2/septiembre/2026
#312
En estos tiempos en los que el cristianismo institucional está cumpliendo con la gran apostasía, hay que redefinir la intención de confesar públicamente ser cristiano
Por tradición, se tiende a interpretar el hecho de que una persona o un grupo se confiese públicamente como cristiano como si se tratara de personas buenas en quienes se puede confiar.
Desde el punto de vista evangélico arminiano-wesleyano que vino a dominar el pensamiento religioso de los Estados Unidos, los prosélitos o personas que han sido convencidas de participar en un determinado culto evangélico, pentecostal o carismático, piensan que tienen un corazón diferente al de los demás pecadores por el hecho de que piensan que hicieron un buen uso de su libre albedrío.
Llegan a pensar que son personas buenas quienes se convencieron de sus errores, respondiendo al llamado a la salvación, aceptando a Jesucristo como su salvador personal, e inclusive recitando la oración del pecador.
Si entendemos la psicología evangélica, los cristianos de segunda categoría entienden que los pastores adiestrados son los elegidos por Dios para manifestar la sabiduría del reino de los cielos al pueblo laico, quienes se limitan a perseverar en los rudimentos de la doctrina de Cristo.
¿De qué se tratan los rudimentos de la doctrina de Cristo?
Hebreos 6:1-3 (NTV)
Así que dejemos de repasar una y otra vez las enseñanzas elementales acerca de Cristo. Por el contrario, sigamos adelante hasta llegar a ser maduros en nuestro entendimiento. No puede ser que tengamos que comenzar de nuevo con los importantes cimientos acerca del arrepentimiento de las malas acciones y de tener fe en Dios. Ustedes tampoco necesitan más enseñanza acerca de los bautismos, la imposición de manos, la resurrección de los muertos y el juicio eterno. Así que, si Dios quiere, avanzaremos hacia un mayor entendimiento
(NOTA: Utilicé la Nueva Traducción Viviente porque traduce el texto más entendible que la versión Reina Valera de 1960).
Mientras el sistema institucionalizado evangélico, pentecostal y carismático se vale de hacer uso de evangelistas que aprenden a hacer campañas, quienes se expresan con un tono de voz agresivo con el propósito de legitimar su mensaje como el que tiene autoridad, con el fin de provocar en las personas inconversas un impacto psicológico.
Luego que los inconversos se ven afectados psicológicamente por el mensaje del evangelista, a quien no le importa en qué manos van a caer estas almas, el pastor o los pastores vienen a recibir a tales almas, a quienes mantienen sentados en un banco hasta que den indicios de que se están ajustando a las prácticas religiosas de la congregación.
Entonces, se convierten en candidatos para el bautismo, para venir a ser aceptados como miembros activos en la plena comunión, conociendo las responsabilidades que tienen con la congregación, que incluyen la entrega de diezmos y ofrendas, las cuales alegan que son parte de la adoración a Dios.
Entonces, toda la vida del prosélito que ha sido convencido de participar en un determinado culto se basa en que los pastores tengan la necesidad de exhortar, de convencer al pueblo laico que no pertenece al clero, de perseverar en rudimentos, es decir, en enseñanzas básicas de la fe cristiana como:
La necesidad de arrepentimiento.
El tema del arrepentimiento resulta ser complicado por el hecho de que cada institución religiosa tiene diferentes puntos de vista en cuanto a de qué se trata la necesidad de arrepentimiento. Como por ejemplo, las instituciones wesleyanas del movimiento de la santidad en donde por tradición fui criado, que se adhieren a la doctrina de la perfección cristiana, postula la idea de que los cristianos no cometen pecados, sino faltas.
El problema del concepto wesleyano de que el cristiano tiene que llegar a la perfección moral antes de llegar a la presencia del Señor lleva al pueblo laico a basar la experiencia cristiana basada en un concepto de justicia moral, según el desempeño en la religión.
Tal concepto de moralidad basado en la autojusticia farisea conduce al pueblo laico a mostrarse renuente a reconocer la necesidad de arrepentimiento en sus vidas.
Por tal razón, cuando la congregación invita a un predicador que hace énfasis en su mensaje basado en la necesidad de arreglar cuentas con el SEÑOR, y cuando hace una invitación a pasar al frente para orar por ellos, se muestran renuentes a pasar al frente por el hecho de que prefieren seguir fingiendo ser adoradores en un determinado culto, que reconocer que tienen cuentas que arreglar con el SEÑOR. Muchos no pasan al frente por temor a ser señalados por los fariseos evangélicos.
La necesidad de arrepentimiento bíblica se relaciona íntimamente con un asunto de incredulidad, por cuanto el verdadero arrepentimiento se basa en la realidad de vivir ignorando el mensaje de la cruz del Calvario. Como también en el vivir confesando públicamente ser cristiano, mientras viven ignorando las disposiciones del evangelio del reino de los cielos para vivir para ellos mismos, como lo hacen la mayoría de los cristianos denominacionales.
La necesidad de perseverar en la vida cristiana teniendo fe en Dios.
Vemos en el mundo de las instituciones religiosas denominacionales el hecho de que los pastores o pastoras tengan la necesidad de exhortar constantemente al pueblo laico de que tiene que creerle a Dios, dedicándose a dar continuamente predicaciones motivacionales con tal de ministrar las emociones del pueblo laico, para que se motiven cada culto de domingo a afrontar los retos de la semana.
Cuando el asunto de la fe se trata de la confianza que tenemos en Cristo como aquel que se reveló en el Antiguo Testamento como el Dios Altísimo; como aquel que se reveló en el Nuevo Testamento como Emanuel, Dios con nosotros, quien nos amó desde la eternidad, eligiéndonos para salvación desde antes de la fundación del mundo; quien estuvo de acuerdo en hacerse hombre para experimentar las decepciones de la vida carnal con el fin de poder apiadarse de nosotros. Y que, por la kenosis de Dios, Cristo Jesús es digno de toda nuestra confianza, aunque no veamos nada.
La práctica del sacramento del bautismo en inmersión en las aguas.
Mientras el sistema de salvación evangélico, influenciado por la soteriología arminiana, sostiene la idea de que, a pesar de que declaran salvo a un prosélito cuando acepta a Jesús como su salvador, tal prosélito viene a entrar en un estado no resuelto en cuanto a la salvación hasta que muestre frutos sentado en un banco de la institución religiosa y esté dispuesto a participar en el sacramento conocido como el bautismo en inmersión en las aguas, donde alegan los académicos evangélicos que es entonces cuando el prosélito viene a ser hecho nueva criatura.
Inclusive, los pastores pentecostales criollos argumentan que bautizan a los prosélitos en ríos alegando sin base bíblica, motivados por la superstición de que los demonios se van de la persona con la corriente del agua del río.
Entonces, según las creencias evangélicas, pentecostales y carismáticas, ¿se puede determinar cuándo en realidad el prosélito viene a ser salvo?
Cuando en realidad el sistema de salvación evangélico lo que le da a los candidatos a participar en el sacramento del bautismo en inmersión en las aguas son clases de adoctrinamiento en los dogmas del sistema institucional según la denominación.
Esto incluye las reglas que el prosélito tiene que cumplir en el desempeño de la religión para poder ser aceptado como un miembro activo en la plena comunión, siendo esta la manera, al estilo católico, en que el candidato a participar en el sacramento del bautismo entra a participar en el sistema de salvación según los hombres religiosos.
Cuando en realidad el sacramento del bautismo se trata de una confesión pública basada en el testimonio de que hemos sido crucificados juntamente con Cristo y resucitamos juntamente con él.
Se trata de hacer una declaración pública de enemistad con el mundo, y de este hecho podemos entender el porqué los testigos fieles venimos a experimentar una muerte social; y más aún, cuando expresamos el descontento con el sistema cristiano institucional denominacional, que ni siquiera te invitan a participar en sus actividades, aunque sea en calidad de simples espectadores.
El bautismo de cada creyente en el Espíritu Santo.
Mientras el ungimiento con el aceite de la santa unción, que era utilizado en el contexto de un antiguo pacto, el cual era sombra de las realidades eternas del reino de los cielos, representaba un símbolo de la consagración de objetos los cuales eran utilizados como parte de la adoración a Dios, y de personas para cumplir el propósito de Dios.
En el contexto de un nuevo pacto, cada creyente cuyo ya ha sido crucificado, siendo despojado de todo sentido de pertenencia terrenal, viene a recibir la presencia de Dios en su vida de forma permanente para poder ser investido de poder de lo alto, con el objetivo de cumplir con una función sacerdotal que tiene el fin de establecer en este mundo caído la verdadera adoración al Dios vivo en espíritu y en verdad.
La doctrina de la imposición de manos.
La ministración por imposición de manos era una práctica común en la era del ministerio de los 12 discípulos de Jesús de Nazaret, como también de los posteriores apóstoles, cuando imponían manos con el propósito de:
Que los creyentes recibieran el Espíritu Santo (Hechos 8:17 y Hechos 19:6).
Impartir sanidades y milagros (Marcos 16:18 y Hechos 9:17).
La ordenación del liderazgo de la iglesia, como el caso de los diáconos en Hechos 6:6, tomando en cuenta la advertencia que encontramos en 1 Timoteo 5:22.
La promesa de la resurrección de los muertos.
La noticia más espectacular que se haya dado a los hombres se trata de la desaparición inexplicable de nuestro Señor Jesucristo, quien, siendo Dios mismo, nos mostró que es quien dijo ser: el Dios «YO SOY» que se reveló a Moisés en el desierto.
La doctrina de la resurrección de los muertos implica que a todos los que Jesús, con su obediencia perfecta hasta la muerte (la cual nos es imputada como si hubiera sido nuestra obediencia), nos hizo dignos de ser llamados hijos de Dios y coherederos del reino de los cielos.
De manera que todos los que participamos de la naturaleza de Cristo contamos con la garantía de que seremos arrebatados en el aire para recibir a Jesús en las nubes o resucitaremos de entre los muertos, siendo transformados en cuerpos glorificados para estar eternamente ante la presencia del Señor.
Con relación al juicio final, nos dice la Biblia que para el creyente en Cristo no es un día de terror, sino más bien un día en el cual se revelará la justicia de Dios cuando se lleve a cabo su sentencia, arrojando a los incrédulos malvados, junto a Satanás el diablo y sus demonios, al lago de fuego y azufre por la eternidad.
Tenemos que entender el hecho de que, cuando testificamos públicamente que somos cristianos, no se trata de una declaración que nos hace ver ante la sociedad como personas piadosas o personas buenas que desean lo mejor para los demás, como ha hecho creer la tradición.
Sino que en realidad lo que estamos realmente declarando es la realidad de que somos exconvictos de Satanás. Por cuanto a lo que se refiere la esclavitud del hombre por causa del pecado, se trata de que Dios mismo le priva la revelación del reino de los cielos a muchos, aunque los evangélicos promuevan el universalismo donde estipulan que Jesús murió por toda la humanidad, aunque se vayan al infierno.
Mateo 13:11 (RVR1960): «Él respondiendo, les dijo: Porque a vosotros os es dado saber los misterios del reino de los cielos; mas a ellos no les es dado».
Decir con boca de jarro que somos cristianos implica la realidad de que fuimos comprados como esclavos del diablo con precio de sangre real que fue derramada por Jesucristo, para constituirnos como su real sacerdocio, a fin de que todas las naciones vengan a ser bendecidas por la verdadera simiente prometida de Abraham.
Por tal razón, decimos que no nos avergonzamos del evangelio del reino de los cielos, por cuanto al verdadero cristiano que está en Cristo no le importa el hecho de que su estatus social se vea comprometido por causa de confesar a Jesucristo y establecer, sobre todo, la defensa del evangelio fiel. Desenvainando la espada de la palabra de Dios para poder enfrentar la apostasía que se está manifestando en estos últimos tiempos, en los cuales a la iglesia como institución religiosa se le está acabando el tiempo para que se quede en el rapto de los testigos fieles, para venir a afrontar las calamidades de la gran tribulación.
Mientras tanto, muchos de los falsos conversos que participan en un determinado culto religioso utilizan la excusa de que son cristianos para que se les tome en cuenta en la sociedad.
Sin embargo, el verdadero cristiano, quien ha sido hecho un convicto de Cristo para hacer todo lo que en su soberana voluntad nos encomiende hacer para la gloria de Dios, viene a perder todos los derechos en este mundo por causa del nombre de Jesucristo:
Romanos 8:36 (RVR1960)
Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo; Somos contados como ovejas de matadero.
Para terminar, confesar públicamente que somos cristianos en estos tiempos de apostasía no puede seguir siendo un mero adorno religioso ni una etiqueta para ganar aceptación social. No se trata de pertenecer a una institución, cumplir con rituales o pretender una falsa moralidad basada en nuestro propio mérito.
Ser cristiano significa haber sido rescatados por la sola gracia de Dios, reconociendo nuestra total incapacidad y rindiendo nuestra vida por completo a Cristo. Implica asumir el costo de la cruz, estar dispuestos a perder nuestra reputación, estatus o derechos en este mundo caído, y mantenerse fieles a la sana doctrina sin importar las consecuencias.
Mientras el cristianismo institucional sigue entretenido en los cimientos de una religión superficial, los verdaderos testigos de Jesucristo desenvainamos la verdad de su Palabra para velar, perseverar y mantenernos firmes hasta el día de su venida.
Gracia y paz.
Autoría:
Apóstol Juan Calo
Yom Teruah Ministries®
Carolina, Puerto Rico
yomteruahministries@gmail.com
Ministerio De Educación Cristiana Y Apologética, (sin fines de lucro)
"Levantando el testimonio de JESUCRISTO"


