Santo sin definir primero la naturaleza del Dios de Israel desde la perspectiva de la literatura judía.
Sabemos que el santo nombre de Dios se conoce como el tetragrámaton, compuesto por las cuatro letras hebreas YHWH, el cual se considera un nombre impronunciable.
Sin embargo, «Yahweh» es una pronunciación académica moderna en la que al tetragrámaton se le añadieron las vocales del hebreo original para hacer pronunciable el santo nombre de Dios.
Entonces, la definición del nombre «Yahweh» es "El que existe por sí mismo", aquel que no depende de nada ni de nadie para existir.
Por esta razón, resulta imposible sostener la Trinidad católica desde la perspectiva de la literatura judía, ya que Dios es infinito, no forma parte de la materia, no se encuentra confinado a un trono físico, no tiene necesidad de subordinados para ejecutar su voluntad, no está sujeto al tiempo y está presente en todas partes.
Así que es válido preguntar: si la Biblia enseña que «Dios es Espíritu» (Juan 4:24), pero los cristianos trinitarios afirman que el Espíritu Santo es la "tercera persona" de la Trinidad, entonces, ¿por cuántos espíritus está compuesto Dios?
Está claro que los cristianos gentiles de los primeros siglos rompieron con la influencia de los judíos mesiánicos dentro del cristianismo.
Una vez que el reino de las tinieblas centró su persecución en contra de los apóstoles y profetas, la iglesia primitiva cayó bajo el dominio de los obispos. Estos pasaron a ser conocidos en la tradición como los «padres de la iglesia»: académicos gentiles fuertemente influenciados por la filosofía griega.
Dichos líderes comenzaron a diseñar una religión alejada de la influencia del judaísmo. Para ello, iniciaron un proceso de reflexión teológica que duró más de 300 años, en el cual interpretaron la naturaleza del Dios de Israel a partir de declaraciones de Jesús como «Yo y el Padre uno somos» (Juan 10:30). Sin embargo, recurrieron a categorías de la filosofía griega para definir la relación entre el Padre y el Hijo, ignorando la estricta unicidad con la que se define la naturaleza de Dios en el Antiguo Testamento:
Isaías 45:5 (RVR1960)
«Yo soy Jehová, y ninguno más hay; no hay Dios fuera de mí. Yo te ceñiré, aunque tú no me conociste».
Fíjese en que el Espíritu Santo no es descrito en el Antiguo Testamento como una persona que forma parte de una Trinidad, consustancial y coeterna con el Padre —quien a menudo es ilustrado en la imaginería religiosa como un anciano sentado en un trono, semejante al dios Zeus de la mitología griega, junto a un Cristo y un Espíritu Santo en forma de paloma—. Al contrario, en el antiguo pacto, el Espíritu Santo era conocido como el Rúaj HaKodesh, término que significa «el Aliento de Dios».
Así, este aliento divino se ha mantenido activo desde la creación, cuando se movía sobre la faz de las aguas, y fue con este mismo aliento que Dios le dio vida a Adán.
Sin embargo, no debemos confundir el Aliento de Dios con las teofanías, las cuales eran manifestaciones visibles de la presencia misma de Dios, como en los siguientes casos:
✔️ La Shekina es un término rabínico utilizado para describir la manifestación visible de la gloria de Dios en el tabernáculo: una nube luminosa que indicaba que Yahweh moraba en medio de su pueblo.
✔️La zarza ardiente: La manifestación de la presencia de Dios cuando envió a Moisés a Egipto con un propósito especial y le reveló su santo nombre: «Yo Soy el que Soy».
✔️ La columna de nube y la columna de fuego: Manifestaciones que guiaban al pueblo hebreo en medio del desierto.
✔️La teofanía en forma de varón: Cuando Dios tomó forma humana y, acompañado de dos ángeles, visitó a Abraham.
✔️ Melquisedec, rey de Salem: Quien representa una prefiguración de Jesucristo, a quien Abraham dio el diezmo del botín de guerra siguiendo la costumbre de la región.
✔️ El monte Sinaí: Donde Yahweh descendió en medio de fuego, humo, fuertes truenos, relámpagos, el resonar del shofar y la comunicación directa con Moisés.
✔️ El ángel de Yahweh: Un enviado investido con la presencia misma de Dios y facultado para transmitir su voz directa.
✔️ Por otro lado, el Rúaj Ha Kodesh o Aliento de Dios es la manifestación activa del poder divino y de su influencia.
En el Antiguo Testamento, se posaba temporalmente sobre aquellos a quienes Dios había consagrado con un propósito específico —como los jueces de Israel y algunos reyes—, capacitándolos con fuerza, valentía y sabiduría para liderar al pueblo.
De igual manera operaba en los profetas, en quienes se manifestaba el Aliento de Dios para comunicar su voluntad, contener el pecado del pueblo y guiar al pueblo de vuelta a la adoración del Dios verdadero.
Por lo tanto, el Espíritu Santo no es una «tercera persona» de la Trinidad católica que posee a ciertos individuos de forma selectiva para convertirlos en una clase privilegiada de «ungidos», tal como ocurría bajo el antiguo pacto. Hoy opera de manera distinta en todo creyente:
Efesios 2:1 (RVR1960)
«Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados».
En el contexto del nuevo pacto, el pasaje de Efesios 2:1 nos recuerda que antes de la cruz estábamos muertos —no heridos— en nuestros delitos y pecados.
Al considerar la primera parte del verso, «Y él os dio vida a vosotros», comprendemos que la llamada llenura o bautismo del Espíritu Santo consiste, en realidad, en que Dios nos ha impartido su Aliento de Vida, tal como lo hizo con Adán. De esta forma, tras la obra de la cruz, somos resucitados como una nueva creación en Cristo.
Por lo tanto, recibir el Aliento de Dios va mucho más allá de hablar en lenguas, de mujeres saltando y agitando el cabello, o de manifestaciones como supuestas liberaciones y sanidades atribuidas a la imposición de manos de los «ungidos».
El profeta Joel anunció que, en un tiempo futuro, Dios derramaría su aliento de vida sobre toda carne (Joel 2:28). Dicha promesa se cumplió el día de Pentecostés entre los judíos (Hechos 2), y posteriormente se extendió cuando Pedro fue enviado a la casa del centurión romano Cornelio.
Por medio de la predicación de Pedro, tanto Cornelio como los gentiles que se encontraban allí recibieron el aliento de vida y el don del Espíritu Santo (Hechos 10:44-48). Esto marcó el inicio de la operación de la iglesia apostólica de Cristo, fundada sobre la proclamación del mensaje del reino de los cielos para todas las naciones, cumpliendo así la promesa hecha por Dios a Abraham en Génesis 12:3.
Hechos 10:44-48 (RVR1960)
«Mientras aún hablaba Pedro estas palabras, el Espíritu Santo cayó sobre todos los que oían el discurso. Y los fieles de la circuncisión que habían venido con Pedro se quedaron atónitos de que también sobre los gentiles se derramase el don del Espíritu Santo. Porque los oían que hablaban en lenguas, y que magnificaban a Dios. Entonces respondió Pedro: ¿Puede acaso alguno impedir el agua, para que no sean bautizados estos que han recibido el Espíritu Santo también como nosotros? Y mandó bautizarles en el nombre del Señor Jesús. Entonces le rogaron que se quedase por algunos días».
La razón por la cual en Puerto Rico se encuentra retenida la manifestación de los diversos dones dados a la comunidad de creyentes en Cristo es la influencia de pastores caídos, quienes se impusieron durante décadas sobre un pueblo que carecía de capacitación teológica.
Estos líderes, mediante la práctica de la doctrina de los nicolaítas —el control despótico sobre el pueblo, el cual el Señor aborrece según Apocalipsis 2:6 y 2:15—, impusieron un modelo sacerdotal propio del antiguo pacto. Con ello alegaron que el Espíritu Santo solo se manifiesta en los supuestos «ungidos» de Dios, a quienes las teolocas y la cultura pentecostal, beatifican llamándolos simplemente «siervos».
Los pastorados caídos han privado a la comunidad evangélica pentecostal —donde muchos creyentes se ven forzados a fingir en los cultos, para que la congregación estime que tienen al Espíritu Santo — no sólo les han privado de una verdadera capacitación teológica, sino también de recibir el aliento de vida de Dios.
La capacitación teológica la cual es impartida en un discipulado, es indispensable para que la comunidad de creyentes sean instruidos en los fundamentos del evangelio fiel, de modo que puedan proclamar la necesidad que tiene el pecador de ser justificado ante Aquel que está sentado en el trono.
De manera que, el evangelio del reino de los cielos, no se trata de convencer a las personas con una predicación persuasiva, sino que estén conscientes de la necesidad de ser justificados por Dios por medio del arrepentimiento de obras muertas en el caso de los religiosos y de haber rechazado el mensaje del evangelio fiel en el caso de los inconversos.
Así, el creyente es facultado para manifestar el reino de los cielos en la tierra y ejercer una función sacerdotal dondequiera que se encuentre, estableciendo la verdadera adoración a Jesucristo: en espíritu y en verdad.
Tengo la fe de que, algún día, el pueblo cristiano en Puerto Rico recibirá ese aliento de vida de parte de Dios, para salir del letargo y cautiverio espiritual en el que lo han sumido pastorados caídos, afanados con la única idea de gobernar sobre sus propias basílicas.
Confío en que ocurra lo mismo que en los tiempos de aquellos ministros que impulsaron los avivamientos históricos al margen del sistema institucional que olvidó al pueblo secular: hombres de la talla de George Whitefield, John Wesley, Jonathan Edwards y David Brainerd.
No le he pedido al Señor fama, riquezas, ni un templo ostentoso donde se reúna una multitud bulliciosa para alardear de una supuesta capacidad apostólica en la multiplicación de miembros, lo cual no es más que una vanidad propia de gente descarriada.
En cambio, le pido —tal como el Señor le prometió al anciano Simeón, quien esperaba la redención de Israel— que no me deje morir sin antes ver en Puerto Rico, a un pueblo cristiano espiritualmente maduro; un pueblo que rechace el culto voluntario que realizan los domingos, para luego salir de lculto para ir a los restaurantes a jartarse, sin mirar la necesidad ajena.
Para que el pueblo venga a dejar de expresarse enfocados en lo que pueden lograr en lo temporal, para que vengan a ser trasladados a expresarse en términos eternos, manifestando la naturaleza de Jesucristo mediante el fruto del Espíritu Santo.
Deseo ver a los cristianos como buenos ciudadanos quienes, dejen la mala fe de señalar, de insultar, de difamar, fomentando una cadena de odio en contra del prójimo detrás de una computadora, a fin de agradar a un o una lideres sectaria quien padece de falta de atención, para que con su testimonio basado en la manifestación del aliento con el cual Jesús nos dio vida, motiven a otros, para que puedan encontrar el buen camino que Cristo Jesus abrió para que pudiéramos alcanzar la vida eterna.
Hebreos 10:20 (NTV)
«Por su muerte, Jesús abrió un nuevo camino —un camino que da vida— a través de la cortina al Lugar Santísimo».
Por lo tanto, la esencia de recibir el Espíritu Santo radica en la necesidad del pecador —quien es un ser meramente animado por el alma, quien carente de espíritu— de llegar al arrepentimiento tras haber vivido ignorando los mandamientos de Jesucristo.
Así, al ser crucificado y sepultado juntamente con Cristo, el pecador viene resucitar al recibir el aliento de vida de parte de De Jesús el dador de la vida, de manera que, esta nueva creación queda sellada para siempre, haciéndose participante de un pacto de gracia perpetuo. Amén.
Gracia y paz.
Autoría:
Apóstol Juan Calo
Yom Teruah Ministries®
Carolina, Puerto Rico
📨 yomteruahministries@gmail.com
Ministerio De Educación Cristiana Y Apologética, (sin fines de lucro)
"Levantando el testimonio de JESUCRISTO"

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